sábado, 29 de julio de 2023

La regresión democrática en África del Oeste

 

Por Dr Gaetan

Hubo un momento en los años 1980 en el que uno se despertaba cada mañana con la posibilidad de escuchar por la radio que los militares habrían hecho un golpe de Estado en algún país de África. Era la tónica general unos años después de las independencias. Resultaba casi la moda ver las dictaduras capitaneadas por los militares después de derrocar a los presidentes civiles. Evidentemente, casi siempre los países occidentales estaban implicados de una manera u otra siendo una de las maneras de apartar a los padres de la independencia que no eran siempre dóciles a los requerimientos de Occidente.

Después de la caída del muro de Berlín y del derrumbamiento de la URSS, la situación cambió radicalmente. Todos los países africanos fueron obligados a adoptar el multipartidismo, abriendo así el espacio político a todas las tendencias sociales. La idea era instalar la democracia de tipo occidental en África. Lo que nadie vio era que los africanos no habían sido preparados a este sistema político que supone la dialéctica y de alguna manera la división. En los países dónde todo se mira desde el punto de vista étnico, la democracia se convirtió en la “etnocracia” cuando no la división en toda regla a base de intereses de unos señores más influyentes socialmente.

A pesar de todas las imperfecciones de este sistema en el continente, la introducción del sistema pluralista contribuyó a la disminución drástica de los golpes de Estado. También es verdad que la presión internacional no facilitaba la tarea a los que tenían las veleidades golpistas. Los países de África del oeste parecían estar en avance en este tema con unos mecanismos comunitarios de lucha contra las tomas de poder irregulares. Tan es así que, en el año 2000, sobre 15 países de la CEDEAO, 14 habían experimentado un tipo de alternancia política lo que indicaba un progreso bastante admirable en comparación con el resto del continente.

Sin embargo, como decíamos al principio, el sistema democrático fue una importación sin suficiente arraigo en la mentalidad africana. Nunca fue una iniciativa de los propios africanos ni un fruto de un consenso global de los pueblos. No me equivocaría si afirmo que la mayoría de los africanos no saben muy bien la distinción entre un rey y un presidente o un referéndum y la validación de una presidencia vitalicia.


El aparente progreso democrático en esta parte de África está siendo sometido a dura prueba. Pues, en estos tres años, ha habido siete golpes de Estados de los cuales uno falló en Guinea Bissau en 2022. Mali inició el camino en 2020. Toda la comunidad Internacional reaccionó y obligó a los militares a poner en marcha una transición civil. Pero, cuando Francia apoyó la sucesión anticonstitucional en Chad – cuando Idriss Deby sustituyó de manera monárquica a su padre-, les golpistas entendieron que Francia usaba la doble vara de medir y rectificaron en un segundo golpe instalando esta vez una junta militar. A partir de allí, se desencadenó una avalancha de derrocamientos de los gobiernos burlándose de la hipocresía de Francia y el debilitamiento de la influencia de la comunidad internacional en la zona.

Burkina Faso también hizo su doble golpe, seguido de Guinea Konakry. En esta semana, ha sido el turno de Níger dónde la Guardia presidencial ha secuestrado y destituido a su presidente recientemente elegido democráticamente. A estas alturas, ya nadie sabe si la dinámica general es volver a los gobiernos militares sobre todo el continente, lo que supondría una regresión democrática lamentable

Muchos son los motivos que están a la base de este fenómeno que podríamos enumerar sin entrar en detalle: la brutal expansión del yihadismo belicoso en toda la franja del Sahel, el hartazgo de la hegemonía e influencia de Francia en los países siempre considerados como su coto privado, la creciente presencia de Rusia en el continente africano mediante los mercenarios de Wagner, la crisis de identidad de las nuevas generaciones que no ven despejado el horizonte para su futuro a pesar de las promesas de los gobiernos sucesivos, etc.

En todo caso, Francia parece el que más está perdiendo en la contienda. Su influencia está recibiendo un duro golpe. Ya nadie tiene miedo de su capacidad a intervenir en los asuntos internos de los estados antiguamente colonizados.

Mali y Burkina Faso ya denunciaron los acuerdos de defensa con Francia y le pidieron repatriar a sus tropas. Si Níger sigue el mismo camino, los intereses de Francia en todo el Sahel quedarán en entredicho. Hay que recordar que el uranio de Níger constituye el 20% de la energía nuclear de Francia y en este país se encuentran bases militares franceses y americanos.

Sin lugar a dudas, el futuro de África del oeste se está escribiendo a vista de todos. ¿Estaríamos ante una nueva etapa que supone la toma de conciencia de los pueblos africanos para una sociedad mejor equilibrada o sencillamente volvimos a lo ya visto con los militares que en su época quitaban la dictadura para instalar otra más corrupta? ¿Estamos caminando hacía la autonomía real de nuestros países frente a los imperialistas o se trata de cambiar un dueño por otro igual o peor? El futuro nos dirá.

jueves, 29 de junio de 2023

Sudán: la guerra de los gigantes

 (Gaetan K.)

En el momento en que el mundo entero mira a Ucrania dónde la invasión de Rusia ha desatado el apoyo masivo de Occidente, hay otra guerra paralela que está haciendo estragos en África muy lejos de las cámaras que, sin embargo, analizada de cerca, presenta ciertas similitudes. Se trata de Sudán (del norte para diferenciarlo de Sudán del sur reconocido oficialmente como país independiente en 2011). Desde abril 2023, ese país es un escenario de batalla de los gigantes que nos recuerda la época de la guerra frío cuando había que analizar cualquier conflicto en el mundo a partir de los ingredientes internos y externos. En este caso, estamos ante una rivalidad atroz entre dos hombres fuertes que luchan por su propio interés, apoyados por los países exteriores como si estuviéramos en un escenario paralelo al de Ucrania. Veamos un poco de qué se trata.


En abril 2023, estallaron unos enfrentamientos entre el ejército nacional dirigido por el general Abdelfatah al Burhan y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) dirigidas por el general Mohamed Hamdan Dagalo conocido popularmente bajo el nombre de Hemeti. Dos hombres que tienen en común el ansía del poder, el reparto de las riquezas del país y poco interés por el bien-estar del pueblo. Evidentemente, cada uno asegura hablar en el nombre del pueblo y luchar por la democracia como suelo ocurrir en todos los conflictos de esta calaña. Una rivalidad conflictiva que no podía sino terminar en el derramamiento de sangre si tenemos en cuenta el historial de cada uno de ellos y lo que suele ocurrir cuando dos caimanes machos coexisten en una misma laguna.

El general Hemeti no es un desconocido de la escena nacional e internacional. Su nombre apareció en los periódicos mundiales en los años 2003 durante las matanzas étnicas del Darfur. En aquella época, las tribus rivales se enfrentaron en una especie de limpieza étnica que alertó el mundo entero. Los famosos milicianos janjawid, apoyados por el presidente Omar al Bachir, estaban dirigidos por Hemeti como responsable de la milicia y por Al Burhan como mano derecha de Bachir que actuaba desde el ejército nacional. Dos generales de gran envergadura (Hemeti y Burhan), el primero como carnicero sin piedad sobre el terreno y el segundo como brazo ejecutor del presidente en las siniestras labores desde las instituciones estatales. El gobierno de Bachir, aunque negándolo todo, suministraba armas, municiones y todo tipo de ayuda a la milicia janjawid para exterminar a las tribus rivales de la zona. Hemeti, en estas encarnizadas luchas, bajo la bendición del presidente del país, financiaba su guerra gracias a las montañas de oro de la zona que controlaba y otros tipos de minerales. De paso, se enriqueció sobremanera.

En el año 2009, la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra el presidente sudanés, Omar al Bachir, por los crímenes contra la humanidad en el Darfur perpetrados por los janjawid y de manera indirecta por el ejército nacional. La orden nunca fue aplicada porque el presidente dejó de viajar en los países dónde le podían detener. Entre tanto, los dos generales seguían disfrutando de su libertad dentro del país.

Cuando en 2019, Omar al Bachir fue empujado a la dimisión por una revuelta popular, todo el mundo temía la reacción de Hemeti quién había sido siempre su aliado en la sombra, con una milicia de más de cien mil hombres, es decir un ejército paralelo equipado y aguerrido. Sin embargo, el general sorprendió a todos apoyando la revuelta y ofreciéndose para facilitar la transición hacia un gobierno civil, junto con su rival, el general Burhan. Se trataba de unir dos ejércitos diferentes, con trayectorias diferentes y con apoyos diferentes. El ejército de los janjawid liderado por Hemeti, constituido por más de cien mil hombres, tiene la reputación de haber perpetrado las peores matanzas del Darfur. Además, está apoyado por los mercenarios de Wagner (indirectamente por Rusia), el ejército del rebelde libio, el general Haftar y probablemente, de manera clandestina, por el gobierno de Etiopia. El ejército nacional, liderado por el general Burhan, tiene también un historial de brutalidad y recibe apoyo del gobierno de Egipto. Según el consenso general, los dos rivales estaban de acuerdo para aplacar sus intereses y poner por delante el interés nacional. Era sin contar con la diabólica rivalidad que, sin uno darse cuenta, nubla la razón y conduce a la violencia sacando lo más salvaje del ser humano. Pues, en abril de 2023, este insólito acuerdo saltó por los aires.

A partir de aquí, se ve claramente como la rivalidad entre dos generales se traslada a la rivalidad más amplia entre Rusia representada por el tándem Wagner - Haftar y Occidente representado en este caso por Egipto del general Al Sissi. Visto de esta manera, la guerra solo acaba de empezar. Se fue al traste el acuerdo de paz que estipulaba un gobierno democrático, un ejército mezclado y un país próspero; se tiró por la basura la revolución popular que había conseguir derrocar al dictador Bachir; se enterró por mucho tiempo la esperanza de ver el país aprovecharse de sus riquezas para salir de la pobreza y alcanzar el desarrollo.



Desde el inicio de la guerra, los dos ejércitos que parecen iguales en números y en tácticas, no han escatimado esfuerzos para destruir las ciudades de Jartum y alrededor. En los primeros momentos, aprovechando la sorpresa, el ejército de Hemeti ocupó el palacio presidencial (sin hallar al presidente interino) y varios edificios públicos. La réplica del ejército nacional no tardó en llegar utilizando los aviones para bombardear todo lo que podría parecerse escondite de los janjawid. El resultado es un panorama desolador con muertes que se cuentan en miles, huidas masivas de los ciudadanos, escombros de los edificios, parálisis del país. La iglesia ortodoxa griega de Jartum saqueada, la catedral católica bombardeada, los diferentes sitios emblemáticos desfigurados…Nadie parece preocuparse de salvaguardar nada en su paso. La comunidad Internacional alerta ya de una catástrofe humanitaria en marcha. En fin, como en muchos otros lugares de África, las riquezas naturales de Sudán, en lugar de ayudar al desarrollo, ayudan a sumergir el país en la miseria y la muerte.

A día de hoy, a pesar de los intentos de mediación de los países árabes del Golf, nada indica que los combates vayan a parar. Cuando dos gallos se pelean, la batalla termina con uno derrotado o muerto. Entre tanto, el pueblo observa atónico e impotente como el cielo gris les cae encima lleno de la polvareda de bombas y escombros.

 

jueves, 27 de abril de 2023

El drama religioso en África

(Dr Gaetan Kabasha)

Digo drama porque no se puede decir de otra manera. Un drama que desgraciadamente lleva por delante vidas humanas en algunos casos y en otros, consigue envolver las masas humanas en una desorientación intelectual y humana convirtiéndolas en rebaños aborregados. Estoy hablando de las miles de sectas que nacen como champiñones en el continente africano.

En estos días, se está hablando en los medios del suicidio colectivo de varias decenas de personas en Kenya. Un tal Mackenzie Nthenge, pastor de una llamada Iglesia Internacional de la Buena Nueva, una de tantas que pululan en África, mediante un diabólico carisma, convenció a sus seguidores que para vivir plenamente de Cristo, era necesario ayunar hasta la muerte. Sin pensarlo dos veces, muchos de los suyos obedecieron a la supuesta iluminación profética de este siniestro predicador y acabaron muriendo uno a uno igual que las mariposas que se tiran al fuego pensando encontrar calor. Más de 50 personas a día de hoy y otras tantos en los hospitales agonizando, rechazando todo tipo de tratamiento porque recibirlos sería ir en contra de la voluntad de Dios.

En el año 2000, en el vecino Uganda, un tal Joseph Kimbwetere, consiguió convencer a todos los seguidores de su iglesia “Restauración de los Diez Mandamientos de Dios” que el mundo acabaría pronto y que ganarían el cielo si muriesen antes. Según el pastor, el mensaje venía directamente de la Virgen María qui le hablaba de manera regular revelándole algunos secretos mejor guardados de Dios Padre. Pues, más de 1000 creyentes se encerraron en una casa, tapiaron todas las aperturas, se rociaron con gasolina y prendieron fuego. Fue la conmoción continental y el inicio de una serie de fenómenos religiosos tan curiosos como estrambóticos. Centenares de fieles inocentes, arrastrados por la búsqueda de felicidad profetizada por el pastor, acabaron en la hoguera voluntaria sin escapatoria posible.

Hace muy pocos meses, otro pastor, un mozambiqueño, iluminado por el cielo, se adentró en el desierto con el propósito de hacer el ayuno de 40 días, igual que el mismismo Jesús en los desiertos de Palestina tal como se narra en los Evangelios. Menos mal que decidió hacerlo solo y al final, sus seguidores le encontraron en una agonía irreversible. Murió poco después.

Esos hechos muestran hasta que punto África se está convirtiendo en un terreno de ensayos de todo tipo de inventos. La frustración, la ignorancia, la miseria están llevando la sensibilidad espiritual del hombre africano a derroteros irracionales. Es un signo de falta de horizonte y de desesperación ante la vida propuesta por la dinámica del mundo que se ha globalizado. En efecto, la globalización, lejos de llevar lo mejor de cada pueblo a los demás, filtra lo peor de cada uno e irrumpe en las sociedades con propuestas que crean incertidumbre moral, desequilibran la vida material y espiritual. África lleva siglos observando como se destruye su identidad cultural, espiritual, moral sin que las nuevas propuestas conlleven un alimento seguro más allá de los fuegos artificiales. Entre las miles de voces que llaman a la felicidad, muchos no saben distinguir cuál de ellas dice la verdad y cual difunde la mentira.

Muchos africanos siguen teniendo su sensibilidad espiritual a flor de piel. Me arriesgo a pensar que ésta sea la razón por la que se entregan fácilmente a un mundo irreal. La mayoría de las sectas religiosas son de corte cristiana. Proponen una serie de beneficios a la carta: sueños divinos, profecías de todo tipo, promesas de sanación de todo tipo de enfermedades, transes, fantasías extraordinarias. Todo parece tener como objetivo arrancar al africano de su mundo para proyectarle a otro dónde no hay ni dolor ni llanto, ni enfermedad ni muerte, pero aquí. Hasta en algunas ciudades encuentran pancartas publicitarias que dicen: “Si tu Dios no funciona, prueba el mío y no volverás a sufrir”.

En este marco, hay también iglesias que nacen localmente, cada una con una cierta originalidad. Basta hablar a título de ejemplo, La Santísima Iglesia de Banamé en Benín. Aquí todo gira en torno a una chica llamada Vicentia Parfaite Tadagbé que se autodenomina Dios Padre. Su brazo derecho es un antiguo sacerdote católico – Vegán- convertido a la nueva creencia y que ahora se hace llamar Papa y se viste como tal. Desde el inicio de esta agrupación, miles de personas acuden a sus predicaciones hasta tal punto que el hecho se ha convertido en un fenómeno social de gran importancia. Sus obispos y sacerdotes se visten igual que los obispos y sacerdotes católicos ya sea para confundir, ya sea para intentar parecerse a la Iglesia Católica.


En otros lugares, los estadios se llenan de gente completamente entregada a los predicadores que prometen maravillas, venden líquidos milagrosos, expulsan demonios, desafían a la muerte, pretenden acabar con la pobreza cobrando limosna, etc. Evidentemente, nada es gratuito en este tema. Entre tanto, las grandes iglesias tradicionales contemplan impotentes la avalancha de sus antiguos feligreses hacia estas nuevas propuestas que seducen por sus métodos y sobre por sus promesas de una felicidad al alcance de la mano.

Todo esto viene a indicar que el continente está en un momento de desorientación importante, de pérdida de identidad, de vaciamiento personal, etc. Para paliar a esta situación, los más débiles se entregan a una religiosidad de substitución, un refugio dónde creen estar a salvo del mundo que les aparece como una amenaza. Habría que estudiar el fenómeno a fondo. Entre tanto, los Estados, garantes de la vida de los ciudadanes, en lugar de atajar el problema, prefieren mirar por otro lado. Por una parte, porque mientras sus ciudadanos están entretenidos en esta burbuja espiritual, no se acuerdan de reclamar sus derechos y por otra, porque la proliferación de las sectas debilitan las iglesias tradicionales capaces de poner en duda ciertas políticas. 

Llegados a este punto, creo que los Estados no pueden seguir en la indiferencia. Sería como dejar que los lobos cuiden las ovejas. Se trata de la vida de la personas en juego y del futuro del continente. 

lunes, 6 de febrero de 2023

Saquen sus manos de África

(Dr. Gaetan)

Una palabra fuerte y profética a la vez. Una palabra valiente y adecuada en los momentos que corren. Estoy hablando de las palabras del Papa Francisco nada más llegar a Kinshasa en la República Democrática del Congo el 31 de enero de 2023. Dijo textualmente: 

"Saquen sus manos de África. Dejen de asfixiarla, porque África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear. Que África sea protagonista de su propio destino".

Fue un discurso emocionante dirigido más afuera que adentro. Un discurso que pretende sacudir las conciencias de los avariciosos que llevan años explotando el continente africano sin escrúpulos, mirando a África, no como un colectivo de personas que merecen respeto y dignidad, sino como una inmensa tierra llena de recursos mineros.

La República Democrática del Congo es el prototipo de países abusados, expoliados, explotados, asfixiados por la avaricia humana de las multinacionales de todo tipo. Un país inmensamente rico y a la vez escandalosamente pobre; un país donde encuentras casi todos los recursos codiciados por las tecnológicas actuales y a la vez un país desestabilizado y desorientado.

Este país lleva más de 25 años sumido en la guerra que no tiene nombre. Desde 1996, nunca ha habido paz particularmente en el Este dónde yacen los minerales muy específicos para fabricar los conductores electrónicos. Alguien se atrevió a decir que si el Congo consigue vender el coltan que tiene en su suelo con un precio justo, la mayoría de nosotros ya no tendría móvil en su bolsillo.

En esta parte del país conviven centenares de grupos armados enfrentados entre sí y todos sobreviviendo gracias a la explotación ilícita de los minerales que luego venden a los países vecinos y que, éstos a su vez, blanquean para revender al mundo entero. 25 años de horror, de violaciones, de destrucción. Los pobres habitantes de esta región de Kivu maldicen el destino sin saber muy bien como terminará la pesadilla. Cada día trae su loto de miseria.

El doctor Mukwege, premio Nobel de la paz, lleva tiempo denunciando las violaciones múltiples de las niñas y mujeres así que las matanzas que se repiten una vez y otra también sin que nadie parezca querer parar aquello. Todos los informes independientes han dado el grito de alarma sobre lo que está ocurriendo. Se llega a habla aproximativamente de 10 millones de muertos por consecuencia de estos interminables enfrentamientos. Miles de congoleños viven en los campamentos de desplazados mientras otros miles de niños trabajan como esclavos en las minas.

Entre tanto, en Kinshasa, la capital, los políticos se entretienen en dialécticas estériles a la vez que la corrupción se adentra en las entrañas de todo el sistema. No parece que alguien tenga idea de cómo terminar esta barbarie.

Conviene recordar que la ONU tiene desplegados en el país casi veinte mil cascos azules con un presupuesto de 1.500 millones de dollares anuales desde más de veinte años. La pregunta que uno se hace es ¿hay voluntad para estabilizar las regiones afectadas? La pregunta es tan acuciante que no faltan quienes acusan a la Comunidad Internacional de participar a esta desestabilización. En estos últimos momentos, ha resurgido un grupo armado potente llamado M23 que va ocupando territorios enteros ante los ojos inoperantes de la MONUSCO (fuerzas de la ONU). A pesar de que el gobierno congoleño acusa abiertamente a Ruanda de estar detrás de este grupo, no parece que alguien esté dispuesto a moverse para atajar el problema. Definitivamente, el Papa tiene razón: parece que algunos ven a África como una mina.

En medio de todo este panorama desolador, la Iglesia de Congo, se ha manifestado siempre como una voz profética. Siempre ha habido eclesiásticos que consiguieron levantar la voz contra este estado de cosas. Se podría decir incluso que a veces la Iglesia parece rebasar la frontera de lo que se consideraría como esencial a su misión. Sin embargo, mirando alrededor, en los países vecinos, es la única institución que se atreve a denunciar el mal con el discurso y los hechos.

El Papa Francisco estuvo en este país del 31 de enero al 3 de febrero. Pudo palpar con su mirada la desgarradora situación creada tanto por "el colonialismo económico" según su propia expresión y la corrupción que lleva por delante el futuro de generaciones enteras. ¿Lo escucharán?

Gracias Santo Padre por ser la voz de los que no tienen voz.

Acontinuación el enlace de sus discurso

https://youtu.be/vVnnaFezWbM

sábado, 1 de octubre de 2022

Una larga noche en Casablanca

(Gaetan)

Después de un viaje largísimo con la compñía Real Air Maroc proveniente de Bangui (República Centroafricana), he dejado pasar unos días para tomar distancia antes de escribir estas líneas en las que constato que no todos somos iguales según que uno es del sur o del norte de este planeta. Siento decirlo así en voz alta pese a que no suelo alarmarme mucho en estos temas cuando soy víctima de un trato desigual. Dios me ha dado una capacidad extraordinaria de relativizar ciertos gestos o de convertirlos en algo anecdótico. Pero esta vez, relataré el hecho en cuestión:

El 18 de septiembre, tenía un billete de avión en el que estaba previsto que viajara de Bangui à Madrid pasando por Casablanca. El viaje debía desarrollarse en un mismo día según la reservación inicial. Una semana antes, me comunicaron que todo había cambiado y que el avión tendría una escala en Douala por lo que mi conexión con Madrid el mismo día era imposible. Me obligaron sin consultarme a coger el vuelo del día siguiente, 19 de septiembre por la tarde. En la oficina de Bangui, me aseguraron que la compañía se ocuparía de mí en el aeropuerto alojándome en un hotel. 

En la tarde del 18 de septiembre, llegamos a Casablanca. Durante el vuelo, había localizado algunos españoles que tenían el mismo programa que yo. Fuimos recorriendo el aeropuerto para presentarnos al control de pasaportes y explicar nuestro caso. Los tres españoles que estaban conmigo recibieron la autorización para pasar el control e ir a un hotel dentro de la ciudad. Cuando llegó mi turno inmediatamente después, el agente miró mi pasaporte africano y mi tarjeta de residencia española y sin más me indicó que no podía seguir a los españoles porque necesitaba un visado de tránsito para acudir a un hotel fuera del aeropuerto. No había nada más que discutir. 


Dentro de mi cabeza giraban varias cuestiones: los españoles y yo teníamos el mismo programa de viaje, una misma compañía, un mismo problema, un mismo destino. Habíamos pagado lo mismo y tenido el mismo cambio de vuelo involuntario y también habíamos recibido la misma promesa de pasar la noche en un hotel. Sin embargo, la solución a nuestro problema fue diferente por el hecho de tener pasaportes diferentes. Ellos tenían un pasaporte potente y yo uno débil. Ellos, europeos, fueron a pasar una noche tranquila en la ciudad y yo, africano, me limité a acurrucarme en un sofá dentro del aeropuerto durante casi 24 horas. 

Evidentemente, los españoles no tenían ninguna culpa en esta historia ni el agente de inmigración tampoco. La culpa la tenía el sistema mundial que segrega a los humanos en clases y categorías dando derechos a unos y negándolos a otros por el mero hecho de haber nacido en lugares diferentes. Los españoles tenían suerte de haber nacido en un país europeo y de vivir en un país cuyo pasaporte tiene cierto peso en el mundo. Pero no dejo de hacerme una serie de reflexiones: ¿como es posible que un europeo pase sin visado a una aduana africana y un africano no puede pasar en su propio continente? Es evidente que esta realidad tiene muchas explicaciones legales pero no deja de ser frustrante. De hecho, me encontré con varios africanos en el mismo salón del aeropuerto viviendo la misma experiencia que yo. En este mundo, no somos iguales como se dice; dependiendo de dónde eres, puedes tener uno u otro trato. 

A raíz de esta historia, vuelvo a preguntarme por qué los paises africanos no consiguen quitar estas formalidades a veces absurdas para que el continente sea algo más transitable para todos. Si los países europeos consiguieron quitar las fronteras, ¿por qué los demás paises que tienen un configuración común no harían lo mismo? Hace unos años, Ruanda decidió quitar los visado a todos los ciudadanos africanos y en el caso de necesidad, recogerlo directamente en el aeropuerto de destino. Esta medida lleva años funcionando y no hay indicios de que este pequeño país haya tenido un problema de inmigración irregular exagerada. Sin embargo, los otros paises africanos siguen arrastrando los piés de una manera un tanto incomprensible.

martes, 16 de agosto de 2022

Africa en la encrucijada

(Dr Gaetan)

Con el inicio de la agresión de Rusia a Ukrania y los posteriores acontecimientos regionales y mundiales, está claro que el orden mundial vigente está a punto de cambiar. Todos los análisis apuntan a un cambio de ciclo y a una reorganización de los equilibrios mundiales. La pregunta es: ¿África en su conjunto tendrá una palabra en el futuro reparto del mundo?

La guerra de Ukrania no es un elemento aislado y marginal. Prueba de ello es la reactivación repentina de la OTAN que el presidente francés había calificado, no hace mucho, de organización en muerte cerebral; la gesticulación de China con respecto a Taiwan; la reactivación de las relaciones entre los países occidentales y Venezuela; la declarada alianza entre Rusia, Irán, Corea del Norte y China etc. Todos estos elementos muestran hasta que punto lo que está pasando en Ukrania tiene un alcance mundial y marca un antes y un después en las relaciones internacionales.

Entre tanto, la diplomacia de unos y otros se está desplegando en África para involucrar el continente en los acontecimientos y prepararle al futuro orden mundial. El ministro de asuntos exteriores ruso, Serguei Lavrov visitó recientemente algunos países (Egispto, Rep. del Congo, Uganda, Etiopía) con una clara intención de fortalecer las relaciones y asegurarse del apoyo en el tablero mundial; el presidente francés, Emmanuel Macro, hizo una gira por Camerún, Benín y Guinea Bissau en la que tachó a los africanos de hipócrita al no posicionarse claramente a favor de Occidente en su contienda contra Rusia; y por último, el secretario de Estado de USA, Antony Blinken, también pasó por Suráfrica, RDCongo y Ruanda con una agenda que sin duda tenía que ver con el panorama mundial aunque camuflada bajo el paraguas de los conflictos de la zona de los Grandes Lagos y los problemas de gobernanza.


Todos estos movimientos tienen el objetivo de obligar a África a tomar postura por unos y contra otros pero casi siempre a favor o en contra de los intereses ajenos. No se trata de defender los intereses africanos sino más bien de entrar en la dinámica iniciada por otros. De hecho, es muy curioso que no se esté viendo a los presidentes africanos reuniéndose regionalmente o continentalmente para analizar juntos el panorama mundial, harmonizar las posturas que defiendan los intereses africanos o sencillamente para hablar con una sola voz. Está claro que la voluntad de los países potentes es de empujar a cada uno de los países de África, de manera aislada, a un nuevo orden mundial que se decidirá con el apoyo de África pero sin que ésta tenga una voz única. En este caso, el continente corre el riesgo de pasar otros cincuenta años a más luchando contra un sistema que se habrá fijado sin tener en cuenta de sus intereses.

Cabe recordar que no sería por primera vez que África se ve involucrada en unas decisiones tomadas fuera de ella. En el siglo XVI, Europa decidió sin consultar a nadie que los africanos serían esclavos para rentabilizar las plantaciones recién adquiridas en América; al final del siglo XIX, las potencias europeas decidieron repartirse África y colonizarla en la famosa Conferencia de Berlin (1884-1885). África se enteró más tarde de que ya no tenía autonomía sino que cada entidad pertenecía a un país extranjero. Durante la Segunda Guerra Mundial, el continente africano participó en el conflicto, bien enviando a sus hijos a la guerra, bien proporcionando suministros diversos. Sin embargo, al finalizar la Guerra, el nuevo orden mundial se negoció en su ausencia. Y allí estamos, dando vueltas sin posibilidad de cambiar lo que se fijó sin  nosotros.

En estos momentos, la preocupación de los dirigentes africanos debería ser encontrar una manera de proponer algo con una voz potente y convincente en la nueva organización del mundo que se avecina. Como continente que tiene todo a su favor de cara al futuro, no debería dejar pasar la oportunidad de participar en las decisiones que marcarán una nueva época. Si no es así, vamos a tomar mal la curva, una vez más.

sábado, 24 de abril de 2021

Fallece Idriss Deby, un presidente guerrero.

(Gaetan)

La mañana del lunes 19 de abril de 2021, los habitantes de Ndjamena, la capital de Chad, se levantaron atónitos ante la presencia masiva de los carros de combate que habían acordonado toda la ciudad. Los rumores no tardaron en circular hablando de la inminente llegada de los rebeldes de FACT (Frente para la Alternancia y la Concordia en Chad) quienes, días antes, habían reanudado sus ataques en el norte del país.

El martes 20 de abril, la Comisión electoral proclamó muy temprano los resultados de las elecciones presidenciales, declarando al presidente mariscal Idriss Deby ganador por un sexto mandato. La noticia no era ninguna sorpresa ya que se suele decir que en África nadie pierde las elecciones que ha organizado. Lo sorprendente y aterrador fue que, horas después, la televisión nacional declaró que el presidente había muerto en un campo de batalla, luchando contra los rebeldes en el norte del país. La noticia sacudió a la nación y a África entera. Horas después, los ciudadanos se enteraron de que un comité militar de transición dirigido por su hijo, el general Mahamat Idriss Deby, aseguraría las riendas del poder, después de suspender la Constitución y todas las demás instituciones. A partir de este momento, surgieron muchos interrogantes: ¿el presidente murió en un campo de batalla o fue víctima de un golpe de Estado con la complicidad de su hijo?



Idriss Deby Itno llegó al poder en 1990 después de una guerra que arrancó en Libia y expulsó al dictador Hissène Habré que había ayudado años antes a tomar el poder contra Goukouni Oueddei. Fiel aliado de Francia, se deshizo de la oposición democrática, quitó la limitación de los mandatos en 2004 y consiguió asentar su dictadura durante 30 años.

En 2008, un conjunto de movimientos rebeldes dirigidos por su principal opositor, Timane Erdimi, entró en la capital. Acorralado en la presidencia, sin posibilidad de salida, resistió valientemente y repeló el ataque gracias a la ayuda de Francia.  En realidad, Francia ha sido siempre su protector en los momentos críticos a pesar de sus derivas dictatoriales y su actitud a aniquilar la oposición. En febrero 2018, Francia volvió a salvarle en una operación en la que intervinieron los aviones “mirages” para destruir las columnas de vehículos rebeldes en el norte del país.

Idriss Deby, a pesar de sus discursos a veces hostiles al imperialismo, ha permanecido siempre fiel a Francia. En 2003, ayudó al general François Bozizé entonces reputado cercano a Francia, a tomar el poder en la República Centroafricana. En 2013, no dudó en enviar sus tropas a Mali para apoyar los militares franceses en la operación Serval contra los yihadistas. Posteriormente, autorizó que su territorio fuera base principal de la operación Barkhane en la que más de 4 mil militares franceses organizan la lucha contra el terrorismo en el Sahel. Hay que recordar que Chad alberga bases militares francesas que constituyen un puesto esencial en el control de la región.

Por lo que se refiere a su personalidad, es imposible no hablar de su gusto por la guerra. Deby siempre se ha sentido militar y guerrero. De hecho, no dudaba en ir al frente de batalla para animar a sus soldados organizando personalmente las operaciones. En 2020, se puso al frente de su ejército para enfrentarse a Boko Haram en la región del Lago Chad. A su vuelta, se colocó el rango militar de mariscal. La guerra para él era como un deporte. Toda su vida estaba configurada por su carrera militar y los diversos enfrentamientos tanto contra los grupos armados como contra las voces opositoras.

La muerte de Deby suscita algunas preguntas sin respuestas en este momento: ¿cómo fue posible que el presidente sobreprotegido y muy precavido, acostumbrado a conducir la guerra, fuera alcanzado mortalmente por el enemigo? ¿por qué la sucesión no siguió los cauces ordinarios establecidos por la Constitución del país? ¿por qué el presidente Emmanuel Macron quiso asistir absolutamente al entierro y de paso, legitimar al consejo de transición instalado ilegalmente y dirigido por el hijo del fallecido mariscal? Todo lo que podemos decir es que parte de África sigue siendo un laboratorio dónde se ensaya todo tipo de escenarios políticos burlándose de la ley.

 

miércoles, 7 de abril de 2021

Una fecha fatídica


(Gaetan)

En una mañana como esta del 7 de abril, estaba en algún lugar de las montañas de Rwanda sin saber que mi vida y la de millones de personas tomaría un giro radical y que tanto para mí como para todos los ruandeses, habría un antes y un después. Tenía 22 años, en aquel año 1994. Era ya seminarista. Aquella mañana fatídica, estaba de vacaciones con mis padres y mis hermanos.

Al levantarme, abrí la radio para escuchar las noticias. No oía nada más que música patriótica en las dos cadenas disponibles en lengua nacional. Muy extraño a esas horas. De repente, una voz amarga anunció lo inesperado: “El presidente Habyarimana ha muerto. Su avión fue derribado ayer, el 6 de abril, la noche. Junto a él murió el jefe de Estado Mayor del Ejército. Las autoridades piden a todo el mundo quedarse en su casa". Me quedé literalmente petrificado.

Anuncié la noticia a mis padres que también se estaban levantando. Todos quedamos helados. No conseguimos intercambiar otra palabra. Cada uno intentaba digerir la noticia a su manera pero todos en medio de un temor sin precedentes. Miré a la carretera principal que pasa debajo de la montaña, no vi ningún coche pasar. Nunca un tal acontecimiento había ocurrido en Ruanda. El país acababa de quedar sin cabeza en una situación de guerra. Creo que fue el día en el que los ruandeses hablaron poco en toda su vida.



Pasamos todo el día en un silencio asombroso. Intentaba, por todos los medios, sintonizar las radios internacionales para arrojar algo de luz sobre lo ocurrido y lo que ocurriría.  Poco a poco, no fuimos enterando de que también estaban en el avión el presidente de Burundi y el jefe de estado mayor del ejército. El miedo se apoderó de todos. Los dos países vecinos que compartían las mismas miserias étnicas, se quedaban sin presidentes. Un año antes, la muerte del presidente de Burundi había desencadenado unas matanzas horrendas en aquel país.

Ruanda estaba en guerra desde cuatro años. Durante este tiempo, la tensión étnica y política había ido creciendo hasta alcanzar niveles inéditos, previas a la explosión. La propaganda política había abierto las viejas llagas. Los grandes partidos políticos habían creado cada uno sus milicias que se comportaban como paramilitares. No pasaba ni un día sin que los enfrentamientos entre las diversas milicias cobraran alguna víctima. La tensión psicológica era insoportable. Todo el pueblo estaba en un clima comparable a la antesala de un apocalipsis. El volcán estaba preparado para hacer irrupción en cualquier momento. Cualquier cosa podía desencadenar lo desconocido. Lo veíamos; lo sabíamos; lo temíamos. Lo que no se sabía eran las proporciones de la catástrofe.

Después de aquella fecha fatídica, desde mi montaña, empezamos a oír por los rumores de que las matanzas estaban en marcha en distintos rincones del país empezando por la capital, Kigali. De manera sorprendente, los milicianos de diversos políticos, esos que llevan tiempo enfrentándose, se habían unido en un mismo bloque pasando todos a llamarse interahamwe, denominación de origen para los milicianos del partido de Habyarimana. ¡Curiosa unión en un tiempo tan pequeño! El genocidio acababa de empezar en Ruanda a marchas forzadas. Los terribles interahamwe pasaban de casa en casa, de colina en colina, de montaña en montaña matando a todos los que ellos llamaban “enemigos”. Bajo esta palabra se escondía a todos los tutsis y a todos los que, días antes, llevaban la contraria a Habyarimana. Morían los niños, las mujeres, los ancianos, los enfermos, los funcionarios, los campesinos. Nadie podía escapar de la maquinaria infernal de los implacables matones, desde la calle, detentaban el poder. Las barreras estaban por todas partes. Alguien dijo que los ángeles de la muerte habían salido del infierno. El diablo andaba suelto.

Aquel día, miraba a mi alrededor. Mis padres estaban despavoridos. Mis hermanos desorientados. Mis vecinos atónitos. Nadie podía proporcionarnos las verdaderas informaciones en aquella montaña aislada de la ciudad. Solamente las radios internacionales me decían alguna cosa y yo traducía a los demás. No me acuerdo haber comido algo. Mi vida estaba a punto de tomar un giro para mucho tiempo.


Poco después, salí de mi país huyendo. Pasé por miles de aventuras y experiencias dignas de una película de Hollywood. Cuando volví a Ruanda, casi 20 años después, ya sacerdote, encontré a mi montaña todavía en su sitio. Las montañas observan los acontecimientos, callan y no cambian. Gracias a Dios, puedo contar esta historia. Pero ¿Cuántas personas tanto tutsis como hutus no tuvieron la misma suerte? ¡Ojalá no vuelva a ocurrir! Una oración especial por todos los ruandeses: los que murieron después de aquella fecha y los que siguen mirando las inmóviles montañas de Ruanda recordando a los suyos a veces sin saber dónde acabaron sus restos.

domingo, 21 de marzo de 2021

Adios Presidente "Bulldozer"

(Dr. Gaetan Kabasha)

Después de Pierre Nkurunziza de Burundi, John Pombe Magufuli es el segundo presidente que muere en la zona de los Grandes Lagos en menos de un año y el tercero si contamos a Pierre Buyoya, el expresidente de Burundi muerto hace poco en Mali. Todos sospechados de ser víctimas de coronavirus aunque la versión oficial habla de paro cardiaco. Tanto para Nkurunziza como para Magufuli, las especulaciones de todo tipo circulan sobre sus respectivas muertes teniendo en cuenta que los dos tenían tres cosas en común: el sentimiento nacionalista exclusivista, escepticismo sobre la realidad del coronavirus y una mixtura político-religiosa envolvente

Magufuli, conocido como el “bulldozer” por su afán de promover las infraestructuras, llegó al poder en 2015 y cambió por completo la concepción del poder en Tanzania. Muy popular y sencillo, consiguió impulsar la lucha contra la corrupción y poner en marcha muchos proyectos de desarrollo a la vez que se deja ver como uno más en las asambleas religiosas. Católico practicante, no dudaba en levantarse en plena misa para colaborar en la colecta o servir como monaguillo. Esta dimensión social le hizo muy popular. Pero al mismo tiempo, su política tomó un giro autoritario al mermar las libertades individuales y colectivas como por ejemplo ningunear la oposición democrática, despreciar la prensa, encarcelar al que se atreviera a oponerse a sus ideas. Este lado negativo acompañará su imagen.

Los que especulan sobre una muerte provocada sustentan en el hecho de que Magufuli se creó, por su política, muchos enemigos potentes tanto en el interior como al exterior del país.

Dentro del propio sistema, su lucha contra la corrupción que no dejaba a nadie indiferente pudo alcanzar a los que, generalmente en África, se creen intocables, cortándoles la hierba bajo los pies. Por otro lado, su tendencia a gobernar con autoritarismo pudo haber puesto en alerta a los guardianes de la democracia tanzana. Hay que recordar que Tanzania es uno de los países donde la democracia está muy bien instalada y dónde el partido en el poder está por encima del presidente. También su negativa a encararse a la pandemia de coronavirus, llegando incluso a afirmar que se vence con la oración pudo haber puesto en alerta el sistema. Como anécdota, hace poco la Conferencia Episcopal de Tanzania se enfrentó a él afirmando que la pandemia estaba ganando terreno en el país y que la postura oficial de negacionismo no ayudaba a salvar vidas. ¿Quién podía creer que el presidente, ferviente católico, se viera en oposición al episcopado sobre un tema puramente sanitario?

Desde el punto de vista exterior, también Magufuli tuvo muchos enemigos de gran envergadura. Nada más llegar al poder puso en marcho la revisión de los grandes contratos de multinacionales mineras y llegó a ponerles multas millonarias. Su postura de favorecer la industria local y frenar la intrusión exterior abusiva le llevó a enemistarse con Occidente. De hecho, en sus más de cinco años de gobierno, nunca visitó un país occidental al considerar que los viajes presidenciales costaban mucho dinero al contribuyente. Su soberanismo exagerado no podía sino poner nerviosos a algunos acostumbrados a dictar sus normas de conducta en los países pobres. Su desafío al mundo frente a la lucha contra el coronavirus y su rechazo de las vacunas a pesar de la insistencia de la Organización Mundial de la Salud fueron como una gota que colma el vaso. Muchos le consideraban como un dirigente atípico y tozudo.

Sea lo que sea la causa de su muerte, Magufuli será recordado por su profundo amor a su gente, su sencillez al lado de las clases bajas de la sociedad, su lucha contra la corrupción, su austeridad, su afán de desarrollar el país por las infraestructuras y la defensa de la soberanía nacional hasta el punto de llevar su país a un curioso auto-aislamiento internacional. RIP Magufuli.

miércoles, 3 de marzo de 2021

 Libros :

Tesis doctoral

Kabasha, G.,  Le désir mimétique et les violences collectives. Pertinence de la théorie de René Girard dans l'analyse d'un conflit contemporain (Ediciones Universidad Sán Dámaso, Madrid 2021)

Libro de experiencia vital

Kabasha, G., Una mano invisible (Nueva Eva, Madrid 2021) p. 224


Artículos académicos:

Kabasha, G. (2019). Deseo mimético y conflicto repetitivo en Ruanda. Revista Interdisciplinar De Teoría Mimética. Xiphias Gladius, (2), 49-64. https://doi.org/10.32466/eufv-xg.2019.2.565.49-64

- Kabasha, G. (2020). La contagion et l’anonymat dans les violences collectives. Revista Interdisciplinar De Teoría Mimética. Xiphias Gladius , (3), 105-120. https://doi.org/10.32466/eufv-xg.2020.3.631.105-120



jueves, 4 de febrero de 2021

Centroáfrica: un túnel sin fin

(Gaetan Kabasha)

La catedral de Bouar, en el nordeste de Centroáfrica es un edificio circular, muy moderno con un tejado de zinc fabricado en Italia y una megafonía extraordinaria difícil de encontrar en otro lugar del país. Desde arriba, se ve este edificio con toda claridad ya que no se parece a ningún otro en toda la ciudad. Pues, desde unas semanas, esta catedral se ha convertido en un cobijo para 5 mil personas, desplazados de guerra. Todos sus rincones están tapizados por las estelas dónde duermen los niños, las mujeres, los ancianos junto con sus enseres como menajes de cocina, ropa etc.



Al lado se encuentra una clausura de las monjas clarisas que también ha acogida a unas decenas de personas que llegaron despavoridas, huyendo de las balas que cruzaban entre los rebeldes de CPC que ahora controlan la ciudad y los militares aliados al gobierno central. La situación de la ciudad es dramática; las escuelas están cerradas; los centros de salud saqueados. El reloj de la vida parece haber dejado de girar hacia una dirección conocida. Entre tanto, las monjas comparten lo poco que tienen con esta gente que ha abandonado todo lo que tenía y se ha visto forzada a llevar una vida de enclaustramiento y carencia.

En el otro extremo del país hacia el sureste, en Bangassou la situación, aunque algo diferente, no es menos dramática. Allí miles de habitantes han cruzado el rio Mbomou hacia la República Democrática del Congo, huyendo de la misma guerra que nadie ya, a estas alturas sabe calificar bien. Los exiliados se encuentran a la intemperie, sobreviven con nada, sin ayuda consistente de nadie y cada día se levantan mirando al otro lado de la orilla, a ver si el horizonte se esclarece para que vuelvan a sus hogares. También allí, las escuelas están cerradas, las tiendas saqueadas, los organismos humanitarios recluidos con miedo.

En medio de todo este caos, la Iglesia católica, siendo casi siempre víctima de esta violencia ilógica, sigue dando lo mejor de sí misma, acogiendo, ayudando, mediando, aconsejando, aliviando a unos y a otros. En todos los lugares, queda como única institución que aguanta las embestidas violentas hasta el final.

En Bangassou, todo el mundo huyó menos el obispo, los sacerdotes y las religiosas. Todos decidieron quedarse a gestionar el desastre, cuidando a los que no pudieron escapar. Mons. Juan José Aguirre acogió a su casa a los niños del orfanato Mama Tongolo. Días después de la llegado de los rebeldes a la ciudad, envió ropa a los refugiados al otro lado del río, a Ndu, dónde un sacerdote de Bangassou, Don Gervil, hizo una distribución a los que más lo necesitaba.

También la Iglesia se implica en la mediación con el único objetivo de salvar lo que se puede. Este mismo jueves, mons. Juan José Aguirre, andando unos cuantos kilómetros, ha tenido que ir al encuentro de los rebeldes de CPC en la localidad de Niakari. Acompañado de un sacerdote, se encontró con las cabecillas de la rebelión en el lugar. Entre otras cosas, quería despejar el camino para la llegada del Cardenal Nzapalainga, arzobispo de Bangui (750km), quien se propone encontrar a los beligerantes para buscar los caminos de paz. No es difícil imaginar el peligro que estas iniciativas conllevan: caminar en medio de la selva controlada por gente sin ley ni moral; tender la mano al violento que tiene la suya manchada de sangre; sentarse a hablar en un lenguaje que, a veces, suena a cuento chino. Hace falta valor y valentía. En el camino, el obispo aprovechó para saludar a los habitantes desesperados, con una mirada perdida pero contentos de ver que alguien se acuerda de ellos. Desde luego, la Iglesia de Centroáfrica, a pesar de sus debilidades, sigue demostrando que lo de ser la luz en las tinieblas no es una apuesta inalcanzable. En este caso, nos atreveríamos que es la pequeña luz en un túnel sin fin.

En otros teatros, la guerra sigue su curso y como siempre, son los más débiles quienes más sufren sus estragos. Nadie sabe hasta cuándo acabará esta guerra. Los rebeldes de CPC suya cabeza visible es el expresidente, el general Bozizé, siguen empeñados en derrocar al gobierno central. Por otro lado, el gobierno de Touadera, apoyado por Rusia, Ruanda y los cascos azules intenta reconquistar el terreno perdido. En este momento, las ciudades de Bangassou, Boda, Boali, Bossembele etc. han pasado bajo control de las fuerzas oficiales. Sin embargo, el estado de emergencia y el toque de queda decretados en Bangui siguen recordando a todos que la guerra puede irrumpir en la capital en todo momento.  Los centroafricanos se preguntan cuándo tocará la liberación de Yaloké, Bouar, Bossangoa, Bambari, Bria, Ndele y miles de pequeñas localidades que siguen bajo control de las hordas rebeldes que solamente responden ante los señores de guerra muchas veces extranjeros.  ¿Cuándo pararán el exilio, el desplazamiento forzoso, las atrocidades diversas, las violaciones de mujeres, la separación de familias, el reclutamiento de niños, los saqueos, la quema de las casas, el hambre? ¿Quién liberará África de las manos diabólicas que mueven los hilos en la sombra, desde muy lejos, con el único objetivo de expoliar el continente? Lo único que podemos decir es que nadie está fuera del alcance del miedo ya que la violencia en estas circunstancias nunca sabe discriminar.

domingo, 24 de enero de 2021

El trumpismo y África

(Dr Gaetan Kabasha)

Para entender el alcance de la fanfarronada de Trump en sus últimos momentos en la Casa Blanca y su repercusión sobre le continente africano, se puede partir de los memes que se han publicado en las redes sociales por los propios africanos. Uno por ejemplo decía en Facebook que el aferrarse al poder y la manipulación de las masas a favor de sus reivindicaciones electorales es una prueba irrefutable de que Trump tiene conexiones mentales en África. Cierto o no, es indudable que la actuación de Trump roza lo habitual en nuestro continente dónde el que pierde las elecciones nunca reconoce al ganador y dónde algunos presidentes se creen investidos por Dios como mesías insustituibles, amparándose siempre en el pobre pueblo que usa y abusa para los intereses personales.

Bromas aparte, hay algo en Trump que puede ser divertido y de alguna manera positivo: es su coherencia. De alguna manera cumplió con sus promesas electorales hasta dónde el sistema le permitió. Nadie dirá que puso en marcha las medidas que no figuraban en su programa electoral. Por tanto, el pueblo americano que le eligió debe darle gracias porque no actuó como aquellos que de candidatos presentan una cara y de presidente, otra. Por lo que se refiere a África, Trump dijo sin tapujos que era un continente de mierda. Sus análisis le habían llevado a esta conclusión. En el fondo, este hombre decía muy alto lo que los otros políticos de su esfera dicen muy bajo. Y en coherencia con su punto de vista, nunca pisó el suelo africano en todo su mandato. Juraría que nunca pisó África en toda su vida. Es un continente que no le interesa en nada. ¿Por qué poner sus pies en un agujero de mierda, pues?

Su política para con África queda invisible. Evidentemente, nadie puede acusarle de no interesarse por un continente por el que no había sido elegido. Tampoco se le acusará de haber iniciado o apoyado algún conflicto armado ni en África ni en ningún otro lugar. Sólo por eso, merece cierto respeto. Se dedicó a su país con sus métodos y sus mentiras, sus extravagancias y su supremacismo, pero eso no era nada nuevo porque justamente Trump no es un hombre que esconde sus convicciones, ni ahora ni antes.

El problema con África es que necesitamos una referencia y los EEUU lo deben ser por varios motivos: constituyen una democracia moderna más antigua, son una superpotencia mundial y suelen dar lecciones a la humanidad en casi todo. Solo por eso, necesitamos que den ejemplo, aunque sea por pura apariencia. Lo que hacen los EEUU se repercute al resto del mundo. Su política no se restringe al interior de sus fronteras en la medida en que su posición de superpotencia proyecta todo hacia fuera.

La actitud de Trump en su manera de gestionar el poder, sus decisiones etc. fueron un apoyo indirecto a los dictadores africanos que creen que el país les pertenece en herencia. Los últimos momentos, al no reconocer la derrota alentando las masas a la insurrección, fueron particularmente dañinos a la imagen que el mundo tiene de los Estados Unidos. Ahora, los dictadores se frotan las manos diciendo que América no tiene nada especial que enseñarles en materia de elecciones. En esto, el trumpismo tiene que ver con África de alguna manera.

Puede ser que Trump esté convencido de haber sido víctima del sistema y que haya abandonado la Casa Blanca injustamente. Lo que pasa es que la democracia es un sistema que se parece a un juego en el que un jugador no elige ni el terreno, ni las leyes, ni el árbitro. Si el sistema en que ejercía el poder le ha dicho que se fuera, podría ser inmoral pero no será injusto. He aquí la grandeza de las instituciones fuertes frente a las personas fuertes.

Trump quiso ser el hombre fuerte y en eso también se parece a algunos presidentes africanos. La diferencia es que los EEUU funcionan por medio de sus instituciones fuertes mientras que África sigue pensando que necesita a los hombres fuertes. Es una lástima porque los países donde existen los presidentes fuertes, colocados por encima de las instituciones, también son ellos que están a la cola en el desarrollo y permanecen estancados en la pobreza y la corrupción.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Las urnas contras las armas

 (Gaetan Kabasha)

El título parecería un eslogan vacío si fuera parte del discurso de algún político acostumbrado a embellecer las palabras huecas. Pues, no es así. Es una realidad que está ocurriendo en la República Centroafricana, un país azotado por la violencia. Este título se ve en muchos muros de las redes sociales de los centroafricanos hoy. Algunos van más allá, hablando de las elecciones que están teniendo lugar. Dicen por ejemplo que ir a votar ya no es solamente un acto cívico o patriótico sino más bien un acto de resistencia o algo así como los votos contra las botas. Todo esto muestra un espíritu de rebeldía contra los sanguinarios rebeldes que quieren sumergir al país en el caos por sus intereses escondiéndose detrás del estandarte de los intereses de los ciudadanos.

Hoy Centroáfrica organiza las elecciones más inciertas de su historia. Con varias partes de su territorio ocupadas por los rebeldes y una amenaza de irrumpir en cualquier momento en los lugares de voto para ahuyentar a los pacíficos ciudadanos que, no solamente se han levantado para cumplir con su deber democrático, sino también están diciendo con este voto que rechazan la violencia de los que pretenden hablar en su nombre.

Centroáfrica es un país algo más grande que España con una población que no rebosa los cinco millones de habitantes. Muchas de sus ciudades son aglomeraciones de casas que reflejan un nivel económico todavía muy bajo y un sistema de vida todavía rudimentario. La mayoría de sus carreteras en el interior del país son de tierra mal entretenida y en ciertos lugares parecerían más bien pistas forestales. Hace falta mucho sacrificio para llegar a algunas provincias con un vehículo. Sin embargo, este país cuenta como uno de los más ricos en riqueza natural. Allí se encuentran uranio, oro, diamante, hierro, petróleo etc. Todo todavía bajo tierra o explotado de manera tradicional sin ninguna maquinaría moderna.

Desde 2012, se desató una sangrienta guerra iniciada por los seleka mayoritariamente musulmanes que echaron al presidente cristiano, el general Bozizé. En reacción, se levantaron los antibalaka constituidos por todos los anti-musulmanes y lo que parecía una contienda política se convirtió en una barbarie de carácter religioso. Con la intervención de la Comunidad Internacional, la visita del Papa y las presiones diversas, la guerra bajó de intensidad tanto que se pudo celebrar elecciones presidenciales en 2015 en la que salió ganador el doctor Faustin Archange Touadera, el que fuera primer ministro del general Bozizé exiliado.


Durante cinco años, el país nunca fue pacificado del todo. Los grupos armados camparon en sus anchas explotando las minas en los territorios controlados. Acogiéndose a los acuerdos de paz de Karthoum, el presidente decidió no enfrentarse a ellos sino más bien contentarlos sin que nadie pudiera ver el real proyecto de futuro con respecto a este problema.

Cinco años después, apareció el general Bozizé de una manera repentina y un tanto clandestina sin que las autoridades llegaran a detectar sus movimientos desde el exilio. Empezó a movilizar a las masas dejando claro que pensaba presentarse a las elecciones contra su ex primer ministro, ahora presidente. Desgraciadamente, el Tribunal Constitucional invalidó su candidatura y frustró de repente su proyecto. Pero Bozizé no es un hombre que se deja aplacar por las leyes y los tribunales tan fácilmente. En su cabeza, es un mesías enviado por Dios para salvar al pueblo abatido por la violencia y la miseria. De hecho es un pastor en una iglesia que él mismo fundó en Centroáfrica. Se retiró a su pueblo natal, en el norte del país. Desde allí, consiguió reunir a los contrarios con una facilidad del que solamente él tiene el secreto. Ya en 2003, había conseguido constituir una rebelión con elementos heteróclitos y tomar el poder en Bangui. Esta vez, se trata de los seleka que hace siete años le echaron del poder y los antibalaka que hace poco juraban con acabar con los seleka. Esta mezcla muy curiosa tomó el nombre de CPC es decir Coalición de los Patriotas para el Cambio.

En muy poco tiempo atacaron distintas localidades y ciudades con el fin de llegar a Bangui e impedir las elecciones. Aparentemente no contaron con la determinación de los cascos azules que esta vez han querido demostrar que toman en serio su misión y el envío de centenares de militares ruandeses en el marco de los acuerdos bilaterales. 

El resultado es que, a pesar de las amenazas y las intimidaciones en algunas localidades, los centroafricanos han podido votar en bastantes lugares. También es verdad que en otros, la situación de violencia e inseguridad acudir a las urnas lo que podría llevar a contestar los resultados finales. Más que un voto democrático ordinario, ha sido un voto de rechazo a la guerra, lo que podría otorgar al presidente saliente una mayoría aplastante más allá de lo que podría haber imaginado si no hubiera habido esta violencia insensata.

El peligro de este tipo de elecciones es que el presidente elegido puede encontrarse con un poder excesivo en una democracia todavía frágil. De hecho hay quienes empiezan a alentar un tipo de dictadura como forma de protegerse contra los rebeldes. Esperemos que la cosa no llegue a tanto.


domingo, 13 de diciembre de 2020

El imam Layama, una vela que se apaga.

 (Gaetan Kabasha)

Hay pérdidas que sacuden todo un país y parte del extranjero. El imam Omar Kobine Layama es como esa vera que se apaga y deja parte de la casa en oscuridad sin que nadie sepa como sustituirla. Su muerte equivale a la pérdida de un gigante por su activismo durante el conflicto de la República Centroafricano y su compromiso sin fisuras por la paz entre las religiones.

Tuve la suerte de conocerlo en Madrid en febrero de 2017 cuando, junto al cardenal Nzapalainga hicieron una gira por España y de paso recogieron el premio Mundo Negro por su intensa actividad a favor de la reconciliación. En las distintas intervenciones, pudo expresar alto y claro que ninguna religión tiene que ser fuente de discordia entre los pueblos y caldo de cultivo de violencia gratuita. No lo decía como un político que repite las frases hechas sino como un hombre de convicciones, capaz de enfrentarse a los suyos con tal de presentar la cara más pacífica del Islam.

Su nombre saltó a la fama cuando la República Centroafricana se sumergió en una espiral de violencia con tintes religiosos. La agrupación Seleka de mayoría musulmana asaltó la capital y tomó el poder arrastrando detrás un sinfín de violaciones de los derechos humanos (matanzas, violaciones de mujeres, saqueos, torturas, incendios etc.). Como respuesta, los jóvenes desempleados de medio país se levantaron en diversos movimientos denominados antibalaka con el fin de acabar con todo musulmán  viviente ya sea anciano o niño, mujer o enfermo. La violencia que inicialmente parecía política tomó un giro religioso tirando incluso al pre-genocidio.

El arzobispo de Bangui, el actual cardenal Dieudonné Nzapalainga invitó al responsable de la mezquita central de Bangui y al representante de las iglesias protestantes para reflexionar junto sobre la manera de parar la sangría mostrando con palabras y hechos que nadie necesitaba una guerra religiosa en el país. Se trataba de cortar la hierba debajo de los pies de los violentos, diciéndoles claramente que no tenían ningún mandato de las religiones por las que decían combatir. El imam Kobine Layama salió así de la sombra para brillar como una vela que aleja la oscuridad dónde se encuentra.

Su compromiso le valió persecución. Fue expulsado por los suyos que no entendían como un responsable musulmán puede sentarse con un responsable cristiano y hablar el mismo lenguaje. Es lo que tienen los santos. Son incomprendidos por los suyos siempre. Los extremismos no entienden de la moderación y la consideran como traición o cobardía. Sin embargo sabemos todos que el mundo nunca puede funcionar con los extremos. El imam se refugió en el arzobispado y compartió comida y techo con el cardenal durante meses, manifestando así su compromiso por la unidad y la paz.   

La acción de la plataforma religiosa constituida por el trio de la paz (cardenal, imam y pastor) consiguió evitar una espiral de violencia religiosa globalizada. Pusieron en marcha comités interreligiosos en todas las provincias y en varios lugares pudieron alcanzar una verdadera reconciliación.

Este hombre que recorrió todo el país y medio mundo predicando la paz y la reconciliación sin tapujos y tomando postura sin medias tintas, a veces en contradicción con los musulmanes de su mezquita o de su país, se extinguió el 28 de noviembre en Bangui por una parada cardiorrespiratoria. Tenía 62 años. La funesta noticia recorrió el mundo como una pólvora porque parecía que un baobab acababa de caer en un descampado o que un oasis acababa de secarse en un desierto. Falleció además en un momento crucial porque Centroáfrica se prepara para las elecciones presidenciales y legislativas el 27 de diciembre. 

Deseamos al imam un descanso eterno. ¡Ojalá su compromiso pueda tener transcendencia más allá de su presencia! ¡Ojalá haya otros dirigentes musulmanes dispuestos a seguir sus pasos! La paz no es algo que se construye por sí sola; la construyen los hombres de buena voluntad.

viernes, 13 de noviembre de 2020

La pérdida de dos gigantes

 (Dr Gaetan Kabasha)

En una sola semana África ha perdido dos ex-presidentes que marcaron el continente cada uno a su manera pero todos en sentido positivo. Se trata de Amadou Toumani Touré de Mali y Jerry John Rawlings de Ghana. África les debe un tributo y les recordará como héroes y faros no solamente en sus países sino también en el continente.

Empecemos por el más antiguo y que probablemente ha dejada más frutos por sus decisiones: Rawlings. Este hombre entró en la política en 1979 como capitán del ejército del aire. De padre Escosés que nunca conoció y de madre ghanés, Rawlings no soportó la corrupción que veía en la clase política mientras su pueblo se sumergía en la miseria. Junto con unos cuantos compañeros intentó un golpe que falló. Detenido, fue juzgado en público en un estadio. Aprovechando la ocasión, reconoció el delito y transformó su juicio en un motín político. A la salida del juicio, el pueblo ayudado por algunos miembros del ejército le fue a sacar de la cárcel y en la confusión general, tomó la presidencia. El flamante presidente, joven de 32 años, mandó fusilar a los ex-presidentes y varios generales que el pueblo consideraba como la causa de todas las desgracias del país. El acontecimiento conmovió al mundo entero pero la señal era muy clara. Tres meses más tarde, entregó el poder a los civiles pensando haber limpiado la porquería. Volvió a su oficio del ejército.

En 1981, solamente dos años de aquel primer golpe, Rawlings constató la misma corrupción y la misma ineficacia de la nueva clase política. La indiferencia de la élite frente al pueblo le era insoportable. Se dio cuenta que se había equivocado al entregar el poder sin cambiar la mentalidad. Volvió a tomar el poder y esta vez afirmando que volvía para quedarse. Instauró un tipo de gobierno de tendencia socialista y panafricanista sin romper del todo con las instituciones capitalistas. Se dedicó a cambiar la mentalidad del pueblo ghanés; resucitó el espíritu de Kwame Nkrumah considerado como el padre del panafricanismo. Durante 18 años, nunca apareció como los sátrapas que mandaban en muchos países africanos en aquella época. La sobriedad y la sinceridad eran su arma.

En 1992, decidió seguir la corriente general de África y instauró el multipartidismo. Hizo votar una constitución que fijaba el límite de mandatos presidenciales a dos. En el año 2000, después de finalizar su segundo mandato, organizó las elecciones sin ser candidato y reconoció la victoria del candidato de la oposición. Se retiró de la política después de ofrecer al país unas instituciones sólidas y estables. Hoy en día, Ghana es el ejemplo de democracia y alternancia en todo el continente.

Rawlings muere siendo un hombre sobrio y sincero. En los últimos años, se dejaba ver en la calle o en el mercado como un hombre cualquiera, admirado por su pueblo. También se dedicaba a aconsejar a los mandatarios que acudían a él en busca de ayuda. RIP

Pasemos ahora a Amadou Toumani Touré llamado ATT. Militar de carrera, general, tomó el poder en Mali en 1991 para poner fin al desorden instalado en el país por las manifestaciones populares contra el dictador Moussa Traoré. Organizó una conferencia nacional para crear un consenso sobre la gobernanza del país y después de una transición de un año, entregó el poder al nuevo presidente civil elegido democráticamente. ATT se retiró con cabeza alta. A partir de este momento, se convirtió en un héroe para muchos jóvenes africanos que vieron en él una encarnación de la virtud en un momento en que los dictadores asolaban el continente, aferrados al poder como una sanguijuela sobre la piel.

Por su sabiduría y experiencia, fue enviado a la República Centroafricana para ayudar a resolver el conflicto político que había llevado a los motines de una parte del ejército contra el presidente Ange Felix Patassé.

En 2002, ATT presentó su candidatura a las elecciones presidenciales y fue elegido con una holgada mayoría. El pueblo veía en él un soldado de la democracia y depositó sus esperanzas en él.  El primer mandato pasó sin grandes problemas. Sin embargo, el segundo mandato que gano en 2007 no le fue bien. No supo gestionar bien el conflicto de los pueblos del norte que querían la independencia de AZAWAD. Las derrotas sucesivas del ejército crearon un descontento tan fuerte que la situación se hizo insostenible. Dos meses antes del final de su mandato en 2012, fue derrocado por un golpe de Estado pilotado por el capitán Amadou Sanogo. El mundo entero se conmovió del golpe y quiso reaccionar a favor de la vuelta a la normalidad democrática con ATT a la presidencia pero éste sorprendió a todos renunciando al cargo. No fue un final feliz pero fue un final de valentía y de amor por su pueblo.

Amadou Toumani Touré sufrió el exilio y las injustas humillaciones pero al final pudo volver a su país dónde falleció el 10 de noviembre de 2020.

África necesita a hombres que aman a su pueblo más que al poder y que están dispuestos a entregarse cuando haga falta para restablecer la dignidad de su país.



sábado, 7 de noviembre de 2020

El mal ejemplo de una superpotencia

 (Dr Gaetan)

Cuando un país se erige en una superpotencia mundial, tiene que asumir una serie de responsabilidades tanto dentro como fuera de sus fronteras.  No es lo mismo ser un país con poca proyección mundial que ser una potencia de la que convergen todas las miradas y cuyas acciones tienen consecuencias en todos los continentes. Prueba de ello es lo que estamos presenciando últimamente con las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. El mundo entero está suspendido al conteo diario de los resultados como si el que fuera a ser elegido se convirtiera en el presidente del mundo. De hecho las elecciones americanas han ocultado por completo los desastres electorales de Guinea Conakry y de Costa de Marfil. Tan es así que cualquier palabra descabellada o cualquier acción desubicada de parte del presidente americano puede ser dañina en lugares insospechados lejos de su país.

Los EEUU son una democracia desde 1835. Costaría entender que después de tantos años no se haya desarrollado un sistema serio y eficaz, blindado contra toda posibilidad de fraude. Si es así, ¿cómo es que el presidente Trump acusa a la parte contrincante de organizar un pucherazo? Es todavía más difícil entender la postura de Trump cuando generalmente, en los países dónde hay fraude electoral, la culpa es del que gobierna y no del que aspira a gobernar. No es por primera vez que Trump recurre a esta estrategia. Ya en 2016 acusaba a los Demócratas de amañar los votos en contra de su elección. Y si el sistema es tan vulnerable y conocido desde siempre ¿por qué no intentó reformarlo o reforzarlo o sencillamente cambiarlo durante sus cuatro años de mandato?

El problema que suscitan estas declaraciones es que dan alas a los dictadores del mundo entero que encuentran una cierta justificación a sus métodos. De pronto te dicen que también en Estados Unidos que se declaran heraldos de la democracia, hay dudas en los resultados electorales; que también allí se cuentan votos durante días o semanas sin que se conociera al vencedor. Cuesta entender que los americanos no hayan encontrado un método más moderno con toda la tecnología a su alcance para que los resultados sean conocidos el mismo día como en el resto de países avanzados.

Últimamente, la actitud de Estados Unidos ha sido a veces muy irresponsable como superpotencia cuando tomaron decisiones solamente como país. Por ejemplo, al retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Los países que suelen estropear los derechos de sus ciudadanos encontraron una justificación a sus fechorías. La presencia de una potencia como América en un organismo le da fuerza y contundencia con respecto al resto del mundo. Cuando se retira, el organismo queda como una carcasa hueca sin peso real. Es de pensar que si los EEUU estuvieran en los acuerdos del Tribunal Penal Internacional, más de uno tomaría sus precauciones antes de organizar los crímenes contra la humanidad.

Hemos de valorar positivamente el mandato de Trump en la medida en que fue el único presidente que, en los últimos años, no invadió ningún país extranjero ni envió tropas a desequilibrar el mundo. Pero su retirada de los Organismos Internacionales contribuyó a debilitarlos. Esperemos que el nuevo presidente sepa volver a la escena internacional que le corresponde sin necesariamente abusar de su poderío.