(Dr. Gaetan)
Acontinuación el enlace de sus discurso
https://youtu.be/vVnnaFezWbM
(Dr. Gaetan)
Acontinuación el enlace de sus discurso
https://youtu.be/vVnnaFezWbM
(Gaetan)
Después de un viaje largísimo con la compñía Real Air Maroc proveniente de Bangui (República Centroafricana), he dejado pasar unos días para tomar distancia antes de escribir estas líneas en las que constato que no todos somos iguales según que uno es del sur o del norte de este planeta. Siento decirlo así en voz alta pese a que no suelo alarmarme mucho en estos temas cuando soy víctima de un trato desigual. Dios me ha dado una capacidad extraordinaria de relativizar ciertos gestos o de convertirlos en algo anecdótico. Pero esta vez, relataré el hecho en cuestión:
El 18 de septiembre, tenía un billete de avión en el que estaba previsto que viajara de Bangui à Madrid pasando por Casablanca. El viaje debía desarrollarse en un mismo día según la reservación inicial. Una semana antes, me comunicaron que todo había cambiado y que el avión tendría una escala en Douala por lo que mi conexión con Madrid el mismo día era imposible. Me obligaron sin consultarme a coger el vuelo del día siguiente, 19 de septiembre por la tarde. En la oficina de Bangui, me aseguraron que la compañía se ocuparía de mí en el aeropuerto alojándome en un hotel.
En la tarde del 18 de septiembre, llegamos a Casablanca. Durante el vuelo, había localizado algunos españoles que tenían el mismo programa que yo. Fuimos recorriendo el aeropuerto para presentarnos al control de pasaportes y explicar nuestro caso. Los tres españoles que estaban conmigo recibieron la autorización para pasar el control e ir a un hotel dentro de la ciudad. Cuando llegó mi turno inmediatamente después, el agente miró mi pasaporte africano y mi tarjeta de residencia española y sin más me indicó que no podía seguir a los españoles porque necesitaba un visado de tránsito para acudir a un hotel fuera del aeropuerto. No había nada más que discutir.
Dentro de mi cabeza giraban varias cuestiones: los españoles y yo teníamos el mismo programa de viaje, una misma compañía, un mismo problema, un mismo destino. Habíamos pagado lo mismo y tenido el mismo cambio de vuelo involuntario y también habíamos recibido la misma promesa de pasar la noche en un hotel. Sin embargo, la solución a nuestro problema fue diferente por el hecho de tener pasaportes diferentes. Ellos tenían un pasaporte potente y yo uno débil. Ellos, europeos, fueron a pasar una noche tranquila en la ciudad y yo, africano, me limité a acurrucarme en un sofá dentro del aeropuerto durante casi 24 horas.
Evidentemente, los españoles no tenían ninguna culpa en esta historia ni el agente de inmigración tampoco. La culpa la tenía el sistema mundial que segrega a los humanos en clases y categorías dando derechos a unos y negándolos a otros por el mero hecho de haber nacido en lugares diferentes. Los españoles tenían suerte de haber nacido en un país europeo y de vivir en un país cuyo pasaporte tiene cierto peso en el mundo. Pero no dejo de hacerme una serie de reflexiones: ¿como es posible que un europeo pase sin visado a una aduana africana y un africano no puede pasar en su propio continente? Es evidente que esta realidad tiene muchas explicaciones legales pero no deja de ser frustrante. De hecho, me encontré con varios africanos en el mismo salón del aeropuerto viviendo la misma experiencia que yo. En este mundo, no somos iguales como se dice; dependiendo de dónde eres, puedes tener uno u otro trato.
A raíz de esta historia, vuelvo a preguntarme por qué los paises africanos no consiguen quitar estas formalidades a veces absurdas para que el continente sea algo más transitable para todos. Si los países europeos consiguieron quitar las fronteras, ¿por qué los demás paises que tienen un configuración común no harían lo mismo? Hace unos años, Ruanda decidió quitar los visado a todos los ciudadanos africanos y en el caso de necesidad, recogerlo directamente en el aeropuerto de destino. Esta medida lleva años funcionando y no hay indicios de que este pequeño país haya tenido un problema de inmigración irregular exagerada. Sin embargo, los otros paises africanos siguen arrastrando los piés de una manera un tanto incomprensible.
(Dr Gaetan)
Con el inicio de la agresión de Rusia a Ukrania y los posteriores acontecimientos regionales y mundiales, está claro que el orden mundial vigente está a punto de cambiar. Todos los análisis apuntan a un cambio de ciclo y a una reorganización de los equilibrios mundiales. La pregunta es: ¿África en su conjunto tendrá una palabra en el futuro reparto del mundo?
La guerra de Ukrania no es un elemento aislado y marginal. Prueba de ello es la reactivación repentina de la OTAN que el presidente francés había calificado, no hace mucho, de organización en muerte cerebral; la gesticulación de China con respecto a Taiwan; la reactivación de las relaciones entre los países occidentales y Venezuela; la declarada alianza entre Rusia, Irán, Corea del Norte y China etc. Todos estos elementos muestran hasta que punto lo que está pasando en Ukrania tiene un alcance mundial y marca un antes y un después en las relaciones internacionales.
Entre tanto, la diplomacia de unos y otros se está desplegando en África para involucrar el continente en los acontecimientos y prepararle al futuro orden mundial. El ministro de asuntos exteriores ruso, Serguei Lavrov visitó recientemente algunos países (Egispto, Rep. del Congo, Uganda, Etiopía) con una clara intención de fortalecer las relaciones y asegurarse del apoyo en el tablero mundial; el presidente francés, Emmanuel Macro, hizo una gira por Camerún, Benín y Guinea Bissau en la que tachó a los africanos de hipócrita al no posicionarse claramente a favor de Occidente en su contienda contra Rusia; y por último, el secretario de Estado de USA, Antony Blinken, también pasó por Suráfrica, RDCongo y Ruanda con una agenda que sin duda tenía que ver con el panorama mundial aunque camuflada bajo el paraguas de los conflictos de la zona de los Grandes Lagos y los problemas de gobernanza.
Todos estos movimientos tienen el objetivo de obligar a África a tomar postura por unos y contra otros pero casi siempre a favor o en contra de los intereses ajenos. No se trata de defender los intereses africanos sino más bien de entrar en la dinámica iniciada por otros. De hecho, es muy curioso que no se esté viendo a los presidentes africanos reuniéndose regionalmente o continentalmente para analizar juntos el panorama mundial, harmonizar las posturas que defiendan los intereses africanos o sencillamente para hablar con una sola voz. Está claro que la voluntad de los países potentes es de empujar a cada uno de los países de África, de manera aislada, a un nuevo orden mundial que se decidirá con el apoyo de África pero sin que ésta tenga una voz única. En este caso, el continente corre el riesgo de pasar otros cincuenta años a más luchando contra un sistema que se habrá fijado sin tener en cuenta de sus intereses.
Cabe recordar que no sería por primera vez que África se ve involucrada en unas decisiones tomadas fuera de ella. En el siglo XVI, Europa decidió sin consultar a nadie que los africanos serían esclavos para rentabilizar las plantaciones recién adquiridas en América; al final del siglo XIX, las potencias europeas decidieron repartirse África y colonizarla en la famosa Conferencia de Berlin (1884-1885). África se enteró más tarde de que ya no tenía autonomía sino que cada entidad pertenecía a un país extranjero. Durante la Segunda Guerra Mundial, el continente africano participó en el conflicto, bien enviando a sus hijos a la guerra, bien proporcionando suministros diversos. Sin embargo, al finalizar la Guerra, el nuevo orden mundial se negoció en su ausencia. Y allí estamos, dando vueltas sin posibilidad de cambiar lo que se fijó sin nosotros.
En estos momentos, la preocupación de los dirigentes africanos debería ser encontrar una manera de proponer algo con una voz potente y convincente en la nueva organización del mundo que se avecina. Como continente que tiene todo a su favor de cara al futuro, no debería dejar pasar la oportunidad de participar en las decisiones que marcarán una nueva época. Si no es así, vamos a tomar mal la curva, una vez más.
(Gaetan)
La mañana del lunes 19 de abril de 2021, los habitantes de Ndjamena, la
capital de Chad, se levantaron atónitos ante la presencia masiva de los carros
de combate que habían acordonado toda la ciudad. Los rumores no tardaron en
circular hablando de la inminente llegada de los rebeldes de FACT (Frente para
la Alternancia y la Concordia en Chad) quienes, días antes, habían reanudado
sus ataques en el norte del país.
El martes 20 de abril, la Comisión electoral proclamó muy temprano los
resultados de las elecciones presidenciales, declarando al presidente mariscal
Idriss Deby ganador por un sexto mandato. La noticia no era ninguna sorpresa ya
que se suele decir que en África nadie pierde las elecciones que ha organizado.
Lo sorprendente y aterrador fue que, horas después, la televisión nacional
declaró que el presidente había muerto en un campo de batalla, luchando contra
los rebeldes en el norte del país. La noticia sacudió a la nación y a África
entera. Horas después, los ciudadanos se enteraron de que un comité militar de
transición dirigido por su hijo, el general Mahamat Idriss Deby, aseguraría las
riendas del poder, después de suspender la Constitución y todas las demás
instituciones. A partir de este momento, surgieron muchos interrogantes: ¿el
presidente murió en un campo de batalla o fue víctima de un golpe de Estado con
la complicidad de su hijo?
Idriss Deby Itno llegó al poder en 1990 después de una guerra que arrancó
en Libia y expulsó al dictador Hissène Habré que había ayudado años antes a
tomar el poder contra Goukouni Oueddei. Fiel aliado de Francia, se deshizo de
la oposición democrática, quitó la limitación de los mandatos en 2004 y consiguió
asentar su dictadura durante 30 años.
En 2008, un conjunto de movimientos rebeldes dirigidos por su principal
opositor, Timane Erdimi, entró en la capital. Acorralado en la presidencia, sin
posibilidad de salida, resistió valientemente y repeló el ataque gracias a la
ayuda de Francia. En realidad, Francia
ha sido siempre su protector en los momentos críticos a pesar de sus derivas
dictatoriales y su actitud a aniquilar la oposición. En febrero 2018, Francia
volvió a salvarle en una operación en la que intervinieron los aviones
“mirages” para destruir las columnas de vehículos rebeldes en el norte del
país.
Idriss Deby, a pesar de sus discursos a veces hostiles al imperialismo, ha
permanecido siempre fiel a Francia. En 2003, ayudó al general François Bozizé
entonces reputado cercano a Francia, a tomar el poder en la República
Centroafricana. En 2013, no dudó en enviar sus tropas a Mali para apoyar los
militares franceses en la operación Serval contra los yihadistas.
Posteriormente, autorizó que su territorio fuera base principal de la operación
Barkhane en la que más de 4 mil militares franceses organizan la lucha contra
el terrorismo en el Sahel. Hay que recordar que Chad alberga bases militares
francesas que constituyen un puesto esencial en el control de la región.
Por lo que se refiere a su personalidad, es imposible no hablar de su gusto
por la guerra. Deby siempre se ha sentido militar y guerrero. De hecho, no
dudaba en ir al frente de batalla para animar a sus soldados organizando
personalmente las operaciones. En 2020, se puso al frente de su ejército para
enfrentarse a Boko Haram en la región del Lago Chad. A su vuelta, se colocó el rango
militar de mariscal. La guerra para él era como un deporte. Toda su vida estaba
configurada por su carrera militar y los diversos enfrentamientos tanto contra
los grupos armados como contra las voces opositoras.
La muerte de Deby suscita algunas preguntas sin respuestas en este momento:
¿cómo fue posible que el presidente sobreprotegido y muy precavido,
acostumbrado a conducir la guerra, fuera alcanzado mortalmente por el enemigo?
¿por qué la sucesión no siguió los cauces ordinarios establecidos por la
Constitución del país? ¿por qué el presidente Emmanuel Macron quiso asistir
absolutamente al entierro y de paso, legitimar al consejo de transición
instalado ilegalmente y dirigido por el hijo del fallecido mariscal? Todo lo
que podemos decir es que parte de África sigue siendo un laboratorio dónde se
ensaya todo tipo de escenarios políticos burlándose de la ley.
(Gaetan)
En una mañana como esta del 7 de abril, estaba en
algún lugar de las montañas de Rwanda sin saber que mi vida y la de millones de
personas tomaría un giro radical y que tanto para mí como para todos los ruandeses,
habría un antes y un después. Tenía 22 años, en aquel año 1994. Era ya
seminarista. Aquella mañana fatídica, estaba de vacaciones con mis padres y mis
hermanos.
Al levantarme, abrí la radio para escuchar las
noticias. No oía nada más que música patriótica en las dos cadenas disponibles
en lengua nacional. Muy extraño a esas horas. De repente, una voz amarga
anunció lo inesperado: “El presidente Habyarimana ha muerto. Su avión fue
derribado ayer, el 6 de abril, la noche. Junto a él murió el jefe de Estado
Mayor del Ejército. Las autoridades piden a todo el mundo quedarse en su
casa". Me quedé literalmente petrificado.
Anuncié la noticia a mis padres que también se estaban
levantando. Todos quedamos helados. No conseguimos intercambiar otra palabra.
Cada uno intentaba digerir la noticia a su manera pero todos en medio de un
temor sin precedentes. Miré a la carretera principal que pasa debajo de la
montaña, no vi ningún coche pasar. Nunca un tal acontecimiento había ocurrido
en Ruanda. El país acababa de quedar sin cabeza en una situación de guerra.
Creo que fue el día en el que los ruandeses hablaron poco en toda su vida.
Pasamos todo el día en un silencio asombroso.
Intentaba, por todos los medios, sintonizar las radios internacionales para
arrojar algo de luz sobre lo ocurrido y lo que ocurriría. Poco a
poco, no fuimos enterando de que también estaban en el avión el presidente de
Burundi y el jefe de estado mayor del ejército. El miedo se apoderó de todos.
Los dos países vecinos que compartían las mismas miserias étnicas, se quedaban
sin presidentes. Un año antes, la muerte del presidente de Burundi había
desencadenado unas matanzas horrendas en aquel país.
Ruanda estaba en guerra desde cuatro años. Durante
este tiempo, la tensión étnica y política había ido creciendo hasta alcanzar
niveles inéditos, previas a la explosión. La propaganda política había abierto
las viejas llagas. Los grandes partidos políticos habían creado cada uno sus
milicias que se comportaban como paramilitares. No pasaba ni un día sin que los
enfrentamientos entre las diversas milicias cobraran alguna víctima. La tensión
psicológica era insoportable. Todo el pueblo estaba en un clima comparable a la
antesala de un apocalipsis. El volcán estaba preparado para hacer irrupción en
cualquier momento. Cualquier cosa podía desencadenar lo desconocido. Lo veíamos;
lo sabíamos; lo temíamos. Lo que no se sabía eran las proporciones de la
catástrofe.
Después de aquella fecha fatídica, desde mi montaña,
empezamos a oír por los rumores de que las matanzas estaban en marcha en
distintos rincones del país empezando por la capital, Kigali. De manera sorprendente,
los milicianos de diversos políticos, esos que llevan tiempo enfrentándose, se
habían unido en un mismo bloque pasando todos a llamarse interahamwe,
denominación de origen para los milicianos del partido de Habyarimana. ¡Curiosa
unión en un tiempo tan pequeño! El genocidio acababa de empezar en Ruanda a
marchas forzadas. Los terribles interahamwe pasaban de casa en casa, de colina
en colina, de montaña en montaña matando a todos los que ellos llamaban
“enemigos”. Bajo esta palabra se escondía a todos los tutsis y a todos los que,
días antes, llevaban la contraria a Habyarimana. Morían los niños, las mujeres,
los ancianos, los enfermos, los funcionarios, los campesinos. Nadie podía
escapar de la maquinaria infernal de los implacables matones, desde la calle,
detentaban el poder. Las barreras estaban por todas partes. Alguien dijo que
los ángeles de la muerte habían salido del infierno. El diablo andaba suelto.
Aquel día, miraba a mi alrededor. Mis padres estaban despavoridos. Mis hermanos desorientados. Mis vecinos atónitos. Nadie podía proporcionarnos las verdaderas informaciones en aquella montaña aislada de la ciudad. Solamente las radios internacionales me decían alguna cosa y yo traducía a los demás. No me acuerdo haber comido algo. Mi vida estaba a punto de tomar un giro para mucho tiempo.
Poco después, salí de mi país huyendo. Pasé por miles
de aventuras y experiencias dignas de una película de Hollywood. Cuando volví a
Ruanda, casi 20 años después, ya sacerdote, encontré a mi montaña todavía en su
sitio. Las montañas observan los acontecimientos, callan y no cambian. Gracias
a Dios, puedo contar esta historia. Pero ¿Cuántas personas tanto tutsis como
hutus no tuvieron la misma suerte? ¡Ojalá no vuelva a ocurrir! Una oración
especial por todos los ruandeses: los que murieron después de aquella fecha y
los que siguen mirando las inmóviles montañas de Ruanda recordando a los suyos
a veces sin saber dónde acabaron sus restos.
(Dr. Gaetan Kabasha)
Después de Pierre Nkurunziza de
Burundi, John Pombe Magufuli es el segundo presidente que muere en la zona de
los Grandes Lagos en menos de un año y el tercero si contamos a Pierre Buyoya,
el expresidente de Burundi muerto hace poco en Mali. Todos sospechados de ser víctimas
de coronavirus aunque la versión oficial habla de paro cardiaco. Tanto para
Nkurunziza como para Magufuli, las especulaciones de todo tipo circulan sobre
sus respectivas muertes teniendo en cuenta que los dos tenían tres cosas en
común: el sentimiento nacionalista exclusivista, escepticismo sobre la realidad
del coronavirus y una mixtura político-religiosa envolvente
Magufuli, conocido como el “bulldozer”
por su afán de promover las infraestructuras, llegó al poder en 2015 y cambió
por completo la concepción del poder en Tanzania. Muy popular y sencillo, consiguió
impulsar la lucha contra la corrupción y poner en marcha muchos proyectos de
desarrollo a la vez que se deja ver como uno más en las asambleas religiosas.
Católico practicante, no dudaba en levantarse en plena misa para colaborar en
la colecta o servir como monaguillo. Esta dimensión social le hizo muy popular.
Pero al mismo tiempo, su política tomó un giro autoritario al mermar las
libertades individuales y colectivas como por ejemplo ningunear la oposición
democrática, despreciar la prensa, encarcelar al que se atreviera a oponerse a
sus ideas. Este lado negativo acompañará su imagen.
Los que especulan sobre una
muerte provocada sustentan en el hecho de que Magufuli se creó, por su
política, muchos enemigos potentes tanto en el interior como al exterior del país.
Dentro del propio sistema, su
lucha contra la corrupción que no dejaba a nadie indiferente pudo alcanzar a
los que, generalmente en África, se creen intocables, cortándoles la hierba
bajo los pies. Por otro lado, su tendencia a gobernar con autoritarismo pudo
haber puesto en alerta a los guardianes de la democracia tanzana. Hay que
recordar que Tanzania es uno de los países donde la democracia está muy bien
instalada y dónde el partido en el poder está por encima del presidente. También
su negativa a encararse a la pandemia de coronavirus, llegando incluso a
afirmar que se vence con la oración pudo haber puesto en alerta el sistema.
Como anécdota, hace poco la Conferencia Episcopal de Tanzania se enfrentó a él
afirmando que la pandemia estaba ganando terreno en el país y que la postura
oficial de negacionismo no ayudaba a salvar vidas. ¿Quién podía creer que el
presidente, ferviente católico, se viera en oposición al episcopado sobre un
tema puramente sanitario?
Desde el punto de vista exterior,
también Magufuli tuvo muchos enemigos de gran envergadura. Nada más llegar al
poder puso en marcho la revisión de los grandes contratos de multinacionales
mineras y llegó a ponerles multas millonarias. Su postura de favorecer la
industria local y frenar la intrusión exterior abusiva le llevó a enemistarse con
Occidente. De hecho, en sus más de cinco años de gobierno, nunca visitó un país
occidental al considerar que los viajes presidenciales costaban mucho dinero al
contribuyente. Su soberanismo exagerado no podía sino poner nerviosos a algunos
acostumbrados a dictar sus normas de conducta en los países pobres. Su desafío al
mundo frente a la lucha contra el coronavirus y su rechazo de las vacunas a
pesar de la insistencia de la Organización Mundial de la Salud fueron como una
gota que colma el vaso. Muchos le consideraban como un dirigente atípico y
tozudo.
Sea lo que sea la causa de su
muerte, Magufuli será recordado por su profundo amor a su gente, su sencillez
al lado de las clases bajas de la sociedad, su lucha contra la corrupción, su
austeridad, su afán de desarrollar el país por las infraestructuras y la
defensa de la soberanía nacional hasta el punto de llevar su país a un curioso
auto-aislamiento internacional. RIP Magufuli.
Libros :
Tesis doctoral
Kabasha, G., Le désir mimétique et les violences collectives. Pertinence de la théorie de René Girard dans l'analyse d'un conflit contemporain (Ediciones Universidad Sán Dámaso, Madrid 2021)
Libro de experiencia vital
Kabasha, G., Una mano invisible (Nueva Eva, Madrid 2021) p. 224
Artículos académicos:
- Kabasha, G. (2019). Deseo mimético y conflicto repetitivo en Ruanda. Revista Interdisciplinar De Teoría Mimética. Xiphias Gladius, (2), 49-64. https://doi.org/10.32466/eufv-xg.2019.2.565.49-64
- Kabasha, G. (2020). La contagion et l’anonymat dans les violences collectives. Revista Interdisciplinar De Teoría Mimética. Xiphias Gladius , (3), 105-120. https://doi.org/10.32466/eufv-xg.2020.3.631.105-120
(Gaetan Kabasha)
La catedral de Bouar, en el nordeste de Centroáfrica es un edificio circular, muy moderno con un tejado de zinc fabricado en Italia y una megafonía extraordinaria difícil de encontrar en otro lugar del país. Desde arriba, se ve este edificio con toda claridad ya que no se parece a ningún otro en toda la ciudad. Pues, desde unas semanas, esta catedral se ha convertido en un cobijo para 5 mil personas, desplazados de guerra. Todos sus rincones están tapizados por las estelas dónde duermen los niños, las mujeres, los ancianos junto con sus enseres como menajes de cocina, ropa etc.
Al lado se encuentra una clausura de las monjas clarisas que también ha
acogida a unas decenas de personas que llegaron despavoridas, huyendo de las
balas que cruzaban entre los rebeldes de CPC que ahora controlan la ciudad y
los militares aliados al gobierno central. La situación de la ciudad es
dramática; las escuelas están cerradas; los centros de salud saqueados. El
reloj de la vida parece haber dejado de girar hacia una dirección conocida.
Entre tanto, las monjas comparten lo poco que tienen con esta gente que ha abandonado
todo lo que tenía y se ha visto forzada a llevar una vida de enclaustramiento y
carencia.
En el otro extremo del país hacia el sureste, en Bangassou la situación,
aunque algo diferente, no es menos dramática. Allí miles de habitantes han
cruzado el rio Mbomou hacia la República Democrática del Congo, huyendo de la
misma guerra que nadie ya, a estas alturas sabe calificar bien. Los exiliados
se encuentran a la intemperie, sobreviven con nada, sin ayuda consistente de
nadie y cada día se levantan mirando al otro lado de la orilla, a ver si el
horizonte se esclarece para que vuelvan a sus hogares. También allí, las
escuelas están cerradas, las tiendas saqueadas, los organismos humanitarios
recluidos con miedo.
En medio de todo este caos, la Iglesia católica, siendo casi siempre
víctima de esta violencia ilógica, sigue dando lo mejor de sí misma, acogiendo,
ayudando, mediando, aconsejando, aliviando a unos y a otros. En todos los
lugares, queda como única institución que aguanta las embestidas violentas hasta
el final.
En Bangassou, todo el mundo huyó menos el obispo, los sacerdotes y las
religiosas. Todos decidieron quedarse a gestionar el desastre, cuidando a los
que no pudieron escapar. Mons. Juan José Aguirre acogió a su casa a los niños
del orfanato Mama Tongolo. Días después de la llegado de los rebeldes a la
ciudad, envió ropa a los refugiados al otro lado del río, a Ndu, dónde un
sacerdote de Bangassou, Don Gervil, hizo una distribución a los que más lo
necesitaba.
En otros teatros, la guerra sigue su curso y como siempre, son los más
débiles quienes más sufren sus estragos. Nadie sabe hasta cuándo acabará esta
guerra. Los rebeldes de CPC suya cabeza visible es el expresidente, el general
Bozizé, siguen empeñados en derrocar al gobierno central. Por otro lado, el
gobierno de Touadera, apoyado por Rusia, Ruanda y los cascos azules intenta
reconquistar el terreno perdido. En este momento, las ciudades de Bangassou,
Boda, Boali, Bossembele etc. han pasado bajo control de las fuerzas oficiales. Sin
embargo, el estado de emergencia y el toque de queda decretados en Bangui
siguen recordando a todos que la guerra puede irrumpir en la capital en todo
momento. Los centroafricanos se
preguntan cuándo tocará la liberación de Yaloké, Bouar, Bossangoa, Bambari,
Bria, Ndele y miles de pequeñas localidades que siguen bajo control de las
hordas rebeldes que solamente responden ante los señores de guerra muchas veces
extranjeros. ¿Cuándo pararán el exilio,
el desplazamiento forzoso, las atrocidades diversas, las violaciones de
mujeres, la separación de familias, el reclutamiento de niños, los saqueos, la
quema de las casas, el hambre? ¿Quién liberará África de las manos diabólicas
que mueven los hilos en la sombra, desde muy lejos, con el único objetivo de
expoliar el continente? Lo único que podemos decir es que nadie está fuera del
alcance del miedo ya que la violencia en estas circunstancias nunca sabe
discriminar.
(Dr Gaetan Kabasha)
Para entender el alcance de la fanfarronada
de Trump en sus últimos momentos en la Casa Blanca y su repercusión sobre le
continente africano, se puede partir de los memes que se han publicado en las
redes sociales por los propios africanos. Uno por ejemplo decía en Facebook que
el aferrarse al poder y la manipulación de las masas a favor de sus reivindicaciones
electorales es una prueba irrefutable de que Trump tiene conexiones mentales en
África. Cierto o no, es indudable que la actuación de Trump roza lo habitual en
nuestro continente dónde el que pierde las elecciones nunca reconoce al ganador
y dónde algunos presidentes se creen investidos por Dios como mesías
insustituibles, amparándose siempre en el pobre pueblo que usa y abusa para los
intereses personales.
Bromas aparte, hay algo en Trump que puede ser divertido y de alguna manera positivo: es su coherencia. De alguna manera cumplió con sus promesas electorales hasta dónde el sistema le permitió. Nadie dirá que puso en marcha las medidas que no figuraban en su programa electoral. Por tanto, el pueblo americano que le eligió debe darle gracias porque no actuó como aquellos que de candidatos presentan una cara y de presidente, otra. Por lo que se refiere a África, Trump dijo sin tapujos que era un continente de mierda. Sus análisis le habían llevado a esta conclusión. En el fondo, este hombre decía muy alto lo que los otros políticos de su esfera dicen muy bajo. Y en coherencia con su punto de vista, nunca pisó el suelo africano en todo su mandato. Juraría que nunca pisó África en toda su vida. Es un continente que no le interesa en nada. ¿Por qué poner sus pies en un agujero de mierda, pues?
Su política para con África queda invisible. Evidentemente, nadie puede acusarle de no interesarse por un continente por el que no había sido elegido. Tampoco se le acusará de haber iniciado o apoyado algún conflicto armado ni en África ni en ningún otro lugar. Sólo por eso, merece cierto respeto. Se dedicó a su país con sus métodos y sus mentiras, sus extravagancias y su supremacismo, pero eso no era nada nuevo porque justamente Trump no es un hombre que esconde sus convicciones, ni ahora ni antes.El problema con África es que
necesitamos una referencia y los EEUU lo deben ser por varios motivos: constituyen
una democracia moderna más antigua, son una superpotencia mundial y suelen dar
lecciones a la humanidad en casi todo. Solo por eso, necesitamos que den ejemplo,
aunque sea por pura apariencia. Lo que hacen los EEUU se repercute al resto del
mundo. Su política no se restringe al interior de sus fronteras en la medida en
que su posición de superpotencia proyecta todo hacia fuera.
La actitud de Trump en su manera
de gestionar el poder, sus decisiones etc. fueron un apoyo indirecto a los
dictadores africanos que creen que el país les pertenece en herencia. Los últimos
momentos, al no reconocer la derrota alentando las masas a la insurrección, fueron
particularmente dañinos a la imagen que el mundo tiene de los Estados Unidos.
Ahora, los dictadores se frotan las manos diciendo que América no tiene nada especial
que enseñarles en materia de elecciones. En esto, el trumpismo tiene que ver
con África de alguna manera.
Puede ser que Trump esté
convencido de haber sido víctima del sistema y que haya abandonado la Casa
Blanca injustamente. Lo que pasa es que la democracia es un sistema que se
parece a un juego en el que un jugador no elige ni el terreno, ni las leyes, ni
el árbitro. Si el sistema en que ejercía el poder le ha dicho que se fuera,
podría ser inmoral pero no será injusto. He aquí la grandeza de las instituciones
fuertes frente a las personas fuertes.
Trump quiso ser el hombre fuerte
y en eso también se parece a algunos presidentes africanos. La diferencia es
que los EEUU funcionan por medio de sus instituciones fuertes mientras que
África sigue pensando que necesita a los hombres fuertes. Es una lástima porque
los países donde existen los presidentes fuertes, colocados por encima de las
instituciones, también son ellos que están a la cola en el desarrollo y permanecen estancados
en la pobreza y la corrupción.
(Gaetan Kabasha)
El título parecería un eslogan vacío si fuera parte del discurso de algún político acostumbrado a embellecer las palabras huecas. Pues, no es así. Es una realidad que está ocurriendo en la República Centroafricana, un país azotado por la violencia. Este título se ve en muchos muros de las redes sociales de los centroafricanos hoy. Algunos van más allá, hablando de las elecciones que están teniendo lugar. Dicen por ejemplo que ir a votar ya no es solamente un acto cívico o patriótico sino más bien un acto de resistencia o algo así como los votos contra las botas. Todo esto muestra un espíritu de rebeldía contra los sanguinarios rebeldes que quieren sumergir al país en el caos por sus intereses escondiéndose detrás del estandarte de los intereses de los ciudadanos.
Hoy Centroáfrica organiza las elecciones más inciertas de su historia. Con varias partes de su territorio ocupadas por los rebeldes y una amenaza de irrumpir en cualquier momento en los lugares de voto para ahuyentar a los pacíficos ciudadanos que, no solamente se han levantado para cumplir con su deber democrático, sino también están diciendo con este voto que rechazan la violencia de los que pretenden hablar en su nombre.
Centroáfrica es un país algo más grande que España con una población que no rebosa los cinco millones de habitantes. Muchas de sus ciudades son aglomeraciones de casas que reflejan un nivel económico todavía muy bajo y un sistema de vida todavía rudimentario. La mayoría de sus carreteras en el interior del país son de tierra mal entretenida y en ciertos lugares parecerían más bien pistas forestales. Hace falta mucho sacrificio para llegar a algunas provincias con un vehículo. Sin embargo, este país cuenta como uno de los más ricos en riqueza natural. Allí se encuentran uranio, oro, diamante, hierro, petróleo etc. Todo todavía bajo tierra o explotado de manera tradicional sin ninguna maquinaría moderna.
Desde 2012, se desató una sangrienta guerra iniciada por los seleka mayoritariamente musulmanes que echaron al presidente cristiano, el general Bozizé. En reacción, se levantaron los antibalaka constituidos por todos los anti-musulmanes y lo que parecía una contienda política se convirtió en una barbarie de carácter religioso. Con la intervención de la Comunidad Internacional, la visita del Papa y las presiones diversas, la guerra bajó de intensidad tanto que se pudo celebrar elecciones presidenciales en 2015 en la que salió ganador el doctor Faustin Archange Touadera, el que fuera primer ministro del general Bozizé exiliado.
Durante cinco años, el país nunca fue pacificado del todo. Los grupos armados camparon en sus anchas explotando las minas en los territorios controlados. Acogiéndose a los acuerdos de paz de Karthoum, el presidente decidió no enfrentarse a ellos sino más bien contentarlos sin que nadie pudiera ver el real proyecto de futuro con respecto a este problema.
Cinco años después, apareció el general Bozizé de una manera repentina y un tanto clandestina sin que las autoridades llegaran a detectar sus movimientos desde el exilio. Empezó a movilizar a las masas dejando claro que pensaba presentarse a las elecciones contra su ex primer ministro, ahora presidente. Desgraciadamente, el Tribunal Constitucional invalidó su candidatura y frustró de repente su proyecto. Pero Bozizé no es un hombre que se deja aplacar por las leyes y los tribunales tan fácilmente. En su cabeza, es un mesías enviado por Dios para salvar al pueblo abatido por la violencia y la miseria. De hecho es un pastor en una iglesia que él mismo fundó en Centroáfrica. Se retiró a su pueblo natal, en el norte del país. Desde allí, consiguió reunir a los contrarios con una facilidad del que solamente él tiene el secreto. Ya en 2003, había conseguido constituir una rebelión con elementos heteróclitos y tomar el poder en Bangui. Esta vez, se trata de los seleka que hace siete años le echaron del poder y los antibalaka que hace poco juraban con acabar con los seleka. Esta mezcla muy curiosa tomó el nombre de CPC es decir Coalición de los Patriotas para el Cambio.
En muy poco tiempo atacaron distintas localidades y ciudades con el fin de llegar a Bangui e impedir las elecciones. Aparentemente no contaron con la determinación de los cascos azules que esta vez han querido demostrar que toman en serio su misión y el envío de centenares de militares ruandeses en el marco de los acuerdos bilaterales.
El resultado es que, a pesar de las amenazas y las intimidaciones en algunas localidades, los centroafricanos han podido votar en bastantes lugares. También es verdad que en otros, la situación de violencia e inseguridad acudir a las urnas lo que podría llevar a contestar los resultados finales. Más que un voto democrático ordinario, ha sido un voto de rechazo a la guerra, lo que podría otorgar al presidente saliente una mayoría aplastante más allá de lo que podría haber imaginado si no hubiera habido esta violencia insensata.
El peligro de este tipo de elecciones es que el presidente elegido puede encontrarse con un poder excesivo en una democracia todavía frágil. De hecho hay quienes empiezan a alentar un tipo de dictadura como forma de protegerse contra los rebeldes. Esperemos que la cosa no llegue a tanto.
(Gaetan Kabasha)
Hay pérdidas que sacuden todo un país y parte del extranjero. El imam Omar Kobine Layama es como esa vera que se apaga y deja parte de la casa en oscuridad sin que nadie sepa como sustituirla. Su muerte equivale a la pérdida de un gigante por su activismo durante el conflicto de la República Centroafricano y su compromiso sin fisuras por la paz entre las religiones.
Tuve la suerte de conocerlo en Madrid en febrero de 2017 cuando, junto al cardenal Nzapalainga hicieron una gira por España y de paso recogieron el premio Mundo Negro por su intensa actividad a favor de la reconciliación. En las distintas intervenciones, pudo expresar alto y claro que ninguna religión tiene que ser fuente de discordia entre los pueblos y caldo de cultivo de violencia gratuita. No lo decía como un político que repite las frases hechas sino como un hombre de convicciones, capaz de enfrentarse a los suyos con tal de presentar la cara más pacífica del Islam.
Su nombre saltó a la fama cuando la República Centroafricana se sumergió en una espiral de violencia con tintes religiosos. La agrupación Seleka de mayoría musulmana asaltó la capital y tomó el poder arrastrando detrás un sinfín de violaciones de los derechos humanos (matanzas, violaciones de mujeres, saqueos, torturas, incendios etc.). Como respuesta, los jóvenes desempleados de medio país se levantaron en diversos movimientos denominados antibalaka con el fin de acabar con todo musulmán viviente ya sea anciano o niño, mujer o enfermo. La violencia que inicialmente parecía política tomó un giro religioso tirando incluso al pre-genocidio.
El arzobispo de Bangui, el actual cardenal Dieudonné Nzapalainga invitó al responsable de la mezquita central de Bangui y al representante de las iglesias protestantes para reflexionar junto sobre la manera de parar la sangría mostrando con palabras y hechos que nadie necesitaba una guerra religiosa en el país. Se trataba de cortar la hierba debajo de los pies de los violentos, diciéndoles claramente que no tenían ningún mandato de las religiones por las que decían combatir. El imam Kobine Layama salió así de la sombra para brillar como una vela que aleja la oscuridad dónde se encuentra.
Su compromiso le valió persecución. Fue expulsado por los suyos que no entendían como un responsable musulmán puede sentarse con un responsable cristiano y hablar el mismo lenguaje. Es lo que tienen los santos. Son incomprendidos por los suyos siempre. Los extremismos no entienden de la moderación y la consideran como traición o cobardía. Sin embargo sabemos todos que el mundo nunca puede funcionar con los extremos. El imam se refugió en el arzobispado y compartió comida y techo con el cardenal durante meses, manifestando así su compromiso por la unidad y la paz.
La acción de la plataforma religiosa constituida por el trio de la paz (cardenal, imam y pastor) consiguió evitar una espiral de violencia religiosa globalizada. Pusieron en marcha comités interreligiosos en todas las provincias y en varios lugares pudieron alcanzar una verdadera reconciliación.
Este hombre que recorrió todo el país y medio mundo predicando la paz y la reconciliación sin tapujos y tomando postura sin medias tintas, a veces en contradicción con los musulmanes de su mezquita o de su país, se extinguió el 28 de noviembre en Bangui por una parada cardiorrespiratoria. Tenía 62 años. La funesta noticia recorrió el mundo como una pólvora porque parecía que un baobab acababa de caer en un descampado o que un oasis acababa de secarse en un desierto. Falleció además en un momento crucial porque Centroáfrica se prepara para las elecciones presidenciales y legislativas el 27 de diciembre.
Deseamos al imam un descanso eterno. ¡Ojalá su compromiso pueda tener transcendencia más allá de su presencia! ¡Ojalá haya otros dirigentes musulmanes dispuestos a seguir sus pasos! La paz no es algo que se construye por sí sola; la construyen los hombres de buena voluntad.
(Dr Gaetan Kabasha)
En una sola semana África ha perdido dos ex-presidentes que marcaron el continente cada uno a su manera pero todos en sentido positivo. Se trata de Amadou Toumani Touré de Mali y Jerry John Rawlings de Ghana. África les debe un tributo y les recordará como héroes y faros no solamente en sus países sino también en el continente.
Empecemos por el más antiguo y que probablemente ha dejada más frutos por sus decisiones: Rawlings. Este hombre entró en la política en 1979 como capitán del ejército del aire. De padre Escosés que nunca conoció y de madre ghanés, Rawlings no soportó la corrupción que veía en la clase política mientras su pueblo se sumergía en la miseria. Junto con unos cuantos compañeros intentó un golpe que falló. Detenido, fue juzgado en público en un estadio. Aprovechando la ocasión, reconoció el delito y transformó su juicio en un motín político. A la salida del juicio, el pueblo ayudado por algunos miembros del ejército le fue a sacar de la cárcel y en la confusión general, tomó la presidencia. El flamante presidente, joven de 32 años, mandó fusilar a los ex-presidentes y varios generales que el pueblo consideraba como la causa de todas las desgracias del país. El acontecimiento conmovió al mundo entero pero la señal era muy clara. Tres meses más tarde, entregó el poder a los civiles pensando haber limpiado la porquería. Volvió a su oficio del ejército.
En 1981, solamente dos años de aquel primer golpe, Rawlings constató la misma corrupción y la misma ineficacia de la nueva clase política. La indiferencia de la élite frente al pueblo le era insoportable. Se dio cuenta que se había equivocado al entregar el poder sin cambiar la mentalidad. Volvió a tomar el poder y esta vez afirmando que volvía para quedarse. Instauró un tipo de gobierno de tendencia socialista y panafricanista sin romper del todo con las instituciones capitalistas. Se dedicó a cambiar la mentalidad del pueblo ghanés; resucitó el espíritu de Kwame Nkrumah considerado como el padre del panafricanismo. Durante 18 años, nunca apareció como los sátrapas que mandaban en muchos países africanos en aquella época. La sobriedad y la sinceridad eran su arma.
En 1992, decidió seguir la corriente general de África y instauró el multipartidismo. Hizo votar una constitución que fijaba el límite de mandatos presidenciales a dos. En el año 2000, después de finalizar su segundo mandato, organizó las elecciones sin ser candidato y reconoció la victoria del candidato de la oposición. Se retiró de la política después de ofrecer al país unas instituciones sólidas y estables. Hoy en día, Ghana es el ejemplo de democracia y alternancia en todo el continente.
Rawlings muere siendo un hombre sobrio y sincero. En los últimos años, se dejaba ver en la calle o en el mercado como un hombre cualquiera, admirado por su pueblo. También se dedicaba a aconsejar a los mandatarios que acudían a él en busca de ayuda. RIP
Pasemos ahora a Amadou Toumani Touré llamado ATT. Militar de carrera, general, tomó el poder en Mali en 1991 para poner fin al desorden instalado en el país por las manifestaciones populares contra el dictador Moussa Traoré. Organizó una conferencia nacional para crear un consenso sobre la gobernanza del país y después de una transición de un año, entregó el poder al nuevo presidente civil elegido democráticamente. ATT se retiró con cabeza alta. A partir de este momento, se convirtió en un héroe para muchos jóvenes africanos que vieron en él una encarnación de la virtud en un momento en que los dictadores asolaban el continente, aferrados al poder como una sanguijuela sobre la piel.
Por su sabiduría y experiencia, fue enviado a la República Centroafricana para ayudar a resolver el conflicto político que había llevado a los motines de una parte del ejército contra el presidente Ange Felix Patassé.
En 2002, ATT presentó su candidatura a las elecciones presidenciales y fue elegido con una holgada mayoría. El pueblo veía en él un soldado de la democracia y depositó sus esperanzas en él. El primer mandato pasó sin grandes problemas. Sin embargo, el segundo mandato que gano en 2007 no le fue bien. No supo gestionar bien el conflicto de los pueblos del norte que querían la independencia de AZAWAD. Las derrotas sucesivas del ejército crearon un descontento tan fuerte que la situación se hizo insostenible. Dos meses antes del final de su mandato en 2012, fue derrocado por un golpe de Estado pilotado por el capitán Amadou Sanogo. El mundo entero se conmovió del golpe y quiso reaccionar a favor de la vuelta a la normalidad democrática con ATT a la presidencia pero éste sorprendió a todos renunciando al cargo. No fue un final feliz pero fue un final de valentía y de amor por su pueblo.
Amadou Toumani Touré sufrió el exilio y las injustas humillaciones pero al final pudo volver a su país dónde falleció el 10 de noviembre de 2020.
África necesita a hombres que aman a su pueblo más que al poder y que están dispuestos a entregarse cuando haga falta para restablecer la dignidad de su país.
(Dr Gaetan)
Cuando un país se erige en una superpotencia mundial, tiene que asumir una serie de responsabilidades tanto dentro como fuera de sus fronteras. No es lo mismo ser un país con poca proyección mundial que ser una potencia de la que convergen todas las miradas y cuyas acciones tienen consecuencias en todos los continentes. Prueba de ello es lo que estamos presenciando últimamente con las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. El mundo entero está suspendido al conteo diario de los resultados como si el que fuera a ser elegido se convirtiera en el presidente del mundo. De hecho las elecciones americanas han ocultado por completo los desastres electorales de Guinea Conakry y de Costa de Marfil. Tan es así que cualquier palabra descabellada o cualquier acción desubicada de parte del presidente americano puede ser dañina en lugares insospechados lejos de su país.
Los EEUU son una democracia desde 1835. Costaría entender que después de tantos años no se haya desarrollado un sistema serio y eficaz, blindado contra toda posibilidad de fraude. Si es así, ¿cómo es que el presidente Trump acusa a la parte contrincante de organizar un pucherazo? Es todavía más difícil entender la postura de Trump cuando generalmente, en los países dónde hay fraude electoral, la culpa es del que gobierna y no del que aspira a gobernar. No es por primera vez que Trump recurre a esta estrategia. Ya en 2016 acusaba a los Demócratas de amañar los votos en contra de su elección. Y si el sistema es tan vulnerable y conocido desde siempre ¿por qué no intentó reformarlo o reforzarlo o sencillamente cambiarlo durante sus cuatro años de mandato?
El problema que suscitan estas declaraciones es que dan alas a los dictadores del mundo entero que encuentran una cierta justificación a sus métodos. De pronto te dicen que también en Estados Unidos que se declaran heraldos de la democracia, hay dudas en los resultados electorales; que también allí se cuentan votos durante días o semanas sin que se conociera al vencedor. Cuesta entender que los americanos no hayan encontrado un método más moderno con toda la tecnología a su alcance para que los resultados sean conocidos el mismo día como en el resto de países avanzados.
Últimamente, la actitud de Estados Unidos ha sido a veces muy irresponsable como superpotencia cuando tomaron decisiones solamente como país. Por ejemplo, al retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Los países que suelen estropear los derechos de sus ciudadanos encontraron una justificación a sus fechorías. La presencia de una potencia como América en un organismo le da fuerza y contundencia con respecto al resto del mundo. Cuando se retira, el organismo queda como una carcasa hueca sin peso real. Es de pensar que si los EEUU estuvieran en los acuerdos del Tribunal Penal Internacional, más de uno tomaría sus precauciones antes de organizar los crímenes contra la humanidad.
Hemos de valorar positivamente el mandato de Trump en la medida en que fue el único presidente que, en los últimos años, no invadió ningún país extranjero ni envió tropas a desequilibrar el mundo. Pero su retirada de los Organismos Internacionales contribuyó a debilitarlos. Esperemos que el nuevo presidente sepa volver a la escena internacional que le corresponde sin necesariamente abusar de su poderío.
Dr Gaetan Kabasha
La globalización llevada a cabo
por la comunicación global et el intercambio de información de un lado a otro
conlleva la homogeneización universal de muchos de los elementos que antes eran
locales, culturales o geográficas. Uno de esos elementos se refiere a los
sistemas de organización social y política. Ningún país puede vivir
indefinidamente al margen del viento de la democratización de las
instituciones. Sería ir a contra corriente de la globalización. Las dictaduras
existentes acabarán desmoronándose sencillamente porque la democracia parece el
camino de la humanidad en evolución. De la misma manera que la vuelta atrás a
los sistemas ancestrales es imposible, el estancamiento en las tiranías tampoco
será posible a largo plazo. El ser humano es mimético y evolutivo. Vive
imitando las formas de vida de los demás y tiende a desprenderse de lo que
obstaculiza su libertad. Así mismo, es obvio que el sistema democrático
constituye el futuro de la humanidad. No adoptarlo significará poco a poco ir
en contra del viento de la evolución y enfrentarse a la lucha de las masas
populares que acabarán entendiendo que se están quedando al margen de la
historia.
Esto mismo se puede observar en la historia reciente en algunos países lo vivido hace poco en la primavera árabe, aunque el proceso no haya concluido de manera satisfactoria en todos los países en cuestión. ¿Quién se imaginaba el derrocamiento seguido de la humillación de Kadhafi o Hossin Moubarak? También se podría aplicar lo dicho al proceso revolucionario que se vivió en Burkina Faso y en Sudán. Tanto en el uno como en el otro país, el pueblo se encargó de girar la rueda de la historia, expulsando a los sátrapas poderosos que se creían inamovibles.
Cuando un pueblo alcanza su madurez y consigue la información necesaria, vence el miedo y lucha por su libertad. Nadie es capaz de parar el huracán desatado en estas circunstancias.
La fuente de legitimidad
El poder se sustenta sobre la
legitimidad reconocida por el pueblo. Si esta legitimidad es frágil o
inexistente, el pueblo se rebela y deja de reconocer a los que ostentan el
poder. El proceso puede ser lento pero al fin y al cabo, este fenómeno acaba
produciéndose. La rebeldía es el primer paso al mecanismo revolucionario que
puede arrancar de un hecho insignificante como una chispa que enciende el
bosque. Realmente no es la chispa la que origina la revolución sino que
constituye una gota que colma el vaso.
Los sistemas antiguos sacaban su
legitimidad en Dios quien da el poder al rey y éste a su vez transmite el mismo
poder a uno de sus herederos de tal manera que la monarquía es reconocida por
el pueblo como autoridad que va de Dios al padre y del padre al hijo. Santo
Tomás llegó a decir que la monarquía era el mejor sistema de gobierno ya que el
monarca obedece a Dios, encarna la autoridad y reina por todo el pueblo. En
este caso, se opone a la tiranía que suele ser un gobierno de uno que no
obedece a nadie por encima, que busca el bien propio y que por tanto no tiene
ninguna fuente de legitimidad que la propia fuerza del tirano. Es de suponer por
tanto que la monarquía sobrevive gracias a un componente importante de creencia
en Dios y en las costumbres. Sin ellas, pierde fuerza. Sin embargo, se sabe, a
raíz de las recientes investigaciones socio-antropológicas, que realmente la
monarquía surgió, no por la creencia en Dios, sino por el deseo de alejar el
poder de la masa y colocarlo en un lugar sagrado, lejos de las rivalidades
violentas.
Más tarde surgió la democracia
que plantea el tema de la legitimidad de otra manera. En lugar de encontrar la
fuente en Dios y la transmisión hereditaria, la democracia funda su legitimidad
en la soberanía popular. El pueblo es la fuente de legitimidad por medio de la
Constitución y de otras leyes votadas por el pueblo mismo o por sus
representantes legítimos. En una democracia, el pueblo tiene el poder y lo
presta a uno o varios por un mandato bien determinado. Ahí radica la
alternancia democrática que es uno de los rasgos característicos de este
sistema de gobierno. Al mandatario que no satisface al pueblo se le retira el
mandato en un proceso de elecciones libres dónde cada ciudadano se expresa
soberanamente.
Al lado de las dos fuentes de
legitimidad reconocida, se ha instalado otra fuente de legitimidad anómala que
es la fuerza. Se trata de la dictadura o la tiranía. Es un sistema de gobierno
dónde una sola persona o un grupo de personas se imponen al pueblo por el
terror y la fuerza constituyéndose como propietario de un poder que de hecho
ejerce. En muchos casos, el dictador se erige como salvador del pueblo quitando
de en medio a otro o aliviando al pueblo de una calamidad (hambre, guerra
civil, pobreza, desorden etc). En un primer momento, el pueblo lo acoge con los
brazos abiertos como un mal menor e incluso lo aclama como un verdadero
libertador. Pero poco a poco, su poder se va convirtiendo en un reino de terror
y de corrupción, ignorando al pueblo o tiranizándolo. Esta fuente de
legitimidad que surge de la fuerza de las armas es muy frágil y nunca se
mantiene de manera natural sino ejerciendo la coacción (asesinato,
encarcelamiento, tortura, miedo etc).
Con el paso del tiempo, la
democracia ha ido ocupando el espacio, imponiéndose incluso a la monarquía
tradicional. Fijando la soberanía popular como fuente de legitimidad, la
democracia es más atractiva en un mundo en el que las creencias se debilitan
cada vez más y en el que el hombre quiere ejercer su libertad en todos los
ámbitos de la vida personal y social. En este sentido, las monarquías modernas
se han adaptado al sistema democrático, haciéndose validar por el proceso
electoral que fija la constitución. Esas monarquías se llaman constitucionales
haciendo hincapié en que el pueblo les ha otorgado legitimidad en algún momento
de su historia democrática.
También las dictaduras intentan
pasar por un proceso democrático, pero manipulando las urnas o la opinión
pública o sencillamente metiendo el miedo en el pueblo para que elija, no lo
que quiere, si no la voluntad del que ocupa ilegítimamente el poder. El proceso
no puede ser más que un fraude que deja al descubierto el sistema que no puede
alardearse de ser ni democracia ni monarquía. Este poder que suele girar en
torno a un personaje fuerte funciona hasta que, por alguna fisura, todo se
desmorona dejando atrás un caos. Al final, el hombre fuerte es el señal de la
fragilidad del sistema.
¿Por qué las dictaduras no
tienen futuro?
La marcha de la historia no tiene
vuelta atrás. El mundo conducido por la globalización ya no es un conjunto de
entidades culturales encerradas en sí mismas sin apenas apertura al exterior
sino una aldea dónde las estructuras van siendo poco a poco homogeneizadas. Es
imposible por ejemplo hoy en día que un pueblo viva sin enterrarse de la forma
de gobierno de países vecinos con el flujo de noticias que llegan cada día al
conjunto de la humanidad o que un tirano organice una matanza de su pueblo sin que
el mundo entero se dé cuenta del evento el mismo día. Es de suponer que el
futuro hará la información mucho más rápida todavía con la tecnología más
barata para el conjunto de la humanidad. Mientras que antes existían solamente
unos cuantos periodistas profesionales para informar al mundo, actualmente todo
el mundo que tenga internet puede vehicular información en tiempo real.
Por todo ello, el pueblo
tiranizado irá entendiendo que el mejor sistema de gobierno es el que deja la
libre expresión y responde a sus intereses pudiendo cambiarlo cuando quiere. El
cambio podrá ser pacífico en los lugares dónde los dictadores saben anticipar
el futuro o con las presiones de la Comunidad Internacional que acabará
tolerando menos a los que reprimen a su pueblo o con el levantamiento del
pueblo en una revolución que puede llegar a ser violenta. Pensemos por ejemplo
en la influencia de las redes sociales que pueden alcanzar la expulsión de los
dictadores del espacio mediático, consiguiendo con ello obligar a los gobiernos
democráticos a revisar sus relaciones con tales individuos.
En la agenda del futuro, no hay
dictadura. Este tipo de regímenes que se basa en la manipulación, la ignorancia
y el miedo irá derritiéndose poco a poco, de país en país, cuanto más va avanzando
la educación y cuanto más la gente va teniendo acceso a la información. Cada
vez más será difícil identificar y perseguir a todos los que opinan o difunden
información con la tecnología al alcance de todos. El dictador Mobutu dijo
alguna vez refiriéndose al apartheid de Suráfrica: “el fruto cae del árbol
cuando es maduro, sin embargo, con el huracán, maduro o no, cae de todas
maneras”.
(Dr Gaetan Kabasha)
Cuando el pasado martes 18 de agosto los militares llevaron a cabo el golpe
de Estado en Mali, la población salió masivamente a la calle para felicitar a
los golpistas. También algunos africanos de otros países en sus redes sociales
parecen estar contentos de la acción. Lo que unos y otros olvidan es que el
problema de Mali no arranca con el presidente arrestado, Ibrahim Boubakar Keita
ni terminarán con las nuevas autoridades por muy militares que sean.
Existe un error extendido en África según el cual la democracia lo resuelve
todo. En realidad es una manera de huir de los problemas pensando que las
soluciones llegan con esta palabra mágica. Nadie para un poco a reflexionar
sobre este concepto de democracia, lo que supone, cómo funciona, qué es y qué
no es. No sería despiadado pensar que muchos confunden democracia con el voto
democrático cuando el voto es una parte de un gran conjunto. Democracia no se
limita a organizar las elecciones. Se trata de algo más.
Para empezar, hay que saber que antes de poner en marcha una democracia,
hace falta unos fundamentos previos sin los cuales todo se viene abajo. Hay
requisitos pre-democráticos que necesitan ser estudiados y equilibrados antes de
plantear el proceso democrático que aboca en las elecciones. Estos requisitos
son entre otros la existencia de un Estado, el consenso general sobre la forma
de gobierno que se quiere, la resolución de problemas identitarios existentes
entre las diferentes comunidades, pacto sobre las líneas rojas y las reglas de
juego etc. Si estos requisitos fallan, no hay democracia que prospere y las elecciones
transparentes no resuelven ninguna crisis profunda.
Volvamos a Mali. Estamos ante un país con una superficie dos veces España con
solo 15 millones de habitantes dispersados sobre una tierra desértica. La
población del norte tiene un fuerte sentimiento de abandono por parte del sur
dónde está la capital Bamako y se envuelve en una espiral independentista que
el sur es incapaz de controlar. Los touaregs mayoritariamente instalados en el
norte, reagrupados en el MNLA proclamaron la independencia de AZAWAD. Recientemente,
con la destrucción de Libia y el flujo de las armas en el Sahel, a este
sentimiento independentista se ha añadido el terrorismo islámico de los
movimientos que quieren controlar el país e implantar la sharia. El ejército de Mali es incapaz de asegurar la soberanía nacional en todas sus fronteras. Al gobierno central se le escapa una buena parte del territorio y la frustración del pueblo ante esta impotencia es cada vez fuerte.
A parte de estos problemas que son de importante calado, el país vive
constantemente en crisis políticas y económicos que hacen que después de la
Independencia haya habido varios golpes de Estado que alteran con tiempos de
elecciones democráticas sin que ningún régimen haya podido solucionar los
problemas reales del país.
Cuando en 1991, el general del ejército Amadou Toumani Touré hizo un golpe
de Estado y organizó las elecciones democráticas sin presentarse él, los
malienses creyeron que el país se ponía ya en la órbita del progreso. La
decepción fue grande cuando se dieron cuenta de que la crisis que vivía el país
iba más allá del hecho de depositar una urna. En 2012, con la parte norte en efervescencia
y el país es descomposición, el ejército volvió a hacer un golpe de Estado
contra las autoridades democráticamente elegidas. El círculo se cerraba. La
Democracia o lo que se le parece no impidió el derrocamiento del poder por la
fuerza. Algo había fallado.
Con las presiones de la Comunidad Internacional, los golpistas aceptaron
pasar el poder a los civiles en un nuevo intento de democracia. El presidente
IBK ganó claramente las elecciones en un momento en el que Francia estaba
interviniendo militarmente en el norte contra los grupos yijadistas. El pueblo
depositó sus esperanzas en IBK como si fuera un superhombre capaz de resolver
los problemas seculares y hondos que podrían llevar por delante todo el Estado.
Ni los 4.500 militares franceses desplegados en el país, ni los 13.000 cascos azules de la ONU, ni la Comunidad Internacional masivamente han podido aplacar definitivamente el terrorismo o convencer a los touaregs que
renunciaran a sus veleidades de independencia del norte. Ni siquiera han podido impedir el golpe de Estado que viene a poner todo lo conseguido en entredicho. A esto se añaden la
corrupción, el amaño de los votos para favorecer al presidente, la inercia del
Estado a la hora de abordar los problemas etc.
Hace semanas que el ambiente en Mali era muy tenso. El pueblo estaba en la
calle rechazando los resultados de las elecciones legislativas y la dimisión
del presidente. Las organizaciones regionales habían intentado encontrar una
solución con una serie de propuestas. Pero los militares decidieron tomar el
asunto en sus manos. Otra vez, un golpe de Estado contra las instituciones
democráticas. Parece que cuando África quiere escapar del trueno se encuentra
con el relámpago. Se requiere un trabajo de fondo que asegure los cimientos del Estado antes de plantear cualquier otra cosa.