sábado, 25 de abril de 2026

La lamentable xenofobia en Suráfrica

(Dr. Gaetan Kabasha)

Cuando estudiaba en el colegio allí por los años 1987 en Ruanda, nos levantábamos antes de la primera clase a clamar todos: “El apartheid de Suráfrica debe acabarse. Mandela debe ser libre”. Nos decían que era el lema de todos los países africanos en solidaridad con los negros de la República surafricana que estaban sufriendo una segregación racial institucionalizada en una época en que este tipo de sistema era inaceptable en el mundo entero.


Hoy en día, los negros de Suráfrica ya libres de este nefasto sistema y con las riendas del país en sus manos, dan un espectáculo espeluznante de xenofobia hacia otros negros provenientes de países vecinos. Las imágenes que circulan actualmente muestran bandas enteras de negros autóctonos, enfurecidas y orgullosas, linchando a los inmigrantes negros de países como Nigeria, Zimbabwe, Mozambique etc. Saquean sus negocios, queman sus pertenencias, lanzan injurias hacia ellos identificándolos como la causa de su desgracia. ¿Cómo hemos llegado a este nivel?

Este tipo de comportamiento lamentable que brota de un tipo de la irracionalidad viene produciéndose periódicamente desde el fin del Apartheid. Muy a menudo, estallan estos movimientos sociales y violentos motivados por la frustración de una parte de la ciudadanía que no encuentra su lugar en un país catalogado como rico y que sin embargo tiene una parte de sus ciudadanos en la miseria. Como ocurre muchas veces, las dificultades llevan a la gente a unirse contra un chivo expiatorio indefenso y se sienten aliviados al maltratarlo e incluso matarlo. La realidad es que, en general, esta gente que se mueve por contagio, suele pasar al lado de la verdadera causa de su desgracia ensañándose contra el pobre vecino que probablemente es también víctima del mismo sistema que nadie quiere ver.

Durante todos los años de la captividad de Mandela, su partido ANC se benefició de la ayuda de distintos países africanos en solidaridad con la causa negra. Tanzania, Angola, Mozambique etc. dieron cobijo a los miembros de ANC y les proporcionaron medios necesarios para su lucha. Incluso, en algunos casos, entrenaron militarmente a sus militantes por una posible acción armada. Cada país africano, a su manera, contribuyó a la lucha contra el Apartheid. Finalmente, el clamor popular y la conjuntura geopolítica hicieron caer el sistema.

En 1990, Mandela fue puesta en libertad. Después de un proceso de transición, el partido ANC llegó al poder en 1994. Muchos africanos entendieron que el país más rico de África presentaba muchas oportunidades y decidieron emigrar hacía allí. Muchos se encuentran en los pequeños trabajos ordinarios (jardinería, vigilancia, trabajo doméstico), otros intentaron montar pequeños negocios como por ejemplos tiendas para vender los productos básicos en los suburbios de las grandes ciudades. De repente, levantan la envidia de los negros autóctonos que creen que este tipo de trabajo les pertenece. Solo rivalizan los que están en la misma categoría. Pobres contra pobres. Nadie es capaz de analizar la situación de otra manera y darse cuenta que su pobreza viene de las estructuras que no consiguen mejorar las condiciones de vida del pueblo llano.

Hace más de 32 años que el partido representante de los negros está en el poder con todos los medios para transformar el país en un lugar donde cada uno se siente a gusto. Durante todo este tiempo, el partido mayoritario controla el poder legislativo y el poder ejecutivo. Sin embargo, no pudo o no quiso luchar decididamente contra la corrupción, equilibrar la economía nacional a favor de las clases bajas, crear condiciones para el desarrollo integral de todo el mundo. El resultado es que algunos empiezan a pensar que la revolución de Mandela no ha mejorado nada en sus vidas; que el apartheid ha cambiado de nombre y de figuras pero que la realidad sigue siendo la misa. La zanja entre ricos y pobres no deja de crecer.

El resultado es un país socialmente roto, con mucha desigualdad, con capas de población sumergida en la pobreza a pesar las buenas cifras macroeconómicas y una buena dosis de agresividad. Los blancos siguen teniendo el sector económico muy próspero; los políticos negros parecen olvidarse de las décadas de lucha por la igualdad y se entregan a la corrupción y demagogia. Entre tanto, el pueblo ordinario tiene la impresión de que nadie se ocupa de su situación. De repente, su frustración se expresa de manera violenta contra los que no tienen culpa, los inmigrantes que no toman decisiones ni son responsables de que haya pobreza.

Lo que no es de recibo es esa xenofobia de parte de un pueblo que sufrió en su carne el Apartheid, que sabe que es la injusticia y la humillación. Es inaceptable que los negros se entreguen a este espectáculo criminal de linchar a otros negros acusándoles de ser la causa de sus males. Es incomprensible que los dirigentes políticos no estén poniendo todas sus fuerzas para atajar de una vez esta mentalidad que consiste en pensar que la vida del uno depende de la desaparición del otro. La Organización de la Unión Africana que debería, al menos esta vez, levantar la voz y posicionarse frente a estos lamentables hechos, ¿dónde está?