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sábado, 24 de abril de 2021

Fallece Idriss Deby, un presidente guerrero.

(Gaetan)

La mañana del lunes 19 de abril de 2021, los habitantes de Ndjamena, la capital de Chad, se levantaron atónitos ante la presencia masiva de los carros de combate que habían acordonado toda la ciudad. Los rumores no tardaron en circular hablando de la inminente llegada de los rebeldes de FACT (Frente para la Alternancia y la Concordia en Chad) quienes, días antes, habían reanudado sus ataques en el norte del país.

El martes 20 de abril, la Comisión electoral proclamó muy temprano los resultados de las elecciones presidenciales, declarando al presidente mariscal Idriss Deby ganador por un sexto mandato. La noticia no era ninguna sorpresa ya que se suele decir que en África nadie pierde las elecciones que ha organizado. Lo sorprendente y aterrador fue que, horas después, la televisión nacional declaró que el presidente había muerto en un campo de batalla, luchando contra los rebeldes en el norte del país. La noticia sacudió a la nación y a África entera. Horas después, los ciudadanos se enteraron de que un comité militar de transición dirigido por su hijo, el general Mahamat Idriss Deby, aseguraría las riendas del poder, después de suspender la Constitución y todas las demás instituciones. A partir de este momento, surgieron muchos interrogantes: ¿el presidente murió en un campo de batalla o fue víctima de un golpe de Estado con la complicidad de su hijo?



Idriss Deby Itno llegó al poder en 1990 después de una guerra que arrancó en Libia y expulsó al dictador Hissène Habré que había ayudado años antes a tomar el poder contra Goukouni Oueddei. Fiel aliado de Francia, se deshizo de la oposición democrática, quitó la limitación de los mandatos en 2004 y consiguió asentar su dictadura durante 30 años.

En 2008, un conjunto de movimientos rebeldes dirigidos por su principal opositor, Timane Erdimi, entró en la capital. Acorralado en la presidencia, sin posibilidad de salida, resistió valientemente y repeló el ataque gracias a la ayuda de Francia.  En realidad, Francia ha sido siempre su protector en los momentos críticos a pesar de sus derivas dictatoriales y su actitud a aniquilar la oposición. En febrero 2018, Francia volvió a salvarle en una operación en la que intervinieron los aviones “mirages” para destruir las columnas de vehículos rebeldes en el norte del país.

Idriss Deby, a pesar de sus discursos a veces hostiles al imperialismo, ha permanecido siempre fiel a Francia. En 2003, ayudó al general François Bozizé entonces reputado cercano a Francia, a tomar el poder en la República Centroafricana. En 2013, no dudó en enviar sus tropas a Mali para apoyar los militares franceses en la operación Serval contra los yihadistas. Posteriormente, autorizó que su territorio fuera base principal de la operación Barkhane en la que más de 4 mil militares franceses organizan la lucha contra el terrorismo en el Sahel. Hay que recordar que Chad alberga bases militares francesas que constituyen un puesto esencial en el control de la región.

Por lo que se refiere a su personalidad, es imposible no hablar de su gusto por la guerra. Deby siempre se ha sentido militar y guerrero. De hecho, no dudaba en ir al frente de batalla para animar a sus soldados organizando personalmente las operaciones. En 2020, se puso al frente de su ejército para enfrentarse a Boko Haram en la región del Lago Chad. A su vuelta, se colocó el rango militar de mariscal. La guerra para él era como un deporte. Toda su vida estaba configurada por su carrera militar y los diversos enfrentamientos tanto contra los grupos armados como contra las voces opositoras.

La muerte de Deby suscita algunas preguntas sin respuestas en este momento: ¿cómo fue posible que el presidente sobreprotegido y muy precavido, acostumbrado a conducir la guerra, fuera alcanzado mortalmente por el enemigo? ¿por qué la sucesión no siguió los cauces ordinarios establecidos por la Constitución del país? ¿por qué el presidente Emmanuel Macron quiso asistir absolutamente al entierro y de paso, legitimar al consejo de transición instalado ilegalmente y dirigido por el hijo del fallecido mariscal? Todo lo que podemos decir es que parte de África sigue siendo un laboratorio dónde se ensaya todo tipo de escenarios políticos burlándose de la ley.

 

domingo, 21 de marzo de 2021

Adios Presidente "Bulldozer"

(Dr. Gaetan Kabasha)

Después de Pierre Nkurunziza de Burundi, John Pombe Magufuli es el segundo presidente que muere en la zona de los Grandes Lagos en menos de un año y el tercero si contamos a Pierre Buyoya, el expresidente de Burundi muerto hace poco en Mali. Todos sospechados de ser víctimas de coronavirus aunque la versión oficial habla de paro cardiaco. Tanto para Nkurunziza como para Magufuli, las especulaciones de todo tipo circulan sobre sus respectivas muertes teniendo en cuenta que los dos tenían tres cosas en común: el sentimiento nacionalista exclusivista, escepticismo sobre la realidad del coronavirus y una mixtura político-religiosa envolvente

Magufuli, conocido como el “bulldozer” por su afán de promover las infraestructuras, llegó al poder en 2015 y cambió por completo la concepción del poder en Tanzania. Muy popular y sencillo, consiguió impulsar la lucha contra la corrupción y poner en marcha muchos proyectos de desarrollo a la vez que se deja ver como uno más en las asambleas religiosas. Católico practicante, no dudaba en levantarse en plena misa para colaborar en la colecta o servir como monaguillo. Esta dimensión social le hizo muy popular. Pero al mismo tiempo, su política tomó un giro autoritario al mermar las libertades individuales y colectivas como por ejemplo ningunear la oposición democrática, despreciar la prensa, encarcelar al que se atreviera a oponerse a sus ideas. Este lado negativo acompañará su imagen.

Los que especulan sobre una muerte provocada sustentan en el hecho de que Magufuli se creó, por su política, muchos enemigos potentes tanto en el interior como al exterior del país.

Dentro del propio sistema, su lucha contra la corrupción que no dejaba a nadie indiferente pudo alcanzar a los que, generalmente en África, se creen intocables, cortándoles la hierba bajo los pies. Por otro lado, su tendencia a gobernar con autoritarismo pudo haber puesto en alerta a los guardianes de la democracia tanzana. Hay que recordar que Tanzania es uno de los países donde la democracia está muy bien instalada y dónde el partido en el poder está por encima del presidente. También su negativa a encararse a la pandemia de coronavirus, llegando incluso a afirmar que se vence con la oración pudo haber puesto en alerta el sistema. Como anécdota, hace poco la Conferencia Episcopal de Tanzania se enfrentó a él afirmando que la pandemia estaba ganando terreno en el país y que la postura oficial de negacionismo no ayudaba a salvar vidas. ¿Quién podía creer que el presidente, ferviente católico, se viera en oposición al episcopado sobre un tema puramente sanitario?

Desde el punto de vista exterior, también Magufuli tuvo muchos enemigos de gran envergadura. Nada más llegar al poder puso en marcho la revisión de los grandes contratos de multinacionales mineras y llegó a ponerles multas millonarias. Su postura de favorecer la industria local y frenar la intrusión exterior abusiva le llevó a enemistarse con Occidente. De hecho, en sus más de cinco años de gobierno, nunca visitó un país occidental al considerar que los viajes presidenciales costaban mucho dinero al contribuyente. Su soberanismo exagerado no podía sino poner nerviosos a algunos acostumbrados a dictar sus normas de conducta en los países pobres. Su desafío al mundo frente a la lucha contra el coronavirus y su rechazo de las vacunas a pesar de la insistencia de la Organización Mundial de la Salud fueron como una gota que colma el vaso. Muchos le consideraban como un dirigente atípico y tozudo.

Sea lo que sea la causa de su muerte, Magufuli será recordado por su profundo amor a su gente, su sencillez al lado de las clases bajas de la sociedad, su lucha contra la corrupción, su austeridad, su afán de desarrollar el país por las infraestructuras y la defensa de la soberanía nacional hasta el punto de llevar su país a un curioso auto-aislamiento internacional. RIP Magufuli.

jueves, 4 de febrero de 2021

Centroáfrica: un túnel sin fin

(Gaetan Kabasha)

La catedral de Bouar, en el nordeste de Centroáfrica es un edificio circular, muy moderno con un tejado de zinc fabricado en Italia y una megafonía extraordinaria difícil de encontrar en otro lugar del país. Desde arriba, se ve este edificio con toda claridad ya que no se parece a ningún otro en toda la ciudad. Pues, desde unas semanas, esta catedral se ha convertido en un cobijo para 5 mil personas, desplazados de guerra. Todos sus rincones están tapizados por las estelas dónde duermen los niños, las mujeres, los ancianos junto con sus enseres como menajes de cocina, ropa etc.



Al lado se encuentra una clausura de las monjas clarisas que también ha acogida a unas decenas de personas que llegaron despavoridas, huyendo de las balas que cruzaban entre los rebeldes de CPC que ahora controlan la ciudad y los militares aliados al gobierno central. La situación de la ciudad es dramática; las escuelas están cerradas; los centros de salud saqueados. El reloj de la vida parece haber dejado de girar hacia una dirección conocida. Entre tanto, las monjas comparten lo poco que tienen con esta gente que ha abandonado todo lo que tenía y se ha visto forzada a llevar una vida de enclaustramiento y carencia.

En el otro extremo del país hacia el sureste, en Bangassou la situación, aunque algo diferente, no es menos dramática. Allí miles de habitantes han cruzado el rio Mbomou hacia la República Democrática del Congo, huyendo de la misma guerra que nadie ya, a estas alturas sabe calificar bien. Los exiliados se encuentran a la intemperie, sobreviven con nada, sin ayuda consistente de nadie y cada día se levantan mirando al otro lado de la orilla, a ver si el horizonte se esclarece para que vuelvan a sus hogares. También allí, las escuelas están cerradas, las tiendas saqueadas, los organismos humanitarios recluidos con miedo.

En medio de todo este caos, la Iglesia católica, siendo casi siempre víctima de esta violencia ilógica, sigue dando lo mejor de sí misma, acogiendo, ayudando, mediando, aconsejando, aliviando a unos y a otros. En todos los lugares, queda como única institución que aguanta las embestidas violentas hasta el final.

En Bangassou, todo el mundo huyó menos el obispo, los sacerdotes y las religiosas. Todos decidieron quedarse a gestionar el desastre, cuidando a los que no pudieron escapar. Mons. Juan José Aguirre acogió a su casa a los niños del orfanato Mama Tongolo. Días después de la llegado de los rebeldes a la ciudad, envió ropa a los refugiados al otro lado del río, a Ndu, dónde un sacerdote de Bangassou, Don Gervil, hizo una distribución a los que más lo necesitaba.

También la Iglesia se implica en la mediación con el único objetivo de salvar lo que se puede. Este mismo jueves, mons. Juan José Aguirre, andando unos cuantos kilómetros, ha tenido que ir al encuentro de los rebeldes de CPC en la localidad de Niakari. Acompañado de un sacerdote, se encontró con las cabecillas de la rebelión en el lugar. Entre otras cosas, quería despejar el camino para la llegada del Cardenal Nzapalainga, arzobispo de Bangui (750km), quien se propone encontrar a los beligerantes para buscar los caminos de paz. No es difícil imaginar el peligro que estas iniciativas conllevan: caminar en medio de la selva controlada por gente sin ley ni moral; tender la mano al violento que tiene la suya manchada de sangre; sentarse a hablar en un lenguaje que, a veces, suena a cuento chino. Hace falta valor y valentía. En el camino, el obispo aprovechó para saludar a los habitantes desesperados, con una mirada perdida pero contentos de ver que alguien se acuerda de ellos. Desde luego, la Iglesia de Centroáfrica, a pesar de sus debilidades, sigue demostrando que lo de ser la luz en las tinieblas no es una apuesta inalcanzable. En este caso, nos atreveríamos que es la pequeña luz en un túnel sin fin.

En otros teatros, la guerra sigue su curso y como siempre, son los más débiles quienes más sufren sus estragos. Nadie sabe hasta cuándo acabará esta guerra. Los rebeldes de CPC suya cabeza visible es el expresidente, el general Bozizé, siguen empeñados en derrocar al gobierno central. Por otro lado, el gobierno de Touadera, apoyado por Rusia, Ruanda y los cascos azules intenta reconquistar el terreno perdido. En este momento, las ciudades de Bangassou, Boda, Boali, Bossembele etc. han pasado bajo control de las fuerzas oficiales. Sin embargo, el estado de emergencia y el toque de queda decretados en Bangui siguen recordando a todos que la guerra puede irrumpir en la capital en todo momento.  Los centroafricanos se preguntan cuándo tocará la liberación de Yaloké, Bouar, Bossangoa, Bambari, Bria, Ndele y miles de pequeñas localidades que siguen bajo control de las hordas rebeldes que solamente responden ante los señores de guerra muchas veces extranjeros.  ¿Cuándo pararán el exilio, el desplazamiento forzoso, las atrocidades diversas, las violaciones de mujeres, la separación de familias, el reclutamiento de niños, los saqueos, la quema de las casas, el hambre? ¿Quién liberará África de las manos diabólicas que mueven los hilos en la sombra, desde muy lejos, con el único objetivo de expoliar el continente? Lo único que podemos decir es que nadie está fuera del alcance del miedo ya que la violencia en estas circunstancias nunca sabe discriminar.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Las urnas contras las armas

 (Gaetan Kabasha)

El título parecería un eslogan vacío si fuera parte del discurso de algún político acostumbrado a embellecer las palabras huecas. Pues, no es así. Es una realidad que está ocurriendo en la República Centroafricana, un país azotado por la violencia. Este título se ve en muchos muros de las redes sociales de los centroafricanos hoy. Algunos van más allá, hablando de las elecciones que están teniendo lugar. Dicen por ejemplo que ir a votar ya no es solamente un acto cívico o patriótico sino más bien un acto de resistencia o algo así como los votos contra las botas. Todo esto muestra un espíritu de rebeldía contra los sanguinarios rebeldes que quieren sumergir al país en el caos por sus intereses escondiéndose detrás del estandarte de los intereses de los ciudadanos.

Hoy Centroáfrica organiza las elecciones más inciertas de su historia. Con varias partes de su territorio ocupadas por los rebeldes y una amenaza de irrumpir en cualquier momento en los lugares de voto para ahuyentar a los pacíficos ciudadanos que, no solamente se han levantado para cumplir con su deber democrático, sino también están diciendo con este voto que rechazan la violencia de los que pretenden hablar en su nombre.

Centroáfrica es un país algo más grande que España con una población que no rebosa los cinco millones de habitantes. Muchas de sus ciudades son aglomeraciones de casas que reflejan un nivel económico todavía muy bajo y un sistema de vida todavía rudimentario. La mayoría de sus carreteras en el interior del país son de tierra mal entretenida y en ciertos lugares parecerían más bien pistas forestales. Hace falta mucho sacrificio para llegar a algunas provincias con un vehículo. Sin embargo, este país cuenta como uno de los más ricos en riqueza natural. Allí se encuentran uranio, oro, diamante, hierro, petróleo etc. Todo todavía bajo tierra o explotado de manera tradicional sin ninguna maquinaría moderna.

Desde 2012, se desató una sangrienta guerra iniciada por los seleka mayoritariamente musulmanes que echaron al presidente cristiano, el general Bozizé. En reacción, se levantaron los antibalaka constituidos por todos los anti-musulmanes y lo que parecía una contienda política se convirtió en una barbarie de carácter religioso. Con la intervención de la Comunidad Internacional, la visita del Papa y las presiones diversas, la guerra bajó de intensidad tanto que se pudo celebrar elecciones presidenciales en 2015 en la que salió ganador el doctor Faustin Archange Touadera, el que fuera primer ministro del general Bozizé exiliado.


Durante cinco años, el país nunca fue pacificado del todo. Los grupos armados camparon en sus anchas explotando las minas en los territorios controlados. Acogiéndose a los acuerdos de paz de Karthoum, el presidente decidió no enfrentarse a ellos sino más bien contentarlos sin que nadie pudiera ver el real proyecto de futuro con respecto a este problema.

Cinco años después, apareció el general Bozizé de una manera repentina y un tanto clandestina sin que las autoridades llegaran a detectar sus movimientos desde el exilio. Empezó a movilizar a las masas dejando claro que pensaba presentarse a las elecciones contra su ex primer ministro, ahora presidente. Desgraciadamente, el Tribunal Constitucional invalidó su candidatura y frustró de repente su proyecto. Pero Bozizé no es un hombre que se deja aplacar por las leyes y los tribunales tan fácilmente. En su cabeza, es un mesías enviado por Dios para salvar al pueblo abatido por la violencia y la miseria. De hecho es un pastor en una iglesia que él mismo fundó en Centroáfrica. Se retiró a su pueblo natal, en el norte del país. Desde allí, consiguió reunir a los contrarios con una facilidad del que solamente él tiene el secreto. Ya en 2003, había conseguido constituir una rebelión con elementos heteróclitos y tomar el poder en Bangui. Esta vez, se trata de los seleka que hace siete años le echaron del poder y los antibalaka que hace poco juraban con acabar con los seleka. Esta mezcla muy curiosa tomó el nombre de CPC es decir Coalición de los Patriotas para el Cambio.

En muy poco tiempo atacaron distintas localidades y ciudades con el fin de llegar a Bangui e impedir las elecciones. Aparentemente no contaron con la determinación de los cascos azules que esta vez han querido demostrar que toman en serio su misión y el envío de centenares de militares ruandeses en el marco de los acuerdos bilaterales. 

El resultado es que, a pesar de las amenazas y las intimidaciones en algunas localidades, los centroafricanos han podido votar en bastantes lugares. También es verdad que en otros, la situación de violencia e inseguridad acudir a las urnas lo que podría llevar a contestar los resultados finales. Más que un voto democrático ordinario, ha sido un voto de rechazo a la guerra, lo que podría otorgar al presidente saliente una mayoría aplastante más allá de lo que podría haber imaginado si no hubiera habido esta violencia insensata.

El peligro de este tipo de elecciones es que el presidente elegido puede encontrarse con un poder excesivo en una democracia todavía frágil. De hecho hay quienes empiezan a alentar un tipo de dictadura como forma de protegerse contra los rebeldes. Esperemos que la cosa no llegue a tanto.


jueves, 20 de agosto de 2020

Mali entre la democracia y los golpes de Estado.

 (Dr Gaetan Kabasha)

Cuando el pasado martes 18 de agosto los militares llevaron a cabo el golpe de Estado en Mali, la población salió masivamente a la calle para felicitar a los golpistas. También algunos africanos de otros países en sus redes sociales parecen estar contentos de la acción. Lo que unos y otros olvidan es que el problema de Mali no arranca con el presidente arrestado, Ibrahim Boubakar Keita ni terminarán con las nuevas autoridades por muy militares que sean.

Existe un error extendido en África según el cual la democracia lo resuelve todo. En realidad es una manera de huir de los problemas pensando que las soluciones llegan con esta palabra mágica. Nadie para un poco a reflexionar sobre este concepto de democracia, lo que supone, cómo funciona, qué es y qué no es. No sería despiadado pensar que muchos confunden democracia con el voto democrático cuando el voto es una parte de un gran conjunto. Democracia no se limita a organizar las elecciones. Se trata de algo más.

Para empezar, hay que saber que antes de poner en marcha una democracia, hace falta unos fundamentos previos sin los cuales todo se viene abajo. Hay requisitos pre-democráticos que necesitan ser estudiados y equilibrados antes de plantear el proceso democrático que aboca en las elecciones. Estos requisitos son entre otros la existencia de un Estado, el consenso general sobre la forma de gobierno que se quiere, la resolución de problemas identitarios existentes entre las diferentes comunidades, pacto sobre las líneas rojas y las reglas de juego etc. Si estos requisitos fallan, no hay democracia que prospere y las elecciones transparentes no resuelven ninguna crisis profunda.

Volvamos a Mali. Estamos ante un país con una superficie dos veces España con solo 15 millones de habitantes dispersados sobre una tierra desértica. La población del norte tiene un fuerte sentimiento de abandono por parte del sur dónde está la capital Bamako y se envuelve en una espiral independentista que el sur es incapaz de controlar. Los touaregs mayoritariamente instalados en el norte, reagrupados en el MNLA proclamaron la independencia de AZAWAD. Recientemente, con la destrucción de Libia y el flujo de las armas en el Sahel, a este sentimiento independentista se ha añadido el terrorismo islámico de los movimientos que quieren controlar el país e implantar la sharia. El ejército de Mali es incapaz de asegurar la soberanía nacional en todas sus fronteras. Al gobierno central se le escapa una buena parte del territorio y la frustración del pueblo ante esta impotencia es cada vez fuerte.

A parte de estos problemas que son de importante calado, el país vive constantemente en crisis políticas y económicos que hacen que después de la Independencia haya habido varios golpes de Estado que alteran con tiempos de elecciones democráticas sin que ningún régimen haya podido solucionar los problemas reales del país.

Cuando en 1991, el general del ejército Amadou Toumani Touré hizo un golpe de Estado y organizó las elecciones democráticas sin presentarse él, los malienses creyeron que el país se ponía ya en la órbita del progreso. La decepción fue grande cuando se dieron cuenta de que la crisis que vivía el país iba más allá del hecho de depositar una urna. En 2012, con la parte norte en efervescencia y el país es descomposición, el ejército volvió a hacer un golpe de Estado contra las autoridades democráticamente elegidas. El círculo se cerraba. La Democracia o lo que se le parece no impidió el derrocamiento del poder por la fuerza. Algo había fallado.

Con las presiones de la Comunidad Internacional, los golpistas aceptaron pasar el poder a los civiles en un nuevo intento de democracia. El presidente IBK ganó claramente las elecciones en un momento en el que Francia estaba interviniendo militarmente en el norte contra los grupos yijadistas. El pueblo depositó sus esperanzas en IBK como si fuera un superhombre capaz de resolver los problemas seculares y hondos que podrían llevar por delante todo el Estado. Ni los 4.500 militares franceses desplegados en el país, ni los 13.000 cascos azules de la ONU, ni la Comunidad Internacional masivamente han podido aplacar definitivamente el terrorismo o convencer a los touaregs que renunciaran a sus veleidades de independencia del norte. Ni siquiera han podido impedir el golpe de Estado que viene a poner todo lo conseguido en entredicho. A esto se añaden la corrupción, el amaño de los votos para favorecer al presidente, la inercia del Estado a la hora de abordar los problemas etc.

Hace semanas que el ambiente en Mali era muy tenso. El pueblo estaba en la calle rechazando los resultados de las elecciones legislativas y la dimisión del presidente. Las organizaciones regionales habían intentado encontrar una solución con una serie de propuestas. Pero los militares decidieron tomar el asunto en sus manos. Otra vez, un golpe de Estado contra las instituciones democráticas. Parece que cuando África quiere escapar del trueno se encuentra con el relámpago. Se requiere un trabajo de fondo que asegure los cimientos del Estado antes de plantear cualquier otra cosa.


jueves, 18 de junio de 2020

Un nuevo presidente para Burundi

(Gaetan Kabasha)

La historia reciente de Burundi está llena de dolor y esperanza, de lágrimas y sorpresas. Hoy podríamos hablar de esperanza guardando todas las precauciones.  La esperanza de un país reconciliado y próspero, abierto al mundo y peregrino en las sendas de la democracia. Pero, todo dependerá de un hombre y este hombre es Evariste Ndayishimiye.
Cuando el país entró en las elecciones presidenciales, el 20 de mayo de 2020,  todo el pueblo cortó su respiración por miedo a lo que podría pasar. El pasado de Burundi es tan repleto de episodios violentos que cualquier momento de tensión nacional puede abocar a unas escenas de violencia colectiva. El presidente Nkurunziza había sorprendido a todos renunciando a un cuarto mandato que sin embargo le otorgaba la nueva Constitución votada en 2018.  Contra todo pronóstico, había elegido al general Evariste Ndayishimiye como sustituto dejando de lado al presidente de la Asambea Nacional, Pascal Nyabenda que estaba dado por favorito. Por lo visto, los generales que tienen las riendas del poder quisieron que uno de ellos se hiciera cargo del relevo.
Al proclamar los resultados, como era de esperar, el candidato oficialista fue proclamado ganador y por sorpresa de todos, el opositor, el siempre rebelde Agatho Rwasa, no invitó a sus seguidores a las manifestaciones, lo que hubiera ocasionado inexorablement  enfrentamientos entre las milicias del poder (Imbonerakure) y la juventud de la oposición. Fue la primera sorpresa.
Según la Constitución, el nuevo presidente  tenía que jurar el cargo el 20 de agosto pero entre tanto algo dramático pasó. El presidente saliente, Nkurunziza, falleció de una muerte repentina el 9 de junio. A partir de este momento, se temió lo peor. En efecto, los fantasmas del pasado nunca están lejos. Sin embargo, los actores políticos parecen haber entendido que un Burundi ensangrentado no beneficia a nadie. Hizo falta mucha cordura y mucha sensatez. El Tribunal Constitucional dictaminó que el nuevo presidente electo tenía que jurar el cargo cuanto antes, evitando así una incierta transición que podía alentar los apetitos de los siempre quieren pescar en aguas turbias. Fue la segunda sorpresa.

Hoy Ndayishimiye ha jurado el cargo. El futuro está sobre sus hombros. Todo dependerá de sus decisiones. Los desafíos son enormes. En un primer lugar, tendrá que crear condiciones favorables para que los exiliados de la crisis de 2015 puedan volver sin miedo a represalias. Muchos creen que la disolución de la milicia Imbonerakure puede ser una buena señal en este sentido. En segundo lugar, tendrá que hacer esfuerzos diplomáticos para volver a colocar el país en la órbita de las naciones dónde fue expulsado poco a poco hasta quedar recluido sobre sí mismo. En tercer lugar, poner en marcha la economía que actualmente está por los suelos por falta de financiación y de inversiones exteriores. En paralelo, el nuevo presidente tendrá que ir consolidando la democracia, abriendo el espacio político y favoreciendo la prensa libre sin poner en peligro la seguridad nacional.
Ndayishimiye es un hombre de una cierta reputación de moderación y de diálogo. Nacido en 1968, se unió a la rebelión hutu en 1995 poco después de escapar a una matanza de estudiantes en la Universidad de Bujumbura. Fue ganando galardones al mismo tiempo que combatía el poder tutsi, sobreviviendo varias veces a la muerte segura junto con Nkurunziza y otros combatientes. En 2003, después de la firma de los acuerdos de Arusha, se integró al ejército nacional. En 2005, fue nombrado Jefe de Estado Mayor adjunto del ejército con el rango de general.
Durante mucho tiempo, fue hombre de confianza de Pierre Nkurunziza y ocupó varios puestos de responsabilidad política y militar. Está casado, tiene 8 hijos y se declara ferviente católico. Algunos analistas de la situación de Burundi le califican como el menos malo de los posibles sucesores de Nkurunziza. Que se sepa, no tiene en su expediente ningún episodio que podría dañar su imagen. Por tanto las tiene todas consigo para tener éxito. Todo dependerá de su capacidad a marcar las distancias con el pasado sombrío sin cortar necesariamente el cordón umbilical que le relaciona al patriotismo.

(Para colaborar con África www.audesarrollo.es)

martes, 16 de junio de 2020

Muere el presidente Pierre Nkurunziza

Un héroe para algunos, una bestia negra para otros, Pierre Nkurunziza muere con 55 años a dos meses de dejar la presidencia de Burundi a un sucesor que él mismo ha elegido. Su muerte conmueve tanto a los seguidores que le adoran como un mensajero divino como a los detractores que le odian con la misma intensidad.
Nkurunziza nació en una familia bastante holgada. Su padre, Hutu, formaba parte de la élite política de después de la independencia del país. Su madre, Tutsi, era enfermera. En 1972, cuando Nkurunziza tenía siete años, su padre era diputado de la nación. En aquel momento el gobierno de Michel Micombero decidió eliminar a todos los intelectuales hutus sin excepción en todos los rincones del país. Fue un genocidio en toda regla aunque no reconocido internacionalmente todavía. Ministros, diputados, profesores, comerciantes, estudiantes etc. fueron buscados, masacrados y enterrados en fosas comunes lejos de sus familias que nunca volvieron a saber de ellos. Miles de Hutus huyeron hacía los países vecinos. El conflicto étnico cogió las proporciones jamás vistas antes. El padre de Nkurunziza desapareció así dejando atrás 6 huérfanos.

Con duros esfuerzos, Nkurunziza pudo cursar los estudios en un ambiente muy difícil y llegó a ser profesor de educación física en la Universidad de Burundi. En 1993, una ola de democratización de África llegó a Burundi y el pueblo eligió soberanamente a Melchior Ndadaye, un hutu salido del exilio. Por primera vez en la historia de este país, alguien de la mayoría étnica cogió el destino del pueblo en unas estructuras politico-militar completamente adversas. Aquello no duró mucho ya que después de 3 meses, Ndadaye fue asesinado por los militares. Su muerte fue seguida de enfrentamientos sangrientos y una guerra civil de casi 10 años.
En 1995, Nkurunziza escapó de un intento de asesinato en la universidad dónde enseñaba y decidió ingresar en la rebelión hutu. Poco a poco, con su talante, consiguió hacerse cargo del movimiento poniendo fin a las rivalidades entre los diferentes líderes de la rebelión. En 2003, filmó los acuerdos de paz de Arusha entre el gobierno de Pierre Buyoya y las diferentes rebeliones, auspiciados por el icónico Nelsón Mandela. Burundi entró en una nueva era dónde la democracia se fundamentaba sobre el reparto del poder entre los Hutus y los Tutsis en todos los niveles de la administración nacional.
En 2005, con 40 años, Nkurunziza fue elegido presidente de Burundi con una mayoría abrumadora de 94% de los miembros de la cámara de diputados. Su llegada al poder supuso un antes y un después, poniendo fin a los repetidos enfrentamientos entre los Hutus y los Tutsis. 
Su sistema de gobierno fue visto por muchos como una bendición para la nación y un símbolo de reconciliación: sencillez, cercanía con el pueblo, deporte, insistencia en el desarrollo rural (escuelas primarias por todas partes, centros de salud etc). Aparecía en las colinas con su bicicleta y se ponía a cultivar con la gente. Se hizo tan popular que consiguió instalar su partido el corazón de los campesinos. Pero algunos le reprochaban su tendencia a confundir su evangelismo con la política queriendo convertir al aparato del Estado en una propaganda de su iglesia pentecostal. De hecho, casi nunca sintonizó con la poderosa Iglesia Católica hasta el final.
En 2015, cuando todos esperaban que abandonara el poder según los acuerdos de Arusha que guiaban el país como pacto fundacional, el presidente sorprendió a los suyos y ajenos que se presentaría al tercer mandato. Los problemas empezaron allí. Algunos de sus compañeros de partidos no entendieron esta actitud. Muchos le hicieron saber en vano. El ambiente se tensó mucho en todos los ámbitos de la vida nacional. Un golpe de Estado organizado por sus antiguos compañeros de lucha fue asfixiado. El país se paralizó. Miles de burundeses volvieron a huir del país. La prensa privada fue mermada; las voces críticas acalladas. Se empezó hablar otra vez de rebeliones. En realidad aquello fue una guerra entre los hermanos enemistados, una rivalidad entre los vencedores en torno al poder. Nkurunziza salió ganador pero con una nación herida, cerrada al mundo. La comunidad internacional le retiró apoyo y financiación. Durante cinco años, el presidente no salió del país. Al mismo tiempo, el pueblo burundés aprendió a vivir con sus propios medios sin depender demasiado de las ayudas exteriores. Su relación con Ruanda, su vecino del norte, se deterioró tanto que los dos presidentes lo manifestaron en público acusándose mutuamente de apoyar a los ellos llaman "enemigos".
En 2020, cuando nadie lo esperaba, Nkurunziza sorprendió a todos anunciando que no se presentaría a las nuevas elecciones. Influyó en la elección del candidato del partido CNDD-FDD, el general Evariste Ndayishimiye. Fue un alivio para todos, tanto los de su partido como los opositores que vieron en este gesto una oportunidad de volver  a una cierta reconciliación nacional.
La muerte repentina de Nkurunziza el 9 de junio oficialmente por infarto no deja de levantar interrogantes. Todo lo que se puede decir es que sus seguidores le lloran como a un mesías que acaba su misión y esperan que su sucesor siga sus huellas. Los detractores desean desde el fondo de su corazón que el nuevo presidente, Ndayishimiye, abra el país y recomponga la fractura social que se ha instalado desde 2015. En paralelo, sus seguidores hablan de una estrella divina que desaparece dejando atrás una vislumbraste luz, un patriota al que habrá que construir un gigante monumento.  No cabe duda de que, a pesar de las controversias, su decisión de pasar el testigo será recordado como un gesto de gran trascendencia en un continente dónde los presidentes suelen tomarse por insustituibles.
Requiescat In Pace.

                                                                                                  Gaetan

viernes, 15 de mayo de 2020

Témoignage glaçant de Mgr Thaddée, évêque de Kagabandoro (Centrafrique)

(Extrait du récit de mission de Mgr. Thaddée KUSY, OFM Évêque de Kaga Bandoro)

LES EVENEMENTS TELS QUE VECUS 

          La visite pastorale de la communauté du village de Golongosso, dans la paroisse Sainte Marie de Ndélé, programmée pour la fin février et le début mars 2020, était la réalisation de mon désir gardé depuis quelques années car c’est vraiment la périphérie et l’extrême nord-ouest de notre territoire diocésain. J’ai quitté Kaga Bandoro le Mercredi des Cendres et le lendemain je suis arrivé à Ndélé, à 330 km de Kaga Bandoro. Vendredi matin nos avons pris la route pour Golongosso, environ 220 km à l’ouest, sur la frontière fluviale du Bahr Aouk avec le Tchad. Mon prédécesseur a pu visiter cette communauté seulement une seule fois durant ses 10 ans à Kaga Bandoro, en 2006 ; ensuite il y a eu la survenue des groupes armés et les habitants ont fui le village pour ne revenir qu’en 2018-2019. Avec le curé, nous y sommes restés du vendredi au lundi. Sur le chemin du retour, nous nous sommes arrêtés encore à Miamèrè, à mi-chemin entre Golongosso et Ndélé, pour une journée. Mardi après-midi, tout heureux de la visite accomplie, avec le curé et ceux qui nous accompagnaient, nous rentrions au centre. Le véhicule avait une panne de la pompe d’injection qui s’aggravait avec quelques kilomètres parcourus. Presque chaque 10-15 kilomètres, le chauffeur mécanicien devait agir pour que le carburant entre convenablement dans le moteur et permette d’avancer. À la barrière gardée par des rebelles de l’ex-Seleka, quelques kilomètres avant la ville, on nous a prévenus qu’il y avait une tension dans les quartiers entre les groupes armés des ethnies Rounga et Goula. 
           Malgré cela nous avons pu bien arriver à la maison, à la paroisse située du côté est de la ville, au pied d’une grande colline rocheuse. Au contact téléphonique avec l’économe diocésain nous avons demandé de nous envoyer, par l’occasion de la venue d’un avion, une nouvelle pièce pour le véhicule. On espérait l’avoir le jeudi. Ceci n’a pas eu lieu et nous avons été obligés de rester à Ndélé. J’habitais dans la maison des sœurs, absentes depuis 2013 ; les deux abbés et le chauffeur passaient la nuit aussi dans cette maison mais ensuite ils sont allés se réfugier chez les conseillers au quartier pour enfin fuir dans les champs avec les autres habitants. Je suis resté seul ; parfois les gardiens venaient. On m’envoyait de la nourriture une fois par jour, tard dans l’après-midi. Le réseau téléphonique ne fonctionnait plus. 
         Le mercredi soir il y a eu les premiers signes forts d’affrontements, des tirs d’armes diverses entre 19 heures et 23 heures, dans les quartiers, pas très loin de chez nous. Le jeudi c’était le calme toute la journée et la nuit. Il semblerait qu’il y a eu des enterrements. Vendredi toute la matinée, depuis 5h45 à 11h, des combats très violents ont eu lieu tout près de la paroisse. Des balles sifflaient près de ma fenêtre. De forts bruits de tirs déchiraient l’air. Dans un moment d’apaisement, après 9h, un petit groupe de Goula a pénétré dans l’enceinte de la maison des sœurs, certains avec des armes automatiques, d’autres avec des couteaux ou bâtons. Ils ripostaient un peu aux autres mais finalement ils se sont retirés, en fuyant par la colline. Avant de partir, l’un d’entre eux a dit : « si Dieu le veut, nous reviendrons ! » Les autres, Rounga, sont arrivés vers 12h30, très violents. Je suis sorti sous la véranda intérieure pour voir et observer. Un homme qui restait en-bas, près du portail, me faisait signe avec son pistolet en main pour que je « dégage » de cet endroit, au coin de la véranda d’où je pouvais voir tout ce qui se passait. Un autre m’a menacé avec son long couteau mais ensuite, je ne sais pas comment et pourquoi, il est venu dans ma chambre, s’est mis à genou et m’a demandé pardon ! L’un deux a essayé de démarrer notre véhicule Land-Cruiser, par les câbles électriques du véhicule qu’il avait sectionnés, sans succès. Je leur ai dit que le véhicule était en panne. Ils ont demandé la clef de contact. J’ai répondu que le chauffeur est parti avec. Comme les portières étaient fermées, bloquées, un muet qui criait beaucoup, avec la crosse de la lance-grenade qu’il avait en mains, a brisé la vitre de la portière arrière, puis j’ai entendu deux coups fins lorsqu’un autre a tiré sur les vitres côté chauffeur (après leur départ j’ai trouvé à cet endroit deux douilles). Des « chefs » demandaient en criant que je leur donne de l’argent ; j’ai expliqué que je n’avais que 30 mille francs (environ 45€) sur moi, pour la tournée, pour mon déplacement dans les villages. Je leur ai donné ce que j’avais, et j’ai remarqué qu’ils n’étaient pas du tout contents. D’autres vidaient les chambres où ils ont trouvé des vêtements appartenant aux jeunes qui y logeaient habituellement pour garder la maison et à un fonctionnaire de l’inspection académique accueilli par les prêtres. Mais personne n’est entré chez moi. Finalement, ils ont poussé le véhicule à l’extérieur pour le ramener dans leur base. Il y avait très peu d’espoir de le récupérer. On m’a dit ensuite qu’ils ont tracté notre Land-Cruiser avec le pick-up du préfet qu’ils avaient volé. J’ai averti la MINUSCA par une note confiée au curé qui est venu me voir samedi matin notamment avec un thermos de café (!) 
          Ce jour-là j’ai bien prié avec les paroles du psaume 33 du milieu du jour : « L’ange du Seigneur campe à l’entour pour libérer ceux qui le craignent ». Dimanche matin, après la messe j’ai commencé à écrire des notes sur saint Joseph car on m’avait demandé de préparer un partage à l’intention des propédeutes à Bangui-Bimbo le 19 mars, jour de leur fête patronale. Après 11h, j’ai entendu des bruits autour de la maison. Je suis sorti cette fois-ci en aube avec la croix sur la poitrine. Ils criaient beaucoup et fort, alors j’ai aussi crié sur eux au moins deux fois. J’ai vu que certains d’entre eux manifestaient un étonnement. L’un d’entre eux s’est approché, a chargé la kalachnikov et me visait en proférant des menaces : « je vais te tuer ! » Je l’ai ignoré et parlais avec les autres. Revenu vers ma chambre j’ai encore protesté car ils me forçaient, me tirant par les bras, pour aller avec eux à 3 leur base. J’ai entendu quelqu’un dire « prisonnier » et cela m’a fait vite comprendre que je pourrais devenir leur otage pour lequel ils demanderaient une rançon ! 
        Un homme de grand taille, peut-être leur chef, que j’ai essayé de bloquer à la porte m’a saisi par le poignet droit et subitement m’a arraché l’anneau épiscopal. Vaines étaient mes suppliques de me la rendre… Il est entré dans ma chambre et a fouillé dans tous les bagages. Il a ouvert la valise-chapelle, je lui en ai expliqué le contenu et il l’a laissée. Il a pris mon sac à dos où j’ai emballé toutes mes affaires. Il a trouvé l’appareil photo, le canif suisse, le téléphone fermé, mes documents avec le passeport. J’ai essayé de lui arracher ces derniers, en demandant de me les rendre ; nous nous sommes un peu chamaillés, bousculés (j’ai vu qu’il a un peu souri lorsque je l’ai repoussé sachant bien que nos forces sont inégales). À ce moment quelqu’un de l’extérieur près de la porte m’a frappé au dos avec une matraque. Enfin le chef a marchandé : « donne-moi ta montre et je te rends les documents ». Sans réfléchir longtemps, j’ai ôté la montre pour récupérer les documents. Il m’a laissé les livres, les vêtements et les sandales, emportant mon sac vide. 
         Les autres ont cassé toutes les portes de quelques bâtiments des sœurs et volé tout ce qu’ils y ont trouvé : des matelas et des draps, des bidons avec notre réserve de gasoil, le sac et les outils de notre chauffeur,… Par miracle, rien n’a été touché dans l’oratoire, dans la chapelle des sœurs, laissée telle qu’elle était au jour du départ des sœurs sénégalaises en 2013. 
        Ceux qui sont allés au presbytère ont cassé les serrures des grilles et des portes, mis à sac les chambres, jetant par terre des objets, des livres et des documents, au réfectoire la vaisselle de l’armoire renversée, cassée, brisée par terre; le groupe électrogène sur roulettes emporté, … J’ai vu tout cela l’après-midi, lorsque les bandits sont partis. 
       Après, déjà à Kaga Bandoro j’ai appris qu’encore ce dimanche soir du 8 mars certains sont revenus, ont cassé toutes les portes de l’église (avec l’intention de les abîmer, puisque pour y entrer il suffisait d’en forcer une seule), et profané des objets du lieu : ils ont renversé l’autel en bois, brisé le tabernacle également en bois, jeté des hosties consacrées par terre, abîmé aussi des objets liturgiques à la sacristie où ils ont trouvé quelques bouteilles de vin de messe ; il semble que quelques-uns sont restés adossés au mur de l’église, complètement ivres… 
        Vers 17 heures, le dimanche, j’ai entendu enfin du bruit qui s’approchait et puis j’ai vu venir un véhicule, celui de la MINUSCA (forces des Nations-Unies) qui venait me chercher. C’est un imam de Ndélé qui guidait les militaires Pakistanais vers la mission catholique. Avec eux je suis allé d’abord dans leur base militaire et ensuite chez des civils, près de l’aérodrome. Ainsi, le même jour, certains musulmans m’ont fait du mal et d’autres musulmans m’ont manifesté un soutien ! 
Le mardi je suis rentré à Kaga Bandoro par hélicoptère de la MINUSCA. 

                                                        +Thaddée KUSY, OFM Évêque de Kaga Bandoro

jueves, 11 de julio de 2019

Una universidad para el nkrumahismo


(Gaetan)

Ghana es un país muy especial desde muchos puntos de vista. Y entre sus ciudades, Winneba es mucho más especial todavía. Su historia es una joya que a cualquier extranjero curioso le gustaría conocer.
Saliendo de la capital Accra, adentrando más en Ghana hacía el centro del país, a unas dos horas de coche, se llega a esta ciudad colocada justo al mar. Construida por los británicos en la época colonial, la ciudad servía para la distracción de los blancos aprovechando una excelente playa y la brisa suave que sale del mar especialmente por la tarde. Pero la ciudad es especial por otros motivos posteriores a esta siniestra época de la colonización.

Nada más entrar en la ciudad, uno encuentra el letrero enorme que dice “Universidad de Educación de Winneba”. Allí se encuentra toda la especialidad de la ciudad y de paso su originalidad.
Ghana fue el primer país subsahariano en recobrar la independencia gracias a un luchador incansable llamado Nkwame Nkrumah. Formado en las universidades de Estados Unidos y de Inglaterra, este profesor y político ghanés volvió a su país cargado de diplomas y dispuesto a liberar su país y toda África del colonialismo. Ganó mucha popularidad en los grupos marginados y las masas paisanas gracias a sus propuestas de un socialismo científico y a su capacidad a desafiar a los colonos. Movilizó las masas en un sinfín de revueltas, boicots, huelgas, manifestaciones etc. y consiguió arrancar la independencia total de manos de los ingleses en 1957 no sin pasar por la cárcel acusado de sublevación.
A partir de este momento, Nkrumah se consideró a sí mismo como el  mesías enviado por Dios para liberar toda África del colonialismo y hacer de Ghana la capital del continente libre. Estaba convencido de que África acabaría siendo un mismo país siguiendo el modelo de los Estados Unidos de América o la URSS gracias a Ghana y su carismático líder. Muy cercano al comunismo, se hacía asesorar por los rusos y los chinos.
Se lanzó en la construcción de impresionantes infraestructuras para el desarrollo de Ghana al mismo tiempo que desplegaba una diplomacia a gran escala para conseguir que África se convirtiera en una sola nación. Fue en esta fiebre del panafricanismo que desarrolló una ideología llamada “el nkrumahismo” y construyó una extraordinaria universidad en Winneba destinada a enseñar esta ideología al mundo entero.


La universidad tenía una vocación panafricanista. Se trataba de una institución dónde todos los países africanos podían enviar a sus mejores estudiantes para aprender los métodos de lucha para la independencia tanto física como mental, las tácticas de resistencia contra el enemigo común africano (el blanco), las estrategias para lograr una unión africana real etc. Era el centro de formación ideológica para llevar las ideas de Nkrumah al resto del continente. Winneba se convirtió así en una ciudad muy especial. Nkrumah procuró asfaltar sus calles y cuidar sus edificios para que el lugar fuera una referencia para un Ghana libre y una África despojado de sus complejos.
Sin embargo, Nkrumah no era solamente el visionario, el luchador, el africanista de referencia, el intrépido y trabajador. También tenía un lado oscuro: sus métodos dictatoriales, su unilateralismo, su intransigencia le crearon muchos enemigos tanto internos como externos.
En febrero de 1966, fue depuesto por el ejército cuando se encontraba en China. Su caída fue acompañada de la caída del sueño de muchos africanos de alcanzar la independencia total del continente frente al Occidente neo-colonialista y lograr una unión continental real. Hoy en día, la universidad de Winneba ya no enseña el nkrumahismo. Se convirtió en la Universidad de Educación. Sin embargo, a pesar de cambiar de nombre, sigue siendo el símbolo de una época de sueños que acabaron desvaneciéndose.

miércoles, 10 de julio de 2019

Bangui, capital sin brillo (parte 2)


El aeropuerto suele ser un lugar dónde el país ofrece su carta de presentación: acogida respetuosa, orden, limpieza etc. Tan es así que la primera impresión del aeropuerto acompaña al pasajero y puede ayudar a superar otros elementos negativos del país. Pues, Centroáfrica, en esto, hace excepción.
Nada más recoger las maletas, el pasajero tiene que pasar por una etapa dolorosa y para algunos, humillante que consiste en abrirlas y dejar que los agentes uniformados remuevan todo hasta el fondo con sus manos. Este ejercicio tiene por objeto de impedir que entren en el país algunos productos prohibidos. El país nunca ha sido capaz de comprar aparatos modernos como escáner por ejemplo afín de evitar esa bochornosa maniobra pública que roza la violación de la intimidad.

Nada más salir del aeropuerto, a doscientos metros, uno se encuentra en un atasco de gente dónde los coches y las personas están mezclados en un vaivén impresionante. Se trata del mercado de Combattant. Las mercancías se encuentran a escasos metros de la calle y los mercaderes circulan en medio de los coches intentando vender lo que llevan encima. Es la primera imagen de Bangui que el viajero tiene antes de adentrar en la capital. Nada que ver con el letrero de “Bangui la coquette” que se ve por el monte Bazoubangui, lugar que por cierto es una verdadera riqueza ecológica alrededor de una ciudad.
Dicen los que conocen la ciudad en los años ochenta que no tenía nada que envidiar otras capitales africanas. Situada al borde del río Oubangui, Bangui estaba pensado para ser un lugar idóneo para disfrutar de las vacaciones, hacer negocios, probar las recetas culinarias locales en toda tranquilidad. La luz que venía de la central hidroeléctrica de Boali alimentaba toda la ciudad y el agua purificada de SODECA era suficiente para toda la población de aquella época. Hoy en día, todo esto parece un cuento de las mil y mil noches.
Las diferentes turbulencias políticas y militares, la corrupción, la falta de visión de los sucesivos dirigentes convirtieron una ciudad atractiva en una aglomeración de miseria y tristeza. La Central de Boali, mal cuidada ya no alcanza abastecer a todos los habitantes de Bangui que, entre tanto han aumentado. A día de hoy, tener electricidad en casa más de ocho horas al día es un verdadero lujo. Todas las iniciativas de desarrollo que requieren la energía eléctrica quedan así paralizadas. Los habitantes de Bangui llevan años viviendo así y nada indica que algo vaya a cambiar dentro de poco ya que el Estado depende casi enteramente de las ayudas exteriores. La mejor solución sería potenciar desde el Estado el consumo individual con la energía solar, pero tampoco se ven iniciativas en este sentido.
Últimamente, se ha añadido el problema del agua potable. Es imposible imaginar una capital sin agua en los grifos. La vejez de las máquinas potabilizadoras, la falta de inversión para ir cambiando las tuberías y mejorar las instalaciones hacen que cada vez los habitantes de Bangui tengan la sensación de ir hacia atrás. Debe ser el único país del mundo que retrocede en lugar de avanzar. Las quejas no cambiarán las cosas. Hacen falta acciones fuertes en el sentido de las reformas estructurales para actualizar los servicios del Estado y mejorar la gestión económica del dinero público.

Durante mi estancia, había también dificultades para tener gasolina. El precio había subido tanto que era imposible para los coches de gasolina seguir circulando. Bien es verdad que el país está enclavado y no toca a ningún puerto. Pero, esto mismo tendría que motivar a las autoridades a buscar soluciones alternativas para que el país no quede paralizado cuando hay problemas de abastecimiento.
Sin embargo, en el centro de la ciudad, por la tarde, se sigue apreciando la presencia de los bares y restaurantes con comida local agradable: pollo asado, yagbanda, pescado asado etc. Solo por esto merece la pena visitar Bangui al menos por un tiempo.

jueves, 4 de julio de 2019

Bangui, capital sin brillo (parte 1)


Cuando uno llega a Bangui, la primera cosa que ve es una inscripción en letras grandes por encima de la ciudad, en un monte que separa la capital del resto del país. La inscripción dice “Bangui la coquette”, es decir Bangui la coqueta en el sentido de una cosa bella y seductora. La inscripción bien protegida debía de corresponder a la realidad en una cierta época pasada cuando se hablaba de una bella ciudad al borde del rio Oubangui. Hoy en día, la famosa inscripción es solamente un conjunto de letras vacías. No se refiere a ninguna realidad.
Acabo de pasar una semana en Bangui, la capital de la República Centroafricana. La última vez que estuve allí, en 2015, se oían disparos la noche por los barrios colindantes a Km5 dónde se concentran los musulmanes de la ciudad. El país estaba todavía inmerso en una cruenta guerra civil con matices religiosos entre musulmanes y no musulmanes. Al mismo tiempo, los ciudadanos tanto musulmanes como cristianos estaban esperando como agua de mayo la visita del Papa Francisco quien, contra todas las mareas, había decidido ir a aportar su granito de arena al proceso de paz. Nadie sabía como aquella visita se desarrollaría entre tanto odio, angustia, división y desesperación. Me place decir que su paso por Bangui hizo algo milagroso: aquellos días supusieron un alivio para todos. Los musulmanes del km 5 pudieron salir de su aislamiento y cruzarse sin roce con el resto de los habitantes de Bangui. El Papa había roto las fronteras de la vergüenza.
Cuatro años después, la situación de la capital está algo tranquilo. El barrio del km 5 sigue siendo bastión de unas milicias musulmanas armadas pero ya no se oyen disparos. Aunque la mayor parte del territorio nacional esté ocupado por grupos armados bajo tutela de señores de guerra, la capital respira una cierta paz.
Sin embargo, la primera cosa llamativa que uno ve al adentrar en el corazón de la capital es la presencia de los cascos azules. La sorpresa va creciendo cuando ves que hasta el palacio presidencial está custodiado por los militares de la ONU, en este caso, los ruandeses. Es una cosa muy sorprendente ya que la presidencia de un país es un lugar que simboliza la independencia de la nación y su auto-gobierno. Ver a los casos azules por los cuatro ángulos de este edificio no deja de suscitar muchos interrogantes. ¿El presidente puede sentirse seguro y libre en un palacio protegido por los extranjeros? La presencia de los militares extranjeros en los lugares de alto valor simbólico es signo de un orgullo nacional herido.
En las calles, no se ven muchos coches. Nada que ver con otras ciudades de África como Lagos, Kigali, Douala o Accra etc.  La mayor parte de los vehículos que circulan en Bangui son unos todoterrenos de los ONGs o de la mismísima ONU. Aparte de esto, ve puede apreciar una buena cantidad de taxis amarrillos cargados de personas como si fueran mercancía. Un coche-turismo de estos lleva siete personas dentro de un calor de pesadilla y música a todo volumen. Los taxis se mezclan con las motos que también hacen de transporte público, sin casco tanto para el conductor como para el pasajero. ¿De verdad, Se requieren inversiones extranjeras para que los conductores de moto lleven cascos? ¿Cuántas vidas humanas se podrían salvar llevando el casco?

La gente en la calle camina como sombras bajo el sol. Se nota la pobreza en la cara. Es una cosa que se ve directamente cuando estás acostumbrado a viajar en otros lugares. La pobreza en cuestión puede no ser tanto la falta de comida (que también), como la falta de esperanza. Los rostros no transmiten optimismo; la gente no camina con paso firme; los diálogos están cargados de negatividad. La manera de vestir, de caminar, de mirar transmite cierto cansancio. El pueblo está cansado de ser víctima de guerras y precariedad. Quiere pasar página y vivir en paz.
Desde el punto de vista político-militar, se han firmado los acuerdos de paz primero en Khartoum, luego en Bangui y en Adis Abeba. Dichos acuerdos suponen el alto el fuego y el proceso de paz hacia el desarme total de más de 14 grupos armados. Aunque en la teoría no hay otra vía posible hacia la paz, en la práctica los señores de guerra, muchos de ellos sanguinarios, siguen acampando en sus anchas sin preocupación. El pueblo, él, escruta el horizonte con una rara mezcla de frustración y esperanza.
Gaetan Kabasha


jueves, 6 de junio de 2019

Sudán: El pueblo frente al ejército

Lo que está pasando en Sudán puede parecer novedoso pero no lo es. Ya ha pasado en otros países dónde el pueblo, con sus manos vacías y una fuerte determinación, consiguió deshacerse de una dictadura armada y represora. Ya pasó en Túnez y Egipto en lo que se llamó la primavera árabe; luego en Burkina Faso contra el presidente Blaise Compaoré y últimamente en Argelia.
Las noticias que llegan de Sudán no son alentadoras. El ejército está masacrando al pueblo que está supuesto proteger. Es una verdadera contradicción pero no es ni mucho menos excepcional en África dónde los ejércitos suelen confundir al jefe de Estado con el Estado mismo. 
La crisis de Sudán estalló de manera irreversible en diciembre de 2019. Todo partió de un problema de pan. Así de sencillo. Quien dice pan, dice comida. Sin comida, el ser humano está dispuesto a arriesgarlo todo incluido la muerte. Es un problema de supervivencia. Si entonces, el detonante fue el pan, hay que entender que el país llevaba mucho tiempo arrastrando una crisis económica de mucho calado que se añadía a un agotamiento del sistema político en fases de podredumbre.
Omar el Bechir se hizo con el poder en 1989. Instaló un sistema dictatorial fuerte dónde todo giraba en torno a su persona y a sus servicios secretos. En los años 2003, empezó una crisis de gran envergadura en la región del Darfúr llevando por delante a miles de personas. Este conflicto que oponía a diferentes tribus fue alentado desde la capital Jartúm por las milicias llamadas Ndjandjawids. La condena internacional consiguió que el presidente Bechir fuera imputado por el Tribunal Penal Internacional de la Haya. A día de hoy, el mandato internacional de llevarlo a juicio no ha sido ejecutado.
Como todo en este mundo caduca, el poder de Bechir no iba a ser una excepción. En diciembre de 2019, empezó una protesta popular a raíz del precio del pan que había triplicado. En el inicio, nadie podía prever el alcance del enfado y del cansancio del pueblo con respecto a un poder agonizante. La protesta de expandió por todo el país como una mancha de aceite. Las medidas policiales no dieron ningún fruto. En febrero, después de fracasar con las promesas de reforma, el presidente decretó un estado de sitio en todo el país. La crisis se agudizó más.
En abril de 2019, el pueblo harto hasta la saciedad se movilizó masivamente en la capital Jartúm con el propósito de derrocar el régimen. Pidió la ayuda del ejército. 
La caída de Bechir se asemejó a la caída de un elefante con los pies de arcilla. El ejército le depuso sin que pudiera oponer resistencia. Sus servicios secretos y sus milicianos no le pudieron proteger. Nada resiste a un pueblo determinado. En su casa, encontraron una cantidad impresionante de dinero que utilizaba para corromperse y corromper al mundo. El 11 de abril de 2019 será marcado en la historia como un día de júbilo para todo el pueblo sudanés y de esperanza para todos los africanos que creen en la fuerza de un pueblo oprimido. 
Sin embargo, el ejército empezó las maniobras para robarle el poder al pueblo. Un militar, el general Awad Ahmed Benawf se hizo con el Consejo Nacional de Transición. Las negociaciones para transferir el poder a una autoridad civil llevaron a un callejón sin salida. Entre tanto, el pueblo seguía sitiando la capital reclamando el fin total del régimen dictatorial.

El 3 de junio de 2019, la cúpula militar ordenó la matanza por medio de los milicianos que tienen estructuras paralelas al ejército nacional. Dispararon en la muchedumbre con el propósito de desmantelar las manifestaciones hasta allí pacíficas. La matanza se salvó con más de cien muertos. Todos los acuerdos alcanzados con los manifestantes fueron disueltos por los militares. 
Es muy difícil esperar una respuesta de la Comunidad Internacional dividida por intereses económicos y estratégicos. La ONU no consigue sacar delante una condena de la matanza por la oposición férrea de Rusia y China. La Unión Africana, titubeante en el principio, acaba de expulsar a Sudán de sus filas.Egipto y Arabia Saudí no parecen interesados en un cambio de algún tipo. Así va el mundo. Los intereses siempre van por delante de los derechos humanos.
¿Hasta dónde llegará la crisis? 
                                                           Gaétan

miércoles, 22 de mayo de 2019

Mala racha para la Iglesia africana

Esta mañana del 22 de mayo de 2019, estaba haciendo una entrevista para Telemadrid. El tema estaba relacionado con el asesinato de Inés Nieves Sancho, una religiosa hispano-francesa de 77 años, decapitada de manera salvaje en Nola, una localidad de la República Centroafricana. Un horror que viene a completar otros horrores vividos por la Iglesia africana en estos últimos días.
La religiosa, muy discreta, sin titulares en  ninguna prensa antes de su muerte, vivía desde una veintena de años en la localidad de Nola. Enseñaba a las mujeres las manualidades como la costura, llevándoles así a auto-financiarse en su vida diaria. Todo el mundo la querría por su entrega y sencillez. ¿Por qué entonces la han matado?
Misioneros matados últimamente

En este país, la muerte es muy barata. La fragilidad o la ausencia de las estructuras estatales, el estado permanente de guerra, la sangre que se derrama sin consecuencias desde siete años hacen que matar a una persona como sor Inés forme parte de un acontecimiento más. De hecho, el mismo día, hacía el norte, un grupo armado mató a sangre fría a más de treinta personas. Los muertos se multiplican cada día en diferentes lugares como si la muerte formara parte del panorama cotidiano.
Cabe recordar que la Iglesia centroafricana está pagando un alto precio los últimos tiempos. El  interminable conflicto que empezó en 2012 ya se ha cebado con más de ocho sacerdotes de diferentes diócesis. Algunos murieron protegiendo a los desplazados atacados por los radicales violentos.
Más allá de la República Centroafricana, es importante mencionar que durante este mes de mayo, murieron asesinados tres sacerdotes en Burkinafaso (dos españoles y un sacerdote autóctono) y un sacerdote congoleño en Mozambique.
Los curas centroafricanos asesinados

Son muchos muertos en muy poco tiempo. La Iglesia africana está pasando por una mala racha pero también esto significa que el mal sigue su camino en este mundo; y está golpeando donde más duele, es decir hacia los que luchan para un mundo mejor.
Sólo me ocurre una cosa: oración.
Gaetan K.

miércoles, 3 de octubre de 2018

La formación de los "baby bishop"


(Del diario de Misión de Mgr Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou -RCA)

Como si hubieran intuido mi pensamiento “yo no estudié para obispo”, los de Propaganda Fidei han organizado un curso para los nuevos obispos de misiones elegidos en estos dos últimos años.
Siempre he pensado que es el pueblo el que de verdad te enseña a ser pastor; pero estos quince días de curso intensivo se agradecen. En este curso me he percatado que hay dos “clases” de obispos: los de misiones que dependemos de Propaganda Fidei con el cardenal Filoni, el llamado papa rojo,al cargo de unas 1350 diócesis en todo el mundo; y los otros obispos de las viejas iglesias (Europa, América, Filipinas…) que dependen de la Congregación de los Obispos a cuyo cargo está el cardenal Ouellet.

A nosotros, los de misiones, nos han alojado en el Colegio San Pablo de Roma donde cada año unos doscientos sacerdotes de territorios de misión hacen sus licenciaturas y doctorados. Nuestro Colegio, vecino al Colegio Español de Roma,es un enorme edificio,
lleno de mosquitos. Ni en África he tenido que vérmelas con tanto mosquito que te acribillan constantemente día y noche… Nos han tranquilizado diciéndonos que “no tienen malaria”.

Este año nos hemos reunido 75 obispos: 14 de habla francesa, 6 de lengua española (3 de América y 3 de Guinea Ecuatorial) y el resto hablanel inglés. De América Latina solo tres, que pertenecen a Vicariatos de Ecuador, México y Colombia. El resto, África, Asia e Indonesia.Cinco europeos, de los cuales tres éramos españoles: el arzobispo de Rabat en Marruecos, Cristóbal, un simpático salesiano; el antiguo Superior General de los Claretianos, José Abella, obispo auxiliar en Osaka, Japón; y un servidor.

Una primera constatación es que el futuro de la Iglesia viene de Asia. Asia es el gigante desconocido. Una Iglesia minoritaria donde el cristianismo es extranjero, pero con una población enorme. Solo los obispos venidos de la India eran 12 obispos. Nos contaban que en India solo el 2% es católico, lo que supone 22 millones de católicos. Son iglesias, muchas veces, marginadas, perseguidas, sin derecho de ciudadanía pero con una fuerza interior como un tsunami, herederos de una espiritualidad milenaria, con miles de vocaciones religiosas y conversiones masivas al cristianismo: Corea, Vietnam, Indonesia, China…


En el encuentro se palpa bien la Universalidad de la Iglesia, su catolicidad… El Papa Francisco insiste en que la iglesia no puede ser una esfera, sino más bien un poliedro con múltiples caras irregulares formando un solo cuerpo. En el encuentro hemos gozado de esta universalidad con personajes tan singulares como Jean Pierre Cottanceau, arzobispo de Tahiti… “y ¿dónde está eso?”,nos hemos preguntadoalgunos. Tahiti es probablemente la diócesis más grande del mundo con cinco millones de km2 de agua: unas ciento treinta islas en el Pacífico, a 18 horas de vuelo de Paris, 6000 km de Sydney y 7000 km de Chile. Universalidad con José Adalberto, sucesor del obispo mártir Lavaca en Ecuador; los obispos de Camerún con sus jerarquías, los de Indonesia yPapua Guinea, Japón, Tailandia, Nigeria o el enorme negro de la isla de Grenada que se puso a bailar en una velada festiva y temblaba el suelo… tantas caras diferentes de
ese poliedro que forma el Cuerpo de Cristo. La manera de razonar, de divertirnos, de hablar, de estar y de rezar… es diferente. Así, al segundo día he tenido que pedir cambio de habitación, pues mi vecino de la India se
pasa toda la noche hablando por teléfono con su país donde el cambio horario produce que durante nuestra noche europea allí ya estén en plena luz del día.

También me reafirmo en el postulado de una Iglesia con doble velocidad: Europa y América (el norte) por un lado, y el resto por el otro.Por un lado nuestras iglesias nacientes,que están bajo la tutela de Propaganda Fidei. Iglesiasmuchas veces pobres, sufriendo conflictos bélicos; Iglesias marginales y martiriales, no reconocidas, viviendo en las catacumbas; perseguida no pocas veces, con dramas humanitarios entre su población… India, Vietnam, China, Micronesia, Marruecos, Sudán del Sur, Centroáfrica… Del otro lado las iglesias madres; iglesias fundadoras que envejecen y languidecen; un aquí y un allá… Una sola Iglesia Católica con doble velocidad. Una tarde nos hemos juntado los nuevos obispos de estas dos iglesias; hemos rezado vísperas, hemos cenado y hemos tenido un encuentro con los otros obispos de Europa y América que se reúnen en la casa de los Legionarios de Cristo Rey. Ha sido un encuentro muy fugaz sin tiempo para conocernos.

El primer día, ante el cardenal Filoni, me he atrevido a insinuar que tendría que haber una fluidez, una familiaridad, una solidaridad e intercambio más fuerte entre estas dos iglesias. ¿Cómo reconocernos en la única Iglesia de Cristo cuando para una Iglesia, muchas veces,es primordial hacer esfuerzos sobrehumanos para guardar el patrimonio cultural y su puesto de relevancia y prestigio social… cuando para la otra iglesia lo primordial es sobrevivir en medio de una población que no tiene los mínimos de dignidad humana, una población hambrienta, en guerra, o desplazada? ¿Cómo ser esa familia de Dios cuando en ciertas Iglesia hay tanta aglomeración de agentes de pastoral que no saben qué hacer, y en otras iglesias no se puede anunciar el Evangelio a los pobres por falta de personal apostólico? No es cuestión de limosnas… no es cuestión de hacer gestos mediáticos; es urgente una revolución evangélica para que nuestra Iglesia sea una Iglesia de hermanos, una Iglesia en salida que tanto grita el Papa Francisco…
Otro tiempo fue el “norte” quien evangelizó al “sur”; hoy es el tiempo de ser misioneros desde el Sur; evangelizar África desde África, Asia desde Asia… Cuando oigo a mis hermanos obispos del Camerún con 130 sacerdotes en la diócesis; con sus capitales llenas de Institutos religiosos; cuando escucho que en un solo seminario de Nigeria hay 600 seminaristas; cuando veo que en la Iglesia no reconocida de Vietnam hay miles de vocaciones religiosas, y lo mismo en Indonesia… Es la hora del Sur. En estos momentos en que los del sur huyen hacia el norte; nuestra tentación de la Iglesia del sur es la de escaparnos, huir de la cruz y acomodarnosen el norte… Sueño con una Iglesia católica donde las diferentes iglesias seamos hermanos, que no “adoptados” ni hermanastros; sueño con una justa distribución económica y de agentes de pastoral, una justa distribución en el anuncio evangélico… Los pobres tienen derecho a recibir la Buena Nueva de Jesús, el Hijo de Dios.

                                            Mgr Jesús Ruiz con el Papa Francisco.
Estos días también he olido algo de ese clericalismo denunciadopor el Papa como el mayor pecado de la Iglesia. Unos ocho cardenales, muchos obispos y
gente de la Curia Romana nos han impartido este curso. Algunos muy buenos; todos nos han ofrecido doctrina sana y segura según las consignas del Vaticano II, pero a veces he visto a estos ponente sin garra ni convicción; aferrados a sus
textos, sin ninguna espontaneidad ni creatividad, muy encorsetados en las rubricas, las jerarquías con su eminencia por aquí, excelencias por allá… Es un olor al que no estoy acostumbrado a pesar que a alguno de los del curso se les ve respirando a pleno pulmón. Clericalismo y carrerismo son el cáncer de nuestra Iglesia jerárquica.
“No sois príncipes” nos ha gritado el papa Francisco, sed “pastores con olor a oveja”. A veces me pregunto para mis adentro, cuánto hay de “franciscanismo” (sumarse ideológicamente al grupo de Francisco), y cuánto deverdadera conversión en nuestras estructuras eclesiales y en nuestro corazón…Me temo que muchas veces vamos a la moda eclesial; cambiamos el lenguaje, barnizamos algunas formas, pero estamos lejos de cambios profundos, estructurales,  con nuevos estilos de vida que rezumen el Evangelio de Jesús.