jueves, 20 de agosto de 2020

Mali entre la democracia y los golpes de Estado.

 (Dr Gaetan Kabasha)

Cuando el pasado martes 18 de agosto los militares llevaron a cabo el golpe de Estado en Mali, la población salió masivamente a la calle para felicitar a los golpistas. También algunos africanos de otros países en sus redes sociales parecen estar contentos de la acción. Lo que unos y otros olvidan es que el problema de Mali no arranca con el presidente arrestado, Ibrahim Boubakar Keita ni terminarán con las nuevas autoridades por muy militares que sean.

Existe un error extendido en África según el cual la democracia lo resuelve todo. En realidad es una manera de huir de los problemas pensando que las soluciones llegan con esta palabra mágica. Nadie para un poco a reflexionar sobre este concepto de democracia, lo que supone, cómo funciona, qué es y qué no es. No sería despiadado pensar que muchos confunden democracia con el voto democrático cuando el voto es una parte de un gran conjunto. Democracia no se limita a organizar las elecciones. Se trata de algo más.

Para empezar, hay que saber que antes de poner en marcha una democracia, hace falta unos fundamentos previos sin los cuales todo se viene abajo. Hay requisitos pre-democráticos que necesitan ser estudiados y equilibrados antes de plantear el proceso democrático que aboca en las elecciones. Estos requisitos son entre otros la existencia de un Estado, el consenso general sobre la forma de gobierno que se quiere, la resolución de problemas identitarios existentes entre las diferentes comunidades, pacto sobre las líneas rojas y las reglas de juego etc. Si estos requisitos fallan, no hay democracia que prospere y las elecciones transparentes no resuelven ninguna crisis profunda.

Volvamos a Mali. Estamos ante un país con una superficie dos veces España con solo 15 millones de habitantes dispersados sobre una tierra desértica. La población del norte tiene un fuerte sentimiento de abandono por parte del sur dónde está la capital Bamako y se envuelve en una espiral independentista que el sur es incapaz de controlar. Los touaregs mayoritariamente instalados en el norte, reagrupados en el MNLA proclamaron la independencia de AZAWAD. Recientemente, con la destrucción de Libia y el flujo de las armas en el Sahel, a este sentimiento independentista se ha añadido el terrorismo islámico de los movimientos que quieren controlar el país e implantar la sharia. El ejército de Mali es incapaz de asegurar la soberanía nacional en todas sus fronteras. Al gobierno central se le escapa una buena parte del territorio y la frustración del pueblo ante esta impotencia es cada vez fuerte.

A parte de estos problemas que son de importante calado, el país vive constantemente en crisis políticas y económicos que hacen que después de la Independencia haya habido varios golpes de Estado que alteran con tiempos de elecciones democráticas sin que ningún régimen haya podido solucionar los problemas reales del país.

Cuando en 1991, el general del ejército Amadou Toumani Touré hizo un golpe de Estado y organizó las elecciones democráticas sin presentarse él, los malienses creyeron que el país se ponía ya en la órbita del progreso. La decepción fue grande cuando se dieron cuenta de que la crisis que vivía el país iba más allá del hecho de depositar una urna. En 2012, con la parte norte en efervescencia y el país es descomposición, el ejército volvió a hacer un golpe de Estado contra las autoridades democráticamente elegidas. El círculo se cerraba. La Democracia o lo que se le parece no impidió el derrocamiento del poder por la fuerza. Algo había fallado.

Con las presiones de la Comunidad Internacional, los golpistas aceptaron pasar el poder a los civiles en un nuevo intento de democracia. El presidente IBK ganó claramente las elecciones en un momento en el que Francia estaba interviniendo militarmente en el norte contra los grupos yijadistas. El pueblo depositó sus esperanzas en IBK como si fuera un superhombre capaz de resolver los problemas seculares y hondos que podrían llevar por delante todo el Estado. Ni los 4.500 militares franceses desplegados en el país, ni los 13.000 cascos azules de la ONU, ni la Comunidad Internacional masivamente han podido aplacar definitivamente el terrorismo o convencer a los touaregs que renunciaran a sus veleidades de independencia del norte. Ni siquiera han podido impedir el golpe de Estado que viene a poner todo lo conseguido en entredicho. A esto se añaden la corrupción, el amaño de los votos para favorecer al presidente, la inercia del Estado a la hora de abordar los problemas etc.

Hace semanas que el ambiente en Mali era muy tenso. El pueblo estaba en la calle rechazando los resultados de las elecciones legislativas y la dimisión del presidente. Las organizaciones regionales habían intentado encontrar una solución con una serie de propuestas. Pero los militares decidieron tomar el asunto en sus manos. Otra vez, un golpe de Estado contra las instituciones democráticas. Parece que cuando África quiere escapar del trueno se encuentra con el relámpago. Se requiere un trabajo de fondo que asegure los cimientos del Estado antes de plantear cualquier otra cosa.


jueves, 18 de junio de 2020

Un nuevo presidente para Burundi

(Gaetan Kabasha)

La historia reciente de Burundi está llena de dolor y esperanza, de lágrimas y sorpresas. Hoy podríamos hablar de esperanza guardando todas las precauciones.  La esperanza de un país reconciliado y próspero, abierto al mundo y peregrino en las sendas de la democracia. Pero, todo dependerá de un hombre y este hombre es Evariste Ndayishimiye.
Cuando el país entró en las elecciones presidenciales, el 20 de mayo de 2020,  todo el pueblo cortó su respiración por miedo a lo que podría pasar. El pasado de Burundi es tan repleto de episodios violentos que cualquier momento de tensión nacional puede abocar a unas escenas de violencia colectiva. El presidente Nkurunziza había sorprendido a todos renunciando a un cuarto mandato que sin embargo le otorgaba la nueva Constitución votada en 2018.  Contra todo pronóstico, había elegido al general Evariste Ndayishimiye como sustituto dejando de lado al presidente de la Asambea Nacional, Pascal Nyabenda que estaba dado por favorito. Por lo visto, los generales que tienen las riendas del poder quisieron que uno de ellos se hiciera cargo del relevo.
Al proclamar los resultados, como era de esperar, el candidato oficialista fue proclamado ganador y por sorpresa de todos, el opositor, el siempre rebelde Agatho Rwasa, no invitó a sus seguidores a las manifestaciones, lo que hubiera ocasionado inexorablement  enfrentamientos entre las milicias del poder (Imbonerakure) y la juventud de la oposición. Fue la primera sorpresa.
Según la Constitución, el nuevo presidente  tenía que jurar el cargo el 20 de agosto pero entre tanto algo dramático pasó. El presidente saliente, Nkurunziza, falleció de una muerte repentina el 9 de junio. A partir de este momento, se temió lo peor. En efecto, los fantasmas del pasado nunca están lejos. Sin embargo, los actores políticos parecen haber entendido que un Burundi ensangrentado no beneficia a nadie. Hizo falta mucha cordura y mucha sensatez. El Tribunal Constitucional dictaminó que el nuevo presidente electo tenía que jurar el cargo cuanto antes, evitando así una incierta transición que podía alentar los apetitos de los siempre quieren pescar en aguas turbias. Fue la segunda sorpresa.

Hoy Ndayishimiye ha jurado el cargo. El futuro está sobre sus hombros. Todo dependerá de sus decisiones. Los desafíos son enormes. En un primer lugar, tendrá que crear condiciones favorables para que los exiliados de la crisis de 2015 puedan volver sin miedo a represalias. Muchos creen que la disolución de la milicia Imbonerakure puede ser una buena señal en este sentido. En segundo lugar, tendrá que hacer esfuerzos diplomáticos para volver a colocar el país en la órbita de las naciones dónde fue expulsado poco a poco hasta quedar recluido sobre sí mismo. En tercer lugar, poner en marcha la economía que actualmente está por los suelos por falta de financiación y de inversiones exteriores. En paralelo, el nuevo presidente tendrá que ir consolidando la democracia, abriendo el espacio político y favoreciendo la prensa libre sin poner en peligro la seguridad nacional.
Ndayishimiye es un hombre de una cierta reputación de moderación y de diálogo. Nacido en 1968, se unió a la rebelión hutu en 1995 poco después de escapar a una matanza de estudiantes en la Universidad de Bujumbura. Fue ganando galardones al mismo tiempo que combatía el poder tutsi, sobreviviendo varias veces a la muerte segura junto con Nkurunziza y otros combatientes. En 2003, después de la firma de los acuerdos de Arusha, se integró al ejército nacional. En 2005, fue nombrado Jefe de Estado Mayor adjunto del ejército con el rango de general.
Durante mucho tiempo, fue hombre de confianza de Pierre Nkurunziza y ocupó varios puestos de responsabilidad política y militar. Está casado, tiene 8 hijos y se declara ferviente católico. Algunos analistas de la situación de Burundi le califican como el menos malo de los posibles sucesores de Nkurunziza. Que se sepa, no tiene en su expediente ningún episodio que podría dañar su imagen. Por tanto las tiene todas consigo para tener éxito. Todo dependerá de su capacidad a marcar las distancias con el pasado sombrío sin cortar necesariamente el cordón umbilical que le relaciona al patriotismo.

(Para colaborar con África www.audesarrollo.es)

martes, 16 de junio de 2020

Muere el presidente Pierre Nkurunziza

Un héroe para algunos, una bestia negra para otros, Pierre Nkurunziza muere con 55 años a dos meses de dejar la presidencia de Burundi a un sucesor que él mismo ha elegido. Su muerte conmueve tanto a los seguidores que le adoran como un mensajero divino como a los detractores que le odian con la misma intensidad.
Nkurunziza nació en una familia bastante holgada. Su padre, Hutu, formaba parte de la élite política de después de la independencia del país. Su madre, Tutsi, era enfermera. En 1972, cuando Nkurunziza tenía siete años, su padre era diputado de la nación. En aquel momento el gobierno de Michel Micombero decidió eliminar a todos los intelectuales hutus sin excepción en todos los rincones del país. Fue un genocidio en toda regla aunque no reconocido internacionalmente todavía. Ministros, diputados, profesores, comerciantes, estudiantes etc. fueron buscados, masacrados y enterrados en fosas comunes lejos de sus familias que nunca volvieron a saber de ellos. Miles de Hutus huyeron hacía los países vecinos. El conflicto étnico cogió las proporciones jamás vistas antes. El padre de Nkurunziza desapareció así dejando atrás 6 huérfanos.

Con duros esfuerzos, Nkurunziza pudo cursar los estudios en un ambiente muy difícil y llegó a ser profesor de educación física en la Universidad de Burundi. En 1993, una ola de democratización de África llegó a Burundi y el pueblo eligió soberanamente a Melchior Ndadaye, un hutu salido del exilio. Por primera vez en la historia de este país, alguien de la mayoría étnica cogió el destino del pueblo en unas estructuras politico-militar completamente adversas. Aquello no duró mucho ya que después de 3 meses, Ndadaye fue asesinado por los militares. Su muerte fue seguida de enfrentamientos sangrientos y una guerra civil de casi 10 años.
En 1995, Nkurunziza escapó de un intento de asesinato en la universidad dónde enseñaba y decidió ingresar en la rebelión hutu. Poco a poco, con su talante, consiguió hacerse cargo del movimiento poniendo fin a las rivalidades entre los diferentes líderes de la rebelión. En 2003, filmó los acuerdos de paz de Arusha entre el gobierno de Pierre Buyoya y las diferentes rebeliones, auspiciados por el icónico Nelsón Mandela. Burundi entró en una nueva era dónde la democracia se fundamentaba sobre el reparto del poder entre los Hutus y los Tutsis en todos los niveles de la administración nacional.
En 2005, con 40 años, Nkurunziza fue elegido presidente de Burundi con una mayoría abrumadora de 94% de los miembros de la cámara de diputados. Su llegada al poder supuso un antes y un después, poniendo fin a los repetidos enfrentamientos entre los Hutus y los Tutsis. 
Su sistema de gobierno fue visto por muchos como una bendición para la nación y un símbolo de reconciliación: sencillez, cercanía con el pueblo, deporte, insistencia en el desarrollo rural (escuelas primarias por todas partes, centros de salud etc). Aparecía en las colinas con su bicicleta y se ponía a cultivar con la gente. Se hizo tan popular que consiguió instalar su partido el corazón de los campesinos. Pero algunos le reprochaban su tendencia a confundir su evangelismo con la política queriendo convertir al aparato del Estado en una propaganda de su iglesia pentecostal. De hecho, casi nunca sintonizó con la poderosa Iglesia Católica hasta el final.
En 2015, cuando todos esperaban que abandonara el poder según los acuerdos de Arusha que guiaban el país como pacto fundacional, el presidente sorprendió a los suyos y ajenos que se presentaría al tercer mandato. Los problemas empezaron allí. Algunos de sus compañeros de partidos no entendieron esta actitud. Muchos le hicieron saber en vano. El ambiente se tensó mucho en todos los ámbitos de la vida nacional. Un golpe de Estado organizado por sus antiguos compañeros de lucha fue asfixiado. El país se paralizó. Miles de burundeses volvieron a huir del país. La prensa privada fue mermada; las voces críticas acalladas. Se empezó hablar otra vez de rebeliones. En realidad aquello fue una guerra entre los hermanos enemistados, una rivalidad entre los vencedores en torno al poder. Nkurunziza salió ganador pero con una nación herida, cerrada al mundo. La comunidad internacional le retiró apoyo y financiación. Durante cinco años, el presidente no salió del país. Al mismo tiempo, el pueblo burundés aprendió a vivir con sus propios medios sin depender demasiado de las ayudas exteriores. Su relación con Ruanda, su vecino del norte, se deterioró tanto que los dos presidentes lo manifestaron en público acusándose mutuamente de apoyar a los ellos llaman "enemigos".
En 2020, cuando nadie lo esperaba, Nkurunziza sorprendió a todos anunciando que no se presentaría a las nuevas elecciones. Influyó en la elección del candidato del partido CNDD-FDD, el general Evariste Ndayishimiye. Fue un alivio para todos, tanto los de su partido como los opositores que vieron en este gesto una oportunidad de volver  a una cierta reconciliación nacional.
La muerte repentina de Nkurunziza el 9 de junio oficialmente por infarto no deja de levantar interrogantes. Todo lo que se puede decir es que sus seguidores le lloran como a un mesías que acaba su misión y esperan que su sucesor siga sus huellas. Los detractores desean desde el fondo de su corazón que el nuevo presidente, Ndayishimiye, abra el país y recomponga la fractura social que se ha instalado desde 2015. En paralelo, sus seguidores hablan de una estrella divina que desaparece dejando atrás una vislumbraste luz, un patriota al que habrá que construir un gigante monumento.  No cabe duda de que, a pesar de las controversias, su decisión de pasar el testigo será recordado como un gesto de gran trascendencia en un continente dónde los presidentes suelen tomarse por insustituibles.
Requiescat In Pace.

                                                                                                  Gaetan

viernes, 29 de mayo de 2020

Coronavirus en África: enfoque desigual

Repetiremos hasta cansarnos que África no es un país; es un continente con 54 países reconocidos en la ONU y 55 si contamos el Sahara Occidental reconocido por la Unión Africana. Este continente cuenta con miles de lenguas y culturas diferentes. Cada país tiene su propia trayectoria histórica aunque se pueda encontrar similitudes según zonas geográficas. Hay que recordar también que estamos hablando de una población que ronda los 1,250 millones de habitantes, muy lejos del continente europeo que cuenta con 742 millones. Por tanto, cuando se habla de África en su totalidad se suele caer en las generalidades cuando no en los prejuicios de una cierta época.
Por lo que se refiere a la crisis del coronavirus, a día de hoy se contabiliza en torno a 125.000 contagios y en torno a  3.600 muertos. Estos datos no son abrumadoras en proporción al número de habitantes. 
Es imposible prever como se desarrollará el virus ya que no se ha alcanzado todavía el pico. En la mayoría de los países, aunque de una manera más lenta que lo previsto, los contagios siguen en aumento. Sin embargo en comparación con otros continente, sobre todo Europa y América, no se puede hablar de una catástrofe. Estamos hablando de 3600 muertos sobre una población de 1.250 millones de habitantes.
Con respecto al enfoque dado a la pandemia, cada país eligió un método que se ajustaba a sus realidades socio-económicas. Hay quienes optaron por importar los métodos extranjeros confinando a la población sin ofrecer nada a cambio; otros aplicaron un tipo de confinamiento parcial como por ejemplo la República Democrática del Congo que confinó durante un pequeño tiempo unos barrios de la capital; otros optaron por sensibilizar la población sobre el distanciamiento social sin más por la República Centroafricana.  No faltaron quienes a día de hoy ignoraron la pandemia sencillamente como Burundi que acaba de celebrar las elecciones presidenciales con aglomeraciones multitudinarias. Mientras que casi todos los países cerraron las iglesias y mezquitas, Tanzania decidió dejar a los creyentes seguir reuniéndose para rezar a favor del fin de la pandemia.
Solamente el futuro nos puede decir que unos han acertado y otros, no. El hecho es que el continente africano está resistiendo al virus sin que nadie sepa exactamente porqué.
(Gaetan)

lunes, 25 de mayo de 2020

África de cara al coronavirus

(Gaetan Kabasha)

La pandemia no ha dejado a nadie indiferente. Por algo es pandemia porque justamente toca a todo el mundo de una manera u otra. Es verdad no sufre lo mismo el que pierde su ser querido que el que pasa un largo rato en la UCI; el que pasa angustia al no poder ver a su abuela y el que espera días a que le hagan la prueba; el que pasa la cuarentena sin saber si desarrollará o no la enfermedad y el que trabaja con los infectados cada día. Todos sufren pero a niveles diferentes
África no ha sido la excepción en este tema de la pandemia aunque el tsunami anunciado por las agencias internacionales que muchas veces hacen cálculos de despacho con parámetros occidentales y una buena dosis de prejuicios sobre el continente, no ha llegado y puede que no llegue. Al  menos es nuestro deseo.
Cuando el virus surgió en China, la prensa occidental pasó días comentando lo malo que era el sistema sanitario chino, lo salvaje que eran algunos de sus habitantes que comen animales de la naturaleza. Luego llegó el tema del confinamiento de millones de personas y la misma prensa hablaba de un método primitivo que no se aplicaría en Occidente dónde todo parecía preparado para cualquier contingencia. Los gobiernos occidentales siguiendo a sus expertos y a su prensa esperaron mucho tiempo sin tomar medidas adecuadas hasta que la pandemia llegó arrasando como un incendio en la paja seca. Nadie se había percatado que las residencias de los ancianos estaban completamente desprotegidas, los hospitales carecían de material de protección suficiente, el sistema de detección no estaba tan a punto etc. El resultado fue una catástrofe con países enteros confinados, miles de muertos, angustia en las familias, heridas que tardarán en curarse etc.
¿Qué ha pasado con África?
Pues, el continente ser humilde y reconocer su debilidad. Los dirigentes africanos sabían que el sistema sanitario era precario,la capacidad de organización muy deficitaria en algunos países y que era imposible hacer frente a lo que les venía encima. Entonces, decidieron actuar con antelación. La mayoría de los países aplicaron el confinamiento con menos de 10 casos detectados. Otros, sin decretar el confinamiento total por miedo a las consecuencias del hambre, optaron por aplicar las medidas de distanciamiento social y sobre todo sensibilizar mucho al pueblo de lo peligroso que era el coronavirus. Hasta los últimos rincones de cada países, la gente sabe como protegerse aunque a veces no no es fácil por falta de medios.
También se adelantaron en buscar ayuda para hacer pruebas. Muchos países no tenían capacidad ni material necesario para detectar la infección. Pero en muy poco tiempo, acudieron a China y consiguieron disponer de medios suficientes en comparación con los enfermos que han ido teniendo de tal manera que consiguieron hacer prueba a todos los infectados desde el primer día del primer síntoma. No es difícil entender que al detectar con tiempo al infectado, aislarlo y buscar todos los contados que haya tenido, se circunscribe rápidamente la enfermedad. También optaron por tratar con los fármacos disponibles desde el primer momento de los síntomas, algo que probablemente impidió el desarrollo de la enfermedad hacia niveles irrecuperables. Eso que en Occidente no consiguieron quizá por el número cuantioso de contagios o por estrategia aún desconocida, hizo que África subsahariana haya podido evitar la catástrofe que se anunciaba. Puede ser que haya otras razones todavía en investigación como la existencia de la vacuna de tuberculosis, el clima, la resistencia natural de los africanos al estar acostumbrado a enfrentarse a las enfermedades de manera natural, la población joven etc. Sea lo que sea, a estas alturas, se puede decir que África subsahariana esta aguantando más que las demás regiones del mundo.
La pandemia despertó también la consciencia de buscar los remedios propios sacados de las plantas medicinales. Madagascar sorprendió al mundo al anunciar un remedio fabricado con la ayuda del instituto de investigación científica (IMRA); también el médico de Benín, Valentin Agon sacó Apivirine; en Gabón se anunciaron Fagacirine; en RCongo, el doctor Vangu Lutete propuso un medicamento hecho a partir de la cloroquina etc. Hay que decir que los ensayos clínicos con instancias neutrales no han afirmado todavía la eficacia de estos remedios pero algo se mueve en África.
Sean o no eficaces contra el coronavirus, estos remedios vienen a poner de manifiesto la necesidad  de poner en marcha estructuras de investigación sobre las plantas medicinales y adjudicar los medios necesarios para que los resultados se ajusten a los estándares científicos universales. Los médicos formados y especializados no pueden obrar como curanderos sino como lo que son: científicos. Hace falta establecer los protocolos claros, las dosis, los efectos secundarios, la duración del tratamiento, las restricciones etc. Es la única manera de colocar África en el lugar de la investigación seria.
También esta pandemia está poniendo de manifiesto la necesidad de invertir en los laboratorios capaces de hacer frente a cualquier incidencia sin necesidad de depender de la OMS o el Insituto Pasteur como hemos visto en algunos países.

viernes, 15 de mayo de 2020

Témoignage glaçant de Mgr Thaddée, évêque de Kagabandoro (Centrafrique)

(Extrait du récit de mission de Mgr. Thaddée KUSY, OFM Évêque de Kaga Bandoro)

LES EVENEMENTS TELS QUE VECUS 

          La visite pastorale de la communauté du village de Golongosso, dans la paroisse Sainte Marie de Ndélé, programmée pour la fin février et le début mars 2020, était la réalisation de mon désir gardé depuis quelques années car c’est vraiment la périphérie et l’extrême nord-ouest de notre territoire diocésain. J’ai quitté Kaga Bandoro le Mercredi des Cendres et le lendemain je suis arrivé à Ndélé, à 330 km de Kaga Bandoro. Vendredi matin nos avons pris la route pour Golongosso, environ 220 km à l’ouest, sur la frontière fluviale du Bahr Aouk avec le Tchad. Mon prédécesseur a pu visiter cette communauté seulement une seule fois durant ses 10 ans à Kaga Bandoro, en 2006 ; ensuite il y a eu la survenue des groupes armés et les habitants ont fui le village pour ne revenir qu’en 2018-2019. Avec le curé, nous y sommes restés du vendredi au lundi. Sur le chemin du retour, nous nous sommes arrêtés encore à Miamèrè, à mi-chemin entre Golongosso et Ndélé, pour une journée. Mardi après-midi, tout heureux de la visite accomplie, avec le curé et ceux qui nous accompagnaient, nous rentrions au centre. Le véhicule avait une panne de la pompe d’injection qui s’aggravait avec quelques kilomètres parcourus. Presque chaque 10-15 kilomètres, le chauffeur mécanicien devait agir pour que le carburant entre convenablement dans le moteur et permette d’avancer. À la barrière gardée par des rebelles de l’ex-Seleka, quelques kilomètres avant la ville, on nous a prévenus qu’il y avait une tension dans les quartiers entre les groupes armés des ethnies Rounga et Goula. 
           Malgré cela nous avons pu bien arriver à la maison, à la paroisse située du côté est de la ville, au pied d’une grande colline rocheuse. Au contact téléphonique avec l’économe diocésain nous avons demandé de nous envoyer, par l’occasion de la venue d’un avion, une nouvelle pièce pour le véhicule. On espérait l’avoir le jeudi. Ceci n’a pas eu lieu et nous avons été obligés de rester à Ndélé. J’habitais dans la maison des sœurs, absentes depuis 2013 ; les deux abbés et le chauffeur passaient la nuit aussi dans cette maison mais ensuite ils sont allés se réfugier chez les conseillers au quartier pour enfin fuir dans les champs avec les autres habitants. Je suis resté seul ; parfois les gardiens venaient. On m’envoyait de la nourriture une fois par jour, tard dans l’après-midi. Le réseau téléphonique ne fonctionnait plus. 
         Le mercredi soir il y a eu les premiers signes forts d’affrontements, des tirs d’armes diverses entre 19 heures et 23 heures, dans les quartiers, pas très loin de chez nous. Le jeudi c’était le calme toute la journée et la nuit. Il semblerait qu’il y a eu des enterrements. Vendredi toute la matinée, depuis 5h45 à 11h, des combats très violents ont eu lieu tout près de la paroisse. Des balles sifflaient près de ma fenêtre. De forts bruits de tirs déchiraient l’air. Dans un moment d’apaisement, après 9h, un petit groupe de Goula a pénétré dans l’enceinte de la maison des sœurs, certains avec des armes automatiques, d’autres avec des couteaux ou bâtons. Ils ripostaient un peu aux autres mais finalement ils se sont retirés, en fuyant par la colline. Avant de partir, l’un d’entre eux a dit : « si Dieu le veut, nous reviendrons ! » Les autres, Rounga, sont arrivés vers 12h30, très violents. Je suis sorti sous la véranda intérieure pour voir et observer. Un homme qui restait en-bas, près du portail, me faisait signe avec son pistolet en main pour que je « dégage » de cet endroit, au coin de la véranda d’où je pouvais voir tout ce qui se passait. Un autre m’a menacé avec son long couteau mais ensuite, je ne sais pas comment et pourquoi, il est venu dans ma chambre, s’est mis à genou et m’a demandé pardon ! L’un deux a essayé de démarrer notre véhicule Land-Cruiser, par les câbles électriques du véhicule qu’il avait sectionnés, sans succès. Je leur ai dit que le véhicule était en panne. Ils ont demandé la clef de contact. J’ai répondu que le chauffeur est parti avec. Comme les portières étaient fermées, bloquées, un muet qui criait beaucoup, avec la crosse de la lance-grenade qu’il avait en mains, a brisé la vitre de la portière arrière, puis j’ai entendu deux coups fins lorsqu’un autre a tiré sur les vitres côté chauffeur (après leur départ j’ai trouvé à cet endroit deux douilles). Des « chefs » demandaient en criant que je leur donne de l’argent ; j’ai expliqué que je n’avais que 30 mille francs (environ 45€) sur moi, pour la tournée, pour mon déplacement dans les villages. Je leur ai donné ce que j’avais, et j’ai remarqué qu’ils n’étaient pas du tout contents. D’autres vidaient les chambres où ils ont trouvé des vêtements appartenant aux jeunes qui y logeaient habituellement pour garder la maison et à un fonctionnaire de l’inspection académique accueilli par les prêtres. Mais personne n’est entré chez moi. Finalement, ils ont poussé le véhicule à l’extérieur pour le ramener dans leur base. Il y avait très peu d’espoir de le récupérer. On m’a dit ensuite qu’ils ont tracté notre Land-Cruiser avec le pick-up du préfet qu’ils avaient volé. J’ai averti la MINUSCA par une note confiée au curé qui est venu me voir samedi matin notamment avec un thermos de café (!) 
          Ce jour-là j’ai bien prié avec les paroles du psaume 33 du milieu du jour : « L’ange du Seigneur campe à l’entour pour libérer ceux qui le craignent ». Dimanche matin, après la messe j’ai commencé à écrire des notes sur saint Joseph car on m’avait demandé de préparer un partage à l’intention des propédeutes à Bangui-Bimbo le 19 mars, jour de leur fête patronale. Après 11h, j’ai entendu des bruits autour de la maison. Je suis sorti cette fois-ci en aube avec la croix sur la poitrine. Ils criaient beaucoup et fort, alors j’ai aussi crié sur eux au moins deux fois. J’ai vu que certains d’entre eux manifestaient un étonnement. L’un d’entre eux s’est approché, a chargé la kalachnikov et me visait en proférant des menaces : « je vais te tuer ! » Je l’ai ignoré et parlais avec les autres. Revenu vers ma chambre j’ai encore protesté car ils me forçaient, me tirant par les bras, pour aller avec eux à 3 leur base. J’ai entendu quelqu’un dire « prisonnier » et cela m’a fait vite comprendre que je pourrais devenir leur otage pour lequel ils demanderaient une rançon ! 
        Un homme de grand taille, peut-être leur chef, que j’ai essayé de bloquer à la porte m’a saisi par le poignet droit et subitement m’a arraché l’anneau épiscopal. Vaines étaient mes suppliques de me la rendre… Il est entré dans ma chambre et a fouillé dans tous les bagages. Il a ouvert la valise-chapelle, je lui en ai expliqué le contenu et il l’a laissée. Il a pris mon sac à dos où j’ai emballé toutes mes affaires. Il a trouvé l’appareil photo, le canif suisse, le téléphone fermé, mes documents avec le passeport. J’ai essayé de lui arracher ces derniers, en demandant de me les rendre ; nous nous sommes un peu chamaillés, bousculés (j’ai vu qu’il a un peu souri lorsque je l’ai repoussé sachant bien que nos forces sont inégales). À ce moment quelqu’un de l’extérieur près de la porte m’a frappé au dos avec une matraque. Enfin le chef a marchandé : « donne-moi ta montre et je te rends les documents ». Sans réfléchir longtemps, j’ai ôté la montre pour récupérer les documents. Il m’a laissé les livres, les vêtements et les sandales, emportant mon sac vide. 
         Les autres ont cassé toutes les portes de quelques bâtiments des sœurs et volé tout ce qu’ils y ont trouvé : des matelas et des draps, des bidons avec notre réserve de gasoil, le sac et les outils de notre chauffeur,… Par miracle, rien n’a été touché dans l’oratoire, dans la chapelle des sœurs, laissée telle qu’elle était au jour du départ des sœurs sénégalaises en 2013. 
        Ceux qui sont allés au presbytère ont cassé les serrures des grilles et des portes, mis à sac les chambres, jetant par terre des objets, des livres et des documents, au réfectoire la vaisselle de l’armoire renversée, cassée, brisée par terre; le groupe électrogène sur roulettes emporté, … J’ai vu tout cela l’après-midi, lorsque les bandits sont partis. 
       Après, déjà à Kaga Bandoro j’ai appris qu’encore ce dimanche soir du 8 mars certains sont revenus, ont cassé toutes les portes de l’église (avec l’intention de les abîmer, puisque pour y entrer il suffisait d’en forcer une seule), et profané des objets du lieu : ils ont renversé l’autel en bois, brisé le tabernacle également en bois, jeté des hosties consacrées par terre, abîmé aussi des objets liturgiques à la sacristie où ils ont trouvé quelques bouteilles de vin de messe ; il semble que quelques-uns sont restés adossés au mur de l’église, complètement ivres… 
        Vers 17 heures, le dimanche, j’ai entendu enfin du bruit qui s’approchait et puis j’ai vu venir un véhicule, celui de la MINUSCA (forces des Nations-Unies) qui venait me chercher. C’est un imam de Ndélé qui guidait les militaires Pakistanais vers la mission catholique. Avec eux je suis allé d’abord dans leur base militaire et ensuite chez des civils, près de l’aérodrome. Ainsi, le même jour, certains musulmans m’ont fait du mal et d’autres musulmans m’ont manifesté un soutien ! 
Le mardi je suis rentré à Kaga Bandoro par hélicoptère de la MINUSCA. 

                                                        +Thaddée KUSY, OFM Évêque de Kaga Bandoro

miércoles, 25 de marzo de 2020

África frente al coronavirus


(Gaetan Kabasha)

Ha tardado en llegar. Muchos empezaron incluso a hacerse preguntas sobre la hipotética inmunidad de la raza negra al nuevo virus. Pero al final llegó. Gota a gota, pero con un paso firme, la pandemia se va apoderando de los países africanos. En este miércoles 25 de marzo, ya son 43 los países afectados sobre 54 con un total de 2.412 casos detectados y más de 60 muertos. Los países más afectados al sur de Sahara son Suráfrica con 709 casos, Burkina Faso con 114, Senegal con 96, Camerún con 70, Ghana con 53, RDCongo con 43, Ruanda con 40 etc. ¿África podrá hacer frente al desafío?
La inquietud es grande en todos los países. Tantos los ciudadanos como los dirigentes saben que el problema está por encima de las capacidades actuales: sistema sanitario precario, aglomeraciones difíciles de evitar, sistema de vida diaria en su globalidad etc. La incertidumbre es total. No faltan los que auguran una hecatombe ante lo que se avecina. Algunos países no tienen capacidad técnica propia para detectar el virus; otros no tienen suficientes especialistas en enfermedades respiratorias; los respiradores son escasos etc. Muchos recurren a la OMS o al Instituto Pasteur con capacidades limitadas para detectar los casos.
Todos los países son conscientes del problema e intentan paliarlo en la medida de lo posible. Algunos ya han tomado medidas drásticas de confinamiento total como es el caso de Ruanda, Suráfrica, Senegal, Madagascar, Costa de Marfil, RDCongo etc. Otros han cerrado las escuelas y las iglesias como medida de contención y se dedican a sensibilizar a la población sobre la prevención. Pero surgen interrogantes: ¿Es posible aplicar el confinamiento total en todas las ciudades africanas? ¿Se puede hablar de higiene de manos a un pueblo que no tiene agua?
A diferencia de Europa dónde la vida se pasa en el interior de la casa, los pueblos africanos viven fuera y utilizan la casa solamente para dormir la noche. Pedir a un africano que quede en su casa es pedirle todo un cambio de sistema de vida. El desafío es tan grande que generalmente las casas de la gente (menos los más adinerados) son pequeñas y no disponen de espacio para estar durante largo rato. No hay frigorífico para guardar comida ni baños para ducharse y hacer necesidades, ni cocina interior, ni wifi para entretenerse etc. Todo se hace fuera y muchas veces de manera comunitaria.
Por el tema de lavar las manos como medida principal recomendada por la OMS en la lucha contra la pandemia, algunos países han ideado métodos originales para paliar la falta de agua en casa. En Ruanda por ejemplo están implementando un tipo de grifo artificial y móvil que conlleva un cubo debajo y un lugar dónde pisas para que el agua salga en el grifo. Se llama “Kandagirukarabe” (pisa y lávate). Es realmente genial. Pero ¿cuántos países están inventando algo con respecto a las realidades de sus pueblos?

En muchos lugares, la gente tiene que hacer colas a un pozo o a un grifo muy lejos de casa con recipientes o bidones para recoger agua. El agua es un bien escaso, muy escaso. En estos lugares, toda la familia utiliza un mismo cubo con la misma agua para lavarse las manos. En estas circunstancias, ¿cómo hacer para evitar el contagio?
Los niños buscando agua en Ruanda
En las grandes ciudades, miles de personas comen en función de lo que han podido hacer durante el día. Encontrarás a algunos haciendo taxi-moto o taxi-bicicleta, otros cargando o descargando camiones, otros circulando con mercancías en las calles etc. Muchas mujeres consiguen alimentar familias enteras con su presencia diaria en los multitudinarios mercados donde no cabe ni un alfiler entre las personas. Su subsistencia depende del día a día. Estos no tienen sentido de almacén o de cuenta bancaria. Basta con hacer un paseo por los suburbios de las grandes ciudades para darse cuenta de esta realidad.
Vendedor ambulante en el mercado de Douala

Dicho esto, no veo a los gobernantes confinar a los habitantes de las ciudades como Kinshasa, Lagos, Douala etc. con medidas drásticas durante un mes. Sencillamente es imposible. Las medidas de confinamiento aplicados en Europa no caben en las ciudades de África. Las realidades son diferentes, la mentalidad también. La gente tendrá que elegir entre el virus y el hambre. Sinceramente, creo que elegirá el virus.
A mi modo de ver, África tiene que encarar la pandemia con más imaginación. No caben los métodos aplicados en otros lugares. Hace falta soluciones imaginativas que se adaptan a las realidades socio-económicas de cada país.  Entre tanto, mi esperanza es que se descubra el remedio antes que llegue el desastre.

viernes, 20 de marzo de 2020

Una señal inequívoca


(Gaetan)

En los tiempos de Noé, “comían, bebían, tomaban mujer y marido … y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos” (Mt24, 37-38).
Nada que añadir a la afirmación del Evangelio. El coronavirus no es el diluvio, pero se le parece. También nosotros, la humanidad en su conjunto o parte de ella ha llegado a confiar en sus seguridades y sus capacidades, a inventar todo tipo de artilugios hasta tal punto que nos creímos dueños y señores del universo. El hombre llegó a la luna; creó el avión capaz de recorrer el planeta; fabricó los satélites capaces de ver los movimientos de los astros, inventó el internet para conectar todo en un tiempo récord; hizo tantos avances tecnológicos que se creó capaz de prolongar la vida. Tan es así que llegó a pensar que la vida le pertenecía en absoluto: podría decir cuando empieza y cuando acaba esperando el día que sea capaz de prolongarla al infinito. Así estábamos: comiendo, bebiendo, controlando todo en la indiferencia total frente a la desigualdad y la injusticia que supone el sistema en el que nos hemos instalado. Y de repente llegó el coronavirus. Qué razón tiene Pedro Cuartango cuando afirma en ABC: “justo en el momento en que el hombre acaricia la ansiada inmortalidad prometida por la serpiente (del génesis), un virus se burla de todas nuestras certezas y nos coloca a la dolorosa conciencia de nuestros límites”

Primero aparecieron los incendios devastadores en Amazonas, luego en Australia y en distintas regiones del mundo sin que nos mutamos. Luego llegaron las tempestades que levantaban las olas de una altura desconocida antes desfigurando por completo las playas del Mediterráneo. Nos seguimos escudando en el cambio climático. Hace poco aparecieron las langostas en el cuerno de África que parecían recordarnos las plagas de Egipto en los tiempos de Moisés y nadie prestó atención a ello. Poco antes había ardido la Catedral de París, el símbolo por excelencia de la cultura occidental ¿Eran señales precursoras de algo más grande? Nadie supo leer los signos de los tiempos. La soberbia nos ha embotado tanto que creemos que de igual modo que el mundo gira en torno al sol, el universo gira en torno nuestro.
Ahora tenemos el coronavirus. Lo tenemos en nuestros países, en nuestras casas, en nuestra ropa, en nuestras manos, en nuestros móviles, en nuestros mocos, en nuestra saliva. Lo tenemos por todas partes, pero solamente vemos sus efectos porque es tan pequeño que nadie lo ha visto jamás con sus ojos. Los científicos que tienen ojos artificiales, capaces de escudriñar las entrañas de las criaturas más escurridizos nos dicen que mide entre 50 y 200 nanómetros.  Qué nadie me pregunte lo que esto significa. Solamente sé que no por ser pequeño deja de ser peligroso; tiene una corona y reivindica el trono que le falta, el del mundo.
Y resulta que nos faltan hasta las mascarillas, los guantes, el alcohol etc. Faltan hospitales, camas, médicos, fármacos etc. El virus se mueve en medio de nosotros y se ha convertido en lo que mejor compartimos entre nosotros sin que nadie consiga pararlo los pies, si es que los tiene. Ni sabemos cómo aplicar las medidas necesarias sin que nos impongan el confinamiento obligatorio. ¿No teníamos un nivel educativo tan alto que éramos capaces de utilizar la razón cuando se trata de nuestro bien? ¿No teníamos un progreso más allá de lo que se podía imaginar hace solamente cien años? ¿Acaso no teníamos todo atado y controlado? ¡Qué lejos estamos del sueño de Stephen Hawking sobre la Teoría del todo que colocaría al hombre en la cúspide del universo, en el mismísimo lugar de Dios!
Dice la canciller alemana, Angela Merkel que lo que se avecina no tiene nada que ver con lo que sabemos. Llega a comparar la situación con la de Alemania inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Quiere decir que el coronavirus nos recuerda que nuestra soberbia es vulnerable.
Viendo las calles vacías con tantos millones de personas confinadas y llenas de miedo, uno puede quedarse en la impotencia y parálisis esperando un futuro incierto. Pero también esto puede ser una oportunidad para interpretar lo que acaece no como una casualidad sino más bien como una señal. Estamos ante una gran señal del tiempo. Es un aviso ligero de lo que podría ocurrir a la humanidad entera en un futuro próximo.
En primer lugar, tenemos que darnos cuenta de que esta confianza absoluta en la capacidad de la razón humana es un error. Nuestra razón tiene una capacidad infinita pero no absoluta. Un pequeñísimo bicho llamado coronavirus nos está haciendo una buena demostración de ello. Estamos ante un hecho siempre predicado, pero últimamente rechazado por algunos: somos responsables de nuestra vida, pero no sus dueños. La vida nos precede y nos excede. Somos pasajeros hospedados temporalmente en un mundo que nos es nuestra propiedad.
En segundo lugar, este tipo de progreso que deja parte de la humanidad en la miseria y la injusticia no nos lleva a ninguna parte. Somos todos habitantes de una misma tierra cuyo creador es el único digno de alabanza. El coronavirus pone fin a nuestra soberbia igualando a todos: ricos y pobres, reyes y súbditos, propietarios y mendigos. Todos confinadas, hostigados por el miedo y la incertidumbre. Desde nuestro estado de criatura, nuestras orgullosas certezas que borran a Dios del horizonte son efímeras y frágiles.
Esta pandemia es una señal inequívoca. Nadie de nosotros tiene la clave de la vida. Puede llegar algo mucho más grave capaz de poner fin a nuestra aventura. Es una señal que nos recuerda que podemos considerarnos “dioses” pero nunca seremos Dios. Volvamos a la sensatez.

martes, 17 de marzo de 2020

Coronavirus: tiempo de prueba

(Gaetan)

Hace unos meses se especulaba de que el Coronavirus se quedaría en las ciudades de China. Algunos se atrevían a decir que todo era por culpa de los primitivos chinos que comen los animales salvajes como si no supieran como cocinar la carne desde que los comen. Hay quienes se atrevían incluso a decir que, en todo caso, la economía de China no acompañaba el sistema sanitario. Todo esto para concluir con mucha soberbia y una buena dosis de egocentrismo que los sistemas europeos estaban preparados para cualquier cosa.
Entre tanto, los vuelos seguían llegando de China hacia Europa. Todos los viajeros se sorprendían que al llegar sobre todo a Madrid, no se les aplicaba ningún análisis ni veían una chispa de medida especial para contener la entrada del virus. Las autoridades o sus representantes ne dejaban de repetir que todo estaba bajo control.

Luego el virus llegó a Italia, un país civilizado, nada que ver con el resto del mundo considerado como el tercer mundo habitado por los sub-desarrollados dónde surgen las plagas. Italia se enfrentó al virus con esta cosa que llaman "medidas de proporcionalidad" como sí estuviera ante un adversario que piensa y que sopesa sus ataques. No, el coronavirus no piensa como los humanos; es pequeño pero peligroso. No entiende de la proporcionalidad. O se ataja desde el principio o te hace daño desde dentro. Y una vez dentro de la estructura, se incrusta, se multiplica, se expande y acaba poniendo a dura prueba todo el sistema.
Ya a partir de Italia, los europeos se han dado cuenta de que la epidemia no era cosa de otros. Ya son varios los países absolutamente confinados donde nadie sale de casa a no ser por hacer lo que autoriza el Estado. Los ejércitos están en las calles. Los hospitales están colapsados o a punto de serlo. Las farmacias no son capaces de proporcionar material imprescindible para luchar contra el coronavirus (alcohol, gel hidroalcólico, glicerina, máscara etc). Los contagios siguen en alza y los fallecidos también. ¿Podemos seguir diciendo que el sistema está preparado para cualquier emergencia? ¿Cuándo iba llegando el virus, nadie se acordó de hacer previsiones?
Es posible que las autoridades hayan confundido el tiempo ordinario con el tiempo extraordinario. No cabe duda que el sistema sanitario occidental está muy bien preparado en los tiempos ordinarios a la hora de tratar distintas enfermedades incluidas las más graves. Ahora bien, una pandemia es otra cosa: se trata de una enfermedad que afecta las masas en un tiempo muy corto, capaz de colapsar cualquier sistema por muy preparado que sea. Quizá en este caso habría falta un enfoque diferente privilegiando más creatividad, más tecnología, más información, más disciplina colectiva, más agilidad en la toma de decisiones etc.
El sistema occidental en su conjunto está sometido a una dura prueba. Ahora no se trata solamente de un problema sanitario sino también económico, educativo, familiar, social, humanitario etc. Esta pandemia ha trastornado toda la estructura levantada sobre la globalización y la economía virtual. Un pequeñísimo bicho está poniendo patas arriba a todo un gigante que se creía imbatible. ¡Ojalá esto sirva de lección a la humanidad!

domingo, 1 de marzo de 2020

El ridículo electoral

(Gaetan Kabasha)

Me cuesta reconocer que los africanos están abusados con el tema de las elecciones. Sin embargo, la verdad es tan clara como el agua. Es muy frecuente ver en varios países colas impresionantes de gente de todo tipo desafiando el calor, la lluvia y el cansancio para ir a depositar su sobre en una urna a veces en un ambiente festivo cantando himnos a la democracia o a cualquier otra cosa que no tiene traducción en su lengua local. No es imposible ver a algún opositor vapuleado o linchado por las masas fanatizadas a favor del presidente de turno.
Hace unos años me encontraba en la República Centroafricana cuando se organizaron elecciones para validar o rechazar la nueva constitución que permitía al presidente Bozizé representarse a las elecciones. Habían dicho al pueblo que se trataba del Referendum. En algún momento del día, se me ocurrió acercarme a los que acababan de votar y les pregunté que significaba el "Referendum". La mayoría de los entrevistados o todos me contestaron que significaba votar para que el presidente les construyera una seria de infraestructuras de desarrollo. Es que en la campaña previa a las elecciones, solamente habían llegado al rincón en cuestión los representantes del presidente y habían explicado al pueblo que fueran a votar "si" porque en caso contrario el presidente les olvidaría por completo. Así van las cosas. La nueva constitución salió votada por una mayoría abrumadora. Nadie había leído el texto ni sabía lo que decía.

En estos días estamos asistiendo a unas elecciones presidenciales y legislativas en varios países de África dónde se sabe de antemano quien saldría ganando ya sea porque todo está amañado previamente, ya sea porque la oposición está completamente fagocitada, ya sea porque la oposición ha decidido retirarse de una mascarada intolerable. Es un hecho que hace mucho pensar. ¿Cómo es posible que queramos el desarrollo sin aceptar los mecanismos que llevan a ello? ¿Cómo es posible que personas cultas se conviertan en fanáticos del poder dictatorial llegando a abusar de la inocencia del pueblo sencillo? ¿Por qué nos empeñamos en seguir aplicando los mecanismos en los que no creemos?
Hace unos años, Axelle Kabou, de nacionalidad camerunesa publicó un libro llamativo titulado "Et si l'Afrique refusait le développement?" (¿Y sí África rechazara el desarrollo?). En este libro, la autora repasa la situación en muchos países y las actitudes anti-desarrollo observables en todos ellos tanto de parte de los dirigentes como de la población. Al final plantea esta pregunta que es al mismo tiempo un llamamiento a revisar las recetas traídas de Occidente e insertadas en las culturas africanas sin tener tiempo de adaptarlas, integrarlas o modificarlas. Una de estas recetas es la democracia que  se materializa en las urnas. En el fondo, la pregunta de Kabou apunta a una crisis de identidad generalizada en África que nos incapacita para reactivar nuestras propias energías y reinventar nuestros propios mecanismos. 
La democracia es un concepto universal que hay que traducir en las realidades locales. Todos los principios universales se piensan universalmente y se aplican localmente. Es absurdo hacer un "copiar-pegar" desde una realidad occidental concreta a un realidad africana también concreta. Más concretamente, se sabe que la democracia electoral supone ciertos requisitos previos: la voluntad de construir las estructuras por encima de las personas, la comunicación, la educación, la libertad de expresión, la prensa libre, la capacidad de aceptar las ideas contrarias, el debate, la neutralidad de las instituciones garantes del resultado etc. Cuando estos elementos no están todavía en un país, se puede organizar las elecciones pero no se puede hablar de democracia. He aquí lo que llamo el ridículo electoral.

(para colaborar con África www.audesarrollo.es)

martes, 11 de febrero de 2020

Cruce de intereses en el caos de Libia.

(Gaetan)

Más de ocho años han pasado desde la estrepitosa caída del caudillo Gadafi a manos de los insurgentes apoyados militarmente por Estados Unidos y varios países de la Unión Europea. ¿Alguien se acuerda de la foto de Gadafi pidiendo clemencia a sus raptores? Pues, su asesinato que parecía un inicio de una nueva era, fue el principio de un desastre nacional. Desde entonces, el caos se ha instalado en el país con diversas facciones dónde se cruzan el patriotismo, el sectarismo y el fanatismo. A día de hoy, es difícil saber cuál será el final de este conflicto que ha convertido Libia en un prolongado sin-vivir. En medio de esta carnicería se cruzan los intereses internacionales que obstaculizan cualquier intento de solución pacífica. Como siempre, el negocio está por encima de las personas.
De manera resumida, los diversos grupos armados se encuentran en alianzas entre dos bandos claramente definidos: el lado del gobierno oficial, reconocido por la ONU, dirigido por Fayez El-Sarraj y el lado del mariscal Haftar que controla la mayor parte del este del país. Los dos antagonistas cuentan con apoyos sustanciales  tanto en la región como a nivel internacional. Tan es así que las cumbres celebradas en Moscou o en Berlín acabaron en fracaso. Nadie se atreve a decir altamente que todos estos encuentros son una verdadera representación de hipocresía de los organizadores y de los protagonistas. Se trata de un diálogo de sordos dónde al final la mentira tiene traje de la verdad. Cada uno hace pasar el tiempo para rearmarse y prolongar el conflicto.
Por una parte, el gobierno oficial cuenta con el apoyo de Italia que se lleva el petróleo de Tripolitania y de Turquía que acaba de decidir enviar tropas al país con esperanza de explotar el gas muy codiciado en las aguas mediterráneas; Por otra parte, está el general Haftar que tiene apoyo de Rusia que tiene desplegados a mercenarios de la sociedad Wagner y de Francia por intereses contradictorios, a veces muy poco claros. En paralelo, los países regionales se dividen también cada uno defendiendo sus intereses: Egipto, Chad y Algeria, Arabia Saudía etc.

Entre tanto, Cipras, Italia, Israel y Grecia acaban de firmar un acuerdo para construir el gaseoducto  llamado EastMed oficialmente para canalizar el gas de Israel. Sin embargo hay quienes ven en este proyecto veleidades de acercarse al gas de Libia a medio y largo plazo.
Tenemos entonces  a Francia, Rusia, Egipto, Sudán, Chad, Jordania, Arabia Saudía etc al lado del mariscal Haftar y Italia, Turquia, Túnez etc. al lado del gobierno legítimo. Es una situación de contradicción entre ciertos países que son por otro lado aliados dentro o fuera de la Unión Europea.
El único que parece ausente de la contienda es la Unión Africana que, sin embargo sufre las consecuencias en el Sahel y que lleva tiempo manifestando la voluntad de participar en la solución.
La cumbre de los jefes de Estado de la Unión Africana celebrada este lunes 10 de febrero en Addis-Abeba reiteró su voluntad de involucrarse en el conflicto partiendo de la evidencia de los fracasos de los otros intentos. Nadie puede entender que un conflicto africano vaya a resolverse en Europa. Los jefes de Estados manifestaron la necesidad del cese inmediato de las hostilidades y se mostraron dispuestos a enviar observadores neutrales para ayudar a respetar la solución dialogada.
Nadie sabe si esta vez la voz de África será escuchada. Hay que recordar que en la época de los bombardeos de la OTAN contra Gadafi, Francia amenazó con derribar cualquier avión enviado por la Unión Africana para mediar en el conflicto. Parece que cuando hablan los intereses, la lógica humanitaria tiene que callarse! En todo este embrollo sangriento, los libios son los que salen perdiendo.

Para colaborar en el desarrollo de África www.audesarrollo.es

domingo, 22 de diciembre de 2019

Las trincheras se volatilizan

(Carta de Navidad de Mons. Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, RCA)
Hace unos días mi querido tío Rafael me envió una historia de Navidad que tal vez muchos de vosotros ya conozcáis. Cuenta que, en 1917, durante la 1o guerra mundial, ingleses y alemanes luchaban en el frente occidental, despedazándose entre ellos como en todas las guerras. Frío y metralla. Gases mortales, matar o morir. Pero la noche del 24 de diciembre, los alemanes empezaron a decorar su trinchera con símbolos navideños y cantaban “Noche de paz”. Al oírlos desde su trinchera, los ingleses entonaron otros y así fue pasando la noche, entre sueños y recuerdos, impregnándose todos con el espíritu de la Navidad. Tanta fue la emoción y tanto se cuajaron los sentimientos, que, al amanecer, entre trinchera y trinchera, en tierra de nadie, algunos empezaron a intercambiarse regalos, latas o galletas del rancho, wiski o cigarrillos. Tanta fue la buena disposición que los mandos acordaron darse una tregua para recoger y enterrar los últimos caídos que yacían aún en tierra de nadie... Milagros de la Navidad, anhelos de paz, retazos de sentimientos pacificados.


Bangassou 2019. Os cuento una historia parecida en un taller de aprendices de carpintería. Si miráis la foto, hay un grupo de jóvenes trabajando la madera. Es un proyecto de la diócesis de Bangassou para dar futuro a jóvenes carentes de él. Otros dos proyectos son para madres solteras que aprenden corte, costura y confección. Hace un mes lanzamos la voz, preparamos el taller, leímos en todas las iglesias las condiciones y este grupo de 20 jóvenes se apuntaron. Hoy son ya una piña. Hablando con ellos dieron mil gracias a la Fundación Bangassou que les ha comprado los instrumentos de carpintería necesarios para convertirse en aprendices. Al final ellos me darán los muebles fabricados para amueblar una nueva misión y se quedarán con todos los instrumentos de trabajo para formar cooperativas.
Me interesa la otra cara de la moneda de la historia. Desde Europa no lo sabéis, no podéis saberlo. Pero en la foto están, para que lo entendáis, “ingleses y alemanes” juntos, lijando la madera para una mesa de comedor. No han hecho una tregua: han
pasado página. Los que hace un año eran enemigos temibles, hoy están junto a sus víctimas, sin importar que unos tuvieran las manos manchadas de sangre por complicidad ni que los otros hayan cobijado un odio visceral hacia ellos durante muchos meses. Las sierras y las lijas de madera han ocupado el sitio de los machetes y los kalashnikovs. Trincheras y zonas neutras se han volatilizado y pasan cada día de 8 a 10 horas juntos en el taller. Todo allí respira paz y trabajo. No hace el frío que, en aquellas estepas congeladas de Flandes, pero hay el mismo calor de hogar en los corazones de unos y otros. Aquí, cerca de la Navidad hace un calor agobiante. Todos estos jóvenes saben que éste o el otro quemó la casa del otro, que su grupo mató y desangró los habitantes del pueblo vecino. Saben que algunos de ellos tuvieron que huir de aquel a quien hoy sujeta la madera para juntar las tablas con cola. Que se robaron entre ellos, que crearon el terror durante muchos meses en la zona, que cortaron caminos y machacaron a la pobre gente que hoy les ha ayudado a poner paja en el techo del taller. Como la navidad en Flandes en aquel 1917, es el proyecto de la carpintería quien les ha juntado, los ha amasado entre madera roja y miedo entumecido. No se cambian cigarrillos sino el martillo y los clavos, no beben wiski juntos, sino que beben las palabras del maestro carpintero, obrero de la carpintería de Bangassou, que les enseña a ensamblar un armario, a lijar las diferencias de la madera, o a hilar fino con la escuadra para que la cuadratura sea perfecta.
Algunos han perdido seres queridos en la contienda. Otros acompañaban como tropa a un grupo de matones que descuartizaron a tres soldados camboyanos de la Minusca (las fuerzas de la ONU) en 2017. La Minusca me pidió ir a buscarlos y los encontré despedazados, una escena horrible. Los responsables están en Bangui, en la cárcel. Pero la tropa pequeña, los que estaban allí para hacer número, los cómplices de los matones, fue fuertemente traumatizada... Llevaban dos años dando vueltas como trompos hasta que el proyecto aprendices de carpintería los enganchó: cambiaron los machetes por escuadras, limas y tornillos. Esto ha hecho que sus propias familias se hayan también reconciliado con ellos. Sabiéndolos encubridores de asesinatos, fueron repudiados. Este proyecto de carpintería ha abierto la vía de la reconciliación y los excluidos son reintegrados. Navidad y carpintería. Trincheras y madera roja. Todo sea para que todos podamos cantar un Noche de paz como Dios manda, haciendo posible lo que humanamente parecía imposible.
¡¡¡¡Feliz Navidad a todos!!!!

+ Juan José Aguirre Obispo de Bangassou 

jueves, 12 de diciembre de 2019

Los dos triángulos de la muerte

(Gaetan Kabasha)
No pasa una sola semana sin que los medios nos reporten las lúgubres noticias de las hazañas yijadistas en África. La última fue el 10 de diciembre de 2019 en Níger. Estos locos de Dios, intrépidos y atrevidos predicadores de la muerte atacaron el cuartel militar de Inates cerca de la frontera de Mali. Dejaron más de 70 muertos y muchos heridos.  El 18 de noviembre, el ejército de Mali perdió 48 soldados en un solo día. Los ataques ya son diarios en el norte de Burkina Faso donde ese país tiene frontera con Mali. A esto hay que añadir les 13 militares franceses fallecidos en el choque de dos helicópteros el día 25 de noviembre cuando estaban realizando maniobras de ataque contra esos radicales.


En paralelo, en la frontera entre Níger, Nigeria, Chad y Camerún, el tristemente conocido grupo Boko Haram sigue poniendo en jaque a los ejércitos de esos países matando a civiles o cortando orejas a las mujeres en una demostración de la peor barbarie del ser humano pervertido por el fundamentalismo religioso. A pesar de los esfuerzos de los países afectados, la lacra del horror no desaparece.
Son pues dos triángulos de la muerte claramente definidos con diversos grupos fundamentalistas que operan de manera autónoma pero que son unidos por la misma voluntad de imponer un estado islámico en África occidental y por los mismos métodos que consisten en sembrar el terror tanto en la población civil como en los ejércitos de los países en cuestión. Todo indica que quieren enquistarse en las zonas que ellos han delimitado, limpiarlas de aquellos que no piensan como ellos y poco a poco organizar estructuras políticas afines a su ideología asesina. No sería descabellado pensar que quieren erigir un califato regido por la sharia en esta parte de África.
La novedad de estos ataques es que ahora son capaces de enfrentarse  en plan ofensivo a los ejércitos nacionales, llegando incluso a atacar sin miedo los cuarteles militares. Disponen de armas de precisión y de morteros capaces de demoler edificios a larga distancia. Además su capacidad de maniobra y de organización deja entrever que tienen a profesionales en sus filas. Ya no son milicianos amateurs que luchan en desorden. De momento han conseguido poner en jaque al ejército de Burkina Faso, Mali y Níger obligándoles en algunos casos a abandonar los cuarteles avanzados. Eso plantea un serio problema de sus apoyos y la fuente de sus abastecimientos.


De manera sorprendente, el ejército francés desplegado en una operación llamada Barkhane, con un total de 4.500 militares no está consiguiendo frenar sus embestidas. Tan es así que Francia ha pedido a Chad que enviar a su poderoso ejército a la zona de Mali para echar una mano. Uno de los problemas a los que podría enfrentarse Francia es el creciente sentimiento anti-francés que se desarrolla en todos esos países francófonos por ese amor-odio muy característico de las relaciones entre los pueblos y su excolonizador. Siempre hay una sospecha de que el pirómano es a la vez el bombero.

(Para colaborar en el desarrollo de África www.audesarrollo.es)

jueves, 7 de noviembre de 2019

Las grandes potencias a por África

(Gaetan Kabasha)
La última cumbre de Sochi que reunió el presidente ruso, Vladimir Putin con los mandatarios de 43 países de África levantó las especulaciones. Hay quienes hablan de la voluntad rusa de reactivar la Guerra Fría de triste memorial en la que los países occidentales con los Estados Unidos a la cabeza luchaban contra la URSS y sus satélites por países interpuestos. Muchas guerras sangrientas acabaron con miles de víctimas en África, Oriente medio etc. Sin embargo, la situación actual se podría leer con ópticas diferentes sin descartar ningún escenario pero sin limitarse tampoco a uno solo.

Para empezar, la cumbre de Sochi no es la única a la que el mundo presenció últimamente. En 2014, por primera vez tuvo lugar la cumbre USA-África bajo los auspicios de Barack Obama; En agosto de este año, la de Japón-África; en septiembre 2019, la de China-África. En junio de 2020, está prevista la de Francia-África en Burdeos. Hay que decir que Francia lleva organizando esas mega-reuniones desde mucho tiempo antes, a veces en Francia, otras veces en África pero siempre bajo su atento control. ¿Qué está pasando entonces?
Después de la Guerra fría, el tercer mundo se quedó como espacio libre para los países capitalistas, algunos de manera discreta, otros de manera directa e invisible como es el caso de Francia en sus antiguas colonias. Bajo el paraguas de cooperación o de ayuda al desarrollo, afianzaron su presencia. De esta manera consiguieron mercados importantes para sus empresas y con diversas presiones, fijar ellos los precios de los recursos mineros con los gobiernos que, en muchos casos, eran fruto de tejemanejes complejos, puestos y manipulados por los poderes fácticos relacionados con la economía mundial. De repente el sistema occidental apareció como el único al que había que mirar a la hora de buscar préstamo o ayudas aún sabiendo que en casos de conflictos, los pirómanos podían ser los bomberos a la vez.
Pues, parece que las cosas están cambiando. La historia está tomando otro curso con la llegada a la escena económica mundial de China, el despertar de Rusia y la presencia de algunos países emergentes como India, Brasil etc. Todos ellos necesitan de recursos que se encuentran en África: minería, terrenos, espacio estratégico etc. Todos saben que África es el continente del futuro tanto por sus recursos naturales como por sus recursos humanos. El eje capitalista occidental ya no está solo en el mercado. Hay competidores férreos ya presentes o dispuestos a serlo.
No cabe duda de que ninguna potencia reúne a los mandatarios de África por amor a los africanos. En las relaciones internacionales, la amistad tiene otro nombre: negocio. Todos tienen a África como objeto de deseo y todo indica que harán todo para apropiarse de lo que quieren aún haciendo los sacrificios que harán falta. La cuestión es: ¿Está África preparada para sacar provecho de estas rivalidades a múltiples bandas?
El problema que se plantea no es la presencia de África en las diversas cumbres ni el apetito de los países poderosos. El meollo del problema es lo que África piensa de su propio futuro: ¿Qué modelo de desarrollo quiere en relación con sus propias realidades socio-culturales? ¿Qué estrategia tiene para entrar en el terreno de juego dónde vence el más astuto sin tener en cuenta de las debilidades del adversario? Lo que África no puede permitirse es improvisar o ir dispersa frente al apetito voraz de las potencias.

El hecho de que las potencias se interesen por el continente no es en sí una mala noticia  sí los africanos están a la altura de los juegos políticos, económicos y geoestratégicos mundiales. Podrían aprovechar la competición para revisar los precios de los recursos, financiar sus proyectos de envergadura, importar la tecnología, realizar grandes infraestructuras, acoger importantes inversores para el crecimiento y el empleo etc. Pero esto requiere estructuras fuertes capaces de resistir a las presiones y gobiernos animados por el bien común. Solamente así África podrá discernir lo que se puede hacer y lo que no para no hipotecar las futuras generaciones.
Algunas voces siguen exigiendo con razón una cierta unidad para ser fuerte frente a los poderosos que llegan con todo tipo de herramientas de presión y de artimañas para sacar provecho. Es evidente que la división no favorece a África ya que las potencias aprovecharán los absurdos conflictos entre unos y otros para ofrecer armas a cambio de los recursos, algo que al final no beneficia a los africanos. Desde mi punto de vista, ahora podría ser una oportunidad para plantear la financiación de los mega-proyectos regionales o continentales que marcarían definitivamente el futuro del continente?

En definitiva, se trata de ver el lado bueno de las cosas. La presencia de las diferentes potencias tiene la ventaja de diversificar las fuentes de financiación pero también podría convertirse en la diversificación de devastadores predadores.

Para colaborar en el desarrollo de África: www.audesarrollo.es

domingo, 29 de septiembre de 2019

El ISIS se instala en África

(Gaetan Kabasha)
Llevamos años poniendo el foco en Boko Haram que ha conseguido incrustarse en las fronteras entre Nigeria, Níger, Camerún y Chad. Este grupo islámico radical con intenciones claramente sanguinarias lleva años poniendo en jaque a los ejércitos de todos estos países, matando a miles de inocentes y desplazando a otros. Desgraciadamente parece que cuanto más pasa el tiempo, menos se habla mediáticamente. Más al oeste, el norte de Mali es otro escenario de enfrentamientos entre varios grupos radicales que, si no hubiera habido la intervención francesa directa desde 2013, habrían convertido el país en una pesadilla mundial. Pero, últimamente, se ha abierto otro frente inquietante en Burkina faso.
Burkina faso es un país enclavado entre Mali y Níger al norte y Costa de Marfil, Ghana, Todo, Benin al sur. Antigua colonia francesa, este país adoptó el sistema democrático en diciembre 2015 después de la expulsión del dictador Blaise Compaoré por el pueblo. Aquellas elecciones marcaron un horizonte de esperanza para un país que no toca al mar ni tiene grandes recursos naturales.
En este país, están surgiendo ataques sangrientas en su parte norte que hacen pensar a un intento del ISIS de limpiar la zona e instalarse. Desde 2016, los ataques se han recrudecido siendo cada vez más atroces e indiscriminados: irrumpen en las iglesias llenas y matan a quemarropa, atacan pueblos la noche y disparan a todo viviente, hacen trampas a las fuerzas de seguridad etc. Se calcula que desde 2016, más de 500 personas han sido asesinadas sin que haya una guerra de tipo clásico entre dos ejércitos.
El ejército nacional y las fuerzas de seguridad están desbordados por las emboscadas que llevan por delante a un número cada vez mayor de víctimas en sus filas. La impotencia de luchar contra un enemigo invisible está creado un malestar en la institución. El terror va ganando terrero ante el cansancio del pueblo que se ve indefenso. Eso hace temer dos consecuencias: por un lado, existe el peligro de que el ejército, al ver acosado por un enemigo con un rostro difuso, acabe haciendo represalias sobre los inocentes tachándoles de cómplices; por otro, las autodefensas que se han constituido en torno a la etnia mayoritaria mossi (los llamados koglweogo) podrían producir una polarización de la situación social frente a otras etnias como los fulani y soum que, a menudo, están vistas como cercanas al islam radical. De hecho, ya se nota un clima de sospecha entre los diferentes grupos que viven en la zona. 
No cabe duda de que al tener frontera común con Mali, un país ya desestabilizado con muchos territorios fuera de control del Estado, la circulación de los grupos armados es muy fácil. Cruzan la frontera probablemente con cómplices locales, atacan y se retiran. Eso complica la reacción del gobierno de Burkina faso que ve creciendo el desánimo en las filas del ejército. También es de temer que el acoso del ejército francés de la operación Barkane en el Sahel esté haciendo que los terroristas busquen más espacio en el sur aprovechando la porosidad de las fronteras y la debilidad de los países sureños. En este sentido, existe un miedo creciente en los países que están más al sur como Benin, Togo, Ghana etc.
Hay quienes piensan que el fenómeno tiene que ver con el derrocamiento de Compaoré y el encarcelamiento de su brazo derecho Gilbert Dienderé. Es importante recordar que el régimen Compaoré ha actuado siempre de mediador entre los países de la zona (y occidentales) y los grupos terroristas a la hora de liberar los rehenes. Además hace poco, el ex-presidente en exilio en Costa de Marfil envió una carta al gobierno ofreciéndose a echar una mano en lo que haga falta para atajar el problema. ¿Estaría detrás del fenómeno para hacerse útil e imponer sus condiciones? 
En todo esto, la iglesia está siendo una diana privilegiada. Ya van tres los sacerdotes asesinados y muchos los cristianos abatidos durante las celebraciones. Tan es así que Mons. Birfuoré, obispo de Dori y presidente de la Conferencia Episcopal  llegó a decir: "si el mundo continúa sin hacer nada, el resultado será el final de la presencia cristiana en Burkina faso".

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jueves, 5 de septiembre de 2019

El sueño de Mandela en entredicho

(Gaetan Kabasha)
Es imposible no relacionar lo que pasa en la República Surafricana con la figura de Mandela aunque hayan pasado ya 29 años de su liberación (1990), 25 años de su acceso a la presidencia, 20 años de su retiro voluntario después de un solo mandato y 6 de su fallecimiento (2013). La vida de este país está marcada por su impronta para bien y para mal.
Estos días el mundo contempla con horror las oleadas de violencias colectivas de los que se dicen nativos surafricanos contra los extranjeros. Esas violencias ya han cobrado decenas de víctimas y centenares de heridos y no es por primera vez. También se observa como las autoridades del país intentan atajar esas violencias con tibieza. Pero lo más llamativo es que son violencias entre negros. No se trata de la antigua lucha de liberación de los negros humillados por el apartheid frente a los blancos que se habían erigido en dueños del país. Aquello conflicto que llevó a Mandela a la cárcel por más de un cuarto de siglo quedó aparcado con el acceso al poder político por su partido ANC que lo sigue controlando. Entonces, ¿qué está pasando?

La liberación de Mandela que marcó el fin del apartheid supuso un viento nuevo en Suráfrica y un signo de esperanza para el continente africano. El país era muy próspero económicamente con unas posibilidades enormes de crecimiento. Entonces, al mismo tiempo que los negros de Suráfrica pensaban salir de la miseria ocupando los puestos de trabajo, muchos negros de otros países se desplazaban también hacía este país nuevamente bautizado por "Arcoiris" por la mezcla de razas harmonizadas por la figura emblemática de Mandela. Por fin, había nacido un eldorado en África. Solo que había un problema: Por un lado, los negros locales no estaban preparados para crear empresas o pretender alcanzar puestos de trabajo competitivos. Hay que recordar que el apartheid que duró casi un siglo se había encargado de mantener a los negros en los ghettos socavando toda posibilidad de elevarse intelectualmente. Por otro lado, muchos de los negros que llegaban de otros país tenían una preparación intelectual suficiente como para desplazar a los locales incluso en los puestos bajos que generalmente no necesitan grandes estudios. De allí la rivalidad entre los pobres.
Pero el problema de fondo viene de la falta de visión de los sucesores de Mandela y la lacra de la corrupción. Mandela se encargó de liberar el país desde el punto de vista político, colocando a su partido ANC a la cabeza de la nación como partido hegemónico. En sus cinco años de gobierno, se dedicó a coser las diferentes sensibilidades enfrentadas y poner las bases de una convivencia pacífica entre blancos y negros. No tuvo tiempo de operar una liberación socio-económica. Esta tarea le correspondía a sus sucesores. Hemos de constatar que no hicieron nada o casi nada. Todos acabaron forzados a dimitir en medio de sus mandatos por corrupción: Thabo Mbeki en 2008 y Jacob Zuma en 2018. El resultado es lo que es: 25 años de la hegemonía de ANC no han cambiado la vida social de las masas pobres. La economía sigue en manos de los blancos (industrias, tierras, servicios...) mientras que la mayoría de los negros surafricanos siguen en la miseria. La liberación política no supuso la liberación socio- económica.Muchos de los negros no saben porque lucharon ya que ven a los antiguos leaders transformados en los nuevos opresores. La esperanza de un futuro mejor con ANC se ha ido esfumando poco a poco.
Las oleadas de violencia que se multiplican según épocas, a veces alentadas por los jefes tradicionales, son un resultado de unas rivalidades entre los que luchan para sobrevivir en el mismo terreno. Ya no hay rivalidad entre blancos y negros porque sus dos mundos están claramente diferenciados. Los blancos junto con los nuevos ricos negros viven en los barrios residenciales bien protegidos, alejados de la miseria de los suburbios. La rivalidad existe donde los círculos se tocan. Los negros nativos acusan a los negros extranjeros de ocupar lo que les corresponde (pequeños puestos de trabajo, pequeñas tiendas etc.).
Este espectáculo horrendo que pone entredicho el sueño de Mandela solo acabaría con las reformas estructurales para facilitar el acceso a las riquezas a todos los surafricanos y evitar así las frustraciones que acaban buscando el chivo expiatorio. Pero esto no es posible si la corrupción sigue minando a los responsables políticos.