miércoles, 25 de marzo de 2020

África frente al coronavirus


(Gaetan Kabasha)

Ha tardado en llegar. Muchos empezaron incluso a hacerse preguntas sobre la hipotética inmunidad de la raza negra al nuevo virus. Pero al final llegó. Gota a gota, pero con un paso firme, la pandemia se va apoderando de los países africanos. En este miércoles 25 de marzo, ya son 43 los países afectados sobre 54 con un total de 2.412 casos detectados y más de 60 muertos. Los países más afectados al sur de Sahara son Suráfrica con 709 casos, Burkina Faso con 114, Senegal con 96, Camerún con 70, Ghana con 53, RDCongo con 43, Ruanda con 40 etc. ¿África podrá hacer frente al desafío?
La inquietud es grande en todos los países. Tantos los ciudadanos como los dirigentes saben que el problema está por encima de las capacidades actuales: sistema sanitario precario, aglomeraciones difíciles de evitar, sistema de vida diaria en su globalidad etc. La incertidumbre es total. No faltan los que auguran una hecatombe ante lo que se avecina. Algunos países no tienen capacidad técnica propia para detectar el virus; otros no tienen suficientes especialistas en enfermedades respiratorias; los respiradores son escasos etc. Muchos recurren a la OMS o al Instituto Pasteur con capacidades limitadas para detectar los casos.
Todos los países son conscientes del problema e intentan paliarlo en la medida de lo posible. Algunos ya han tomado medidas drásticas de confinamiento total como es el caso de Ruanda, Suráfrica, Senegal, Madagascar, Costa de Marfil, RDCongo etc. Otros han cerrado las escuelas y las iglesias como medida de contención y se dedican a sensibilizar a la población sobre la prevención. Pero surgen interrogantes: ¿Es posible aplicar el confinamiento total en todas las ciudades africanas? ¿Se puede hablar de higiene de manos a un pueblo que no tiene agua?
A diferencia de Europa dónde la vida se pasa en el interior de la casa, los pueblos africanos viven fuera y utilizan la casa solamente para dormir la noche. Pedir a un africano que quede en su casa es pedirle todo un cambio de sistema de vida. El desafío es tan grande que generalmente las casas de la gente (menos los más adinerados) son pequeñas y no disponen de espacio para estar durante largo rato. No hay frigorífico para guardar comida ni baños para ducharse y hacer necesidades, ni cocina interior, ni wifi para entretenerse etc. Todo se hace fuera y muchas veces de manera comunitaria.
Por el tema de lavar las manos como medida principal recomendada por la OMS en la lucha contra la pandemia, algunos países han ideado métodos originales para paliar la falta de agua en casa. En Ruanda por ejemplo están implementando un tipo de grifo artificial y móvil que conlleva un cubo debajo y un lugar dónde pisas para que el agua salga en el grifo. Se llama “Kandagirukarabe” (pisa y lávate). Es realmente genial. Pero ¿cuántos países están inventando algo con respecto a las realidades de sus pueblos?

En muchos lugares, la gente tiene que hacer colas a un pozo o a un grifo muy lejos de casa con recipientes o bidones para recoger agua. El agua es un bien escaso, muy escaso. En estos lugares, toda la familia utiliza un mismo cubo con la misma agua para lavarse las manos. En estas circunstancias, ¿cómo hacer para evitar el contagio?
Los niños buscando agua en Ruanda
En las grandes ciudades, miles de personas comen en función de lo que han podido hacer durante el día. Encontrarás a algunos haciendo taxi-moto o taxi-bicicleta, otros cargando o descargando camiones, otros circulando con mercancías en las calles etc. Muchas mujeres consiguen alimentar familias enteras con su presencia diaria en los multitudinarios mercados donde no cabe ni un alfiler entre las personas. Su subsistencia depende del día a día. Estos no tienen sentido de almacén o de cuenta bancaria. Basta con hacer un paseo por los suburbios de las grandes ciudades para darse cuenta de esta realidad.
Vendedor ambulante en el mercado de Douala

Dicho esto, no veo a los gobernantes confinar a los habitantes de las ciudades como Kinshasa, Lagos, Douala etc. con medidas drásticas durante un mes. Sencillamente es imposible. Las medidas de confinamiento aplicados en Europa no caben en las ciudades de África. Las realidades son diferentes, la mentalidad también. La gente tendrá que elegir entre el virus y el hambre. Sinceramente, creo que elegirá el virus.
A mi modo de ver, África tiene que encarar la pandemia con más imaginación. No caben los métodos aplicados en otros lugares. Hace falta soluciones imaginativas que se adaptan a las realidades socio-económicas de cada país.  Entre tanto, mi esperanza es que se descubra el remedio antes que llegue el desastre.

viernes, 20 de marzo de 2020

Una señal inequívoca


(Gaetan)

En los tiempos de Noé, “comían, bebían, tomaban mujer y marido … y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos” (Mt24, 37-38).
Nada que añadir a la afirmación del Evangelio. El coronavirus no es el diluvio, pero se le parece. También nosotros, la humanidad en su conjunto o parte de ella ha llegado a confiar en sus seguridades y sus capacidades, a inventar todo tipo de artilugios hasta tal punto que nos creímos dueños y señores del universo. El hombre llegó a la luna; creó el avión capaz de recorrer el planeta; fabricó los satélites capaces de ver los movimientos de los astros, inventó el internet para conectar todo en un tiempo récord; hizo tantos avances tecnológicos que se creó capaz de prolongar la vida. Tan es así que llegó a pensar que la vida le pertenecía en absoluto: podría decir cuando empieza y cuando acaba esperando el día que sea capaz de prolongarla al infinito. Así estábamos: comiendo, bebiendo, controlando todo en la indiferencia total frente a la desigualdad y la injusticia que supone el sistema en el que nos hemos instalado. Y de repente llegó el coronavirus. Qué razón tiene Pedro Cuartango cuando afirma en ABC: “justo en el momento en que el hombre acaricia la ansiada inmortalidad prometida por la serpiente (del génesis), un virus se burla de todas nuestras certezas y nos coloca a la dolorosa conciencia de nuestros límites”

Primero aparecieron los incendios devastadores en Amazonas, luego en Australia y en distintas regiones del mundo sin que nos mutamos. Luego llegaron las tempestades que levantaban las olas de una altura desconocida antes desfigurando por completo las playas del Mediterráneo. Nos seguimos escudando en el cambio climático. Hace poco aparecieron las langostas en el cuerno de África que parecían recordarnos las plagas de Egipto en los tiempos de Moisés y nadie prestó atención a ello. Poco antes había ardido la Catedral de París, el símbolo por excelencia de la cultura occidental ¿Eran señales precursoras de algo más grande? Nadie supo leer los signos de los tiempos. La soberbia nos ha embotado tanto que creemos que de igual modo que el mundo gira en torno al sol, el universo gira en torno nuestro.
Ahora tenemos el coronavirus. Lo tenemos en nuestros países, en nuestras casas, en nuestra ropa, en nuestras manos, en nuestros móviles, en nuestros mocos, en nuestra saliva. Lo tenemos por todas partes, pero solamente vemos sus efectos porque es tan pequeño que nadie lo ha visto jamás con sus ojos. Los científicos que tienen ojos artificiales, capaces de escudriñar las entrañas de las criaturas más escurridizos nos dicen que mide entre 50 y 200 nanómetros.  Qué nadie me pregunte lo que esto significa. Solamente sé que no por ser pequeño deja de ser peligroso; tiene una corona y reivindica el trono que le falta, el del mundo.
Y resulta que nos faltan hasta las mascarillas, los guantes, el alcohol etc. Faltan hospitales, camas, médicos, fármacos etc. El virus se mueve en medio de nosotros y se ha convertido en lo que mejor compartimos entre nosotros sin que nadie consiga pararlo los pies, si es que los tiene. Ni sabemos cómo aplicar las medidas necesarias sin que nos impongan el confinamiento obligatorio. ¿No teníamos un nivel educativo tan alto que éramos capaces de utilizar la razón cuando se trata de nuestro bien? ¿No teníamos un progreso más allá de lo que se podía imaginar hace solamente cien años? ¿Acaso no teníamos todo atado y controlado? ¡Qué lejos estamos del sueño de Stephen Hawking sobre la Teoría del todo que colocaría al hombre en la cúspide del universo, en el mismísimo lugar de Dios!
Dice la canciller alemana, Angela Merkel que lo que se avecina no tiene nada que ver con lo que sabemos. Llega a comparar la situación con la de Alemania inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Quiere decir que el coronavirus nos recuerda que nuestra soberbia es vulnerable.
Viendo las calles vacías con tantos millones de personas confinadas y llenas de miedo, uno puede quedarse en la impotencia y parálisis esperando un futuro incierto. Pero también esto puede ser una oportunidad para interpretar lo que acaece no como una casualidad sino más bien como una señal. Estamos ante una gran señal del tiempo. Es un aviso ligero de lo que podría ocurrir a la humanidad entera en un futuro próximo.
En primer lugar, tenemos que darnos cuenta de que esta confianza absoluta en la capacidad de la razón humana es un error. Nuestra razón tiene una capacidad infinita pero no absoluta. Un pequeñísimo bicho llamado coronavirus nos está haciendo una buena demostración de ello. Estamos ante un hecho siempre predicado, pero últimamente rechazado por algunos: somos responsables de nuestra vida, pero no sus dueños. La vida nos precede y nos excede. Somos pasajeros hospedados temporalmente en un mundo que nos es nuestra propiedad.
En segundo lugar, este tipo de progreso que deja parte de la humanidad en la miseria y la injusticia no nos lleva a ninguna parte. Somos todos habitantes de una misma tierra cuyo creador es el único digno de alabanza. El coronavirus pone fin a nuestra soberbia igualando a todos: ricos y pobres, reyes y súbditos, propietarios y mendigos. Todos confinadas, hostigados por el miedo y la incertidumbre. Desde nuestro estado de criatura, nuestras orgullosas certezas que borran a Dios del horizonte son efímeras y frágiles.
Esta pandemia es una señal inequívoca. Nadie de nosotros tiene la clave de la vida. Puede llegar algo mucho más grave capaz de poner fin a nuestra aventura. Es una señal que nos recuerda que podemos considerarnos “dioses” pero nunca seremos Dios. Volvamos a la sensatez.

martes, 17 de marzo de 2020

Coronavirus: tiempo de prueba

(Gaetan)

Hace unos meses se especulaba de que el Coronavirus se quedaría en las ciudades de China. Algunos se atrevían a decir que todo era por culpa de los primitivos chinos que comen los animales salvajes como si no supieran como cocinar la carne desde que los comen. Hay quienes se atrevían incluso a decir que, en todo caso, la economía de China no acompañaba el sistema sanitario. Todo esto para concluir con mucha soberbia y una buena dosis de egocentrismo que los sistemas europeos estaban preparados para cualquier cosa.
Entre tanto, los vuelos seguían llegando de China hacia Europa. Todos los viajeros se sorprendían que al llegar sobre todo a Madrid, no se les aplicaba ningún análisis ni veían una chispa de medida especial para contener la entrada del virus. Las autoridades o sus representantes ne dejaban de repetir que todo estaba bajo control.

Luego el virus llegó a Italia, un país civilizado, nada que ver con el resto del mundo considerado como el tercer mundo habitado por los sub-desarrollados dónde surgen las plagas. Italia se enfrentó al virus con esta cosa que llaman "medidas de proporcionalidad" como sí estuviera ante un adversario que piensa y que sopesa sus ataques. No, el coronavirus no piensa como los humanos; es pequeño pero peligroso. No entiende de la proporcionalidad. O se ataja desde el principio o te hace daño desde dentro. Y una vez dentro de la estructura, se incrusta, se multiplica, se expande y acaba poniendo a dura prueba todo el sistema.
Ya a partir de Italia, los europeos se han dado cuenta de que la epidemia no era cosa de otros. Ya son varios los países absolutamente confinados donde nadie sale de casa a no ser por hacer lo que autoriza el Estado. Los ejércitos están en las calles. Los hospitales están colapsados o a punto de serlo. Las farmacias no son capaces de proporcionar material imprescindible para luchar contra el coronavirus (alcohol, gel hidroalcólico, glicerina, máscara etc). Los contagios siguen en alza y los fallecidos también. ¿Podemos seguir diciendo que el sistema está preparado para cualquier emergencia? ¿Cuándo iba llegando el virus, nadie se acordó de hacer previsiones?
Es posible que las autoridades hayan confundido el tiempo ordinario con el tiempo extraordinario. No cabe duda que el sistema sanitario occidental está muy bien preparado en los tiempos ordinarios a la hora de tratar distintas enfermedades incluidas las más graves. Ahora bien, una pandemia es otra cosa: se trata de una enfermedad que afecta las masas en un tiempo muy corto, capaz de colapsar cualquier sistema por muy preparado que sea. Quizá en este caso habría falta un enfoque diferente privilegiando más creatividad, más tecnología, más información, más disciplina colectiva, más agilidad en la toma de decisiones etc.
El sistema occidental en su conjunto está sometido a una dura prueba. Ahora no se trata solamente de un problema sanitario sino también económico, educativo, familiar, social, humanitario etc. Esta pandemia ha trastornado toda la estructura levantada sobre la globalización y la economía virtual. Un pequeñísimo bicho está poniendo patas arriba a todo un gigante que se creía imbatible. ¡Ojalá esto sirva de lección a la humanidad!

domingo, 1 de marzo de 2020

El ridículo electoral

(Gaetan Kabasha)

Me cuesta reconocer que los africanos están abusados con el tema de las elecciones. Sin embargo, la verdad es tan clara como el agua. Es muy frecuente ver en varios países colas impresionantes de gente de todo tipo desafiando el calor, la lluvia y el cansancio para ir a depositar su sobre en una urna a veces en un ambiente festivo cantando himnos a la democracia o a cualquier otra cosa que no tiene traducción en su lengua local. No es imposible ver a algún opositor vapuleado o linchado por las masas fanatizadas a favor del presidente de turno.
Hace unos años me encontraba en la República Centroafricana cuando se organizaron elecciones para validar o rechazar la nueva constitución que permitía al presidente Bozizé representarse a las elecciones. Habían dicho al pueblo que se trataba del Referendum. En algún momento del día, se me ocurrió acercarme a los que acababan de votar y les pregunté que significaba el "Referendum". La mayoría de los entrevistados o todos me contestaron que significaba votar para que el presidente les construyera una seria de infraestructuras de desarrollo. Es que en la campaña previa a las elecciones, solamente habían llegado al rincón en cuestión los representantes del presidente y habían explicado al pueblo que fueran a votar "si" porque en caso contrario el presidente les olvidaría por completo. Así van las cosas. La nueva constitución salió votada por una mayoría abrumadora. Nadie había leído el texto ni sabía lo que decía.

En estos días estamos asistiendo a unas elecciones presidenciales y legislativas en varios países de África dónde se sabe de antemano quien saldría ganando ya sea porque todo está amañado previamente, ya sea porque la oposición está completamente fagocitada, ya sea porque la oposición ha decidido retirarse de una mascarada intolerable. Es un hecho que hace mucho pensar. ¿Cómo es posible que queramos el desarrollo sin aceptar los mecanismos que llevan a ello? ¿Cómo es posible que personas cultas se conviertan en fanáticos del poder dictatorial llegando a abusar de la inocencia del pueblo sencillo? ¿Por qué nos empeñamos en seguir aplicando los mecanismos en los que no creemos?
Hace unos años, Axelle Kabou, de nacionalidad camerunesa publicó un libro llamativo titulado "Et si l'Afrique refusait le développement?" (¿Y sí África rechazara el desarrollo?). En este libro, la autora repasa la situación en muchos países y las actitudes anti-desarrollo observables en todos ellos tanto de parte de los dirigentes como de la población. Al final plantea esta pregunta que es al mismo tiempo un llamamiento a revisar las recetas traídas de Occidente e insertadas en las culturas africanas sin tener tiempo de adaptarlas, integrarlas o modificarlas. Una de estas recetas es la democracia que  se materializa en las urnas. En el fondo, la pregunta de Kabou apunta a una crisis de identidad generalizada en África que nos incapacita para reactivar nuestras propias energías y reinventar nuestros propios mecanismos. 
La democracia es un concepto universal que hay que traducir en las realidades locales. Todos los principios universales se piensan universalmente y se aplican localmente. Es absurdo hacer un "copiar-pegar" desde una realidad occidental concreta a un realidad africana también concreta. Más concretamente, se sabe que la democracia electoral supone ciertos requisitos previos: la voluntad de construir las estructuras por encima de las personas, la comunicación, la educación, la libertad de expresión, la prensa libre, la capacidad de aceptar las ideas contrarias, el debate, la neutralidad de las instituciones garantes del resultado etc. Cuando estos elementos no están todavía en un país, se puede organizar las elecciones pero no se puede hablar de democracia. He aquí lo que llamo el ridículo electoral.

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martes, 11 de febrero de 2020

Cruce de intereses en el caos de Libia.

(Gaetan)

Más de ocho años han pasado desde la estrepitosa caída del caudillo Gadafi a manos de los insurgentes apoyados militarmente por Estados Unidos y varios países de la Unión Europea. ¿Alguien se acuerda de la foto de Gadafi pidiendo clemencia a sus raptores? Pues, su asesinato que parecía un inicio de una nueva era, fue el principio de un desastre nacional. Desde entonces, el caos se ha instalado en el país con diversas facciones dónde se cruzan el patriotismo, el sectarismo y el fanatismo. A día de hoy, es difícil saber cuál será el final de este conflicto que ha convertido Libia en un prolongado sin-vivir. En medio de esta carnicería se cruzan los intereses internacionales que obstaculizan cualquier intento de solución pacífica. Como siempre, el negocio está por encima de las personas.
De manera resumida, los diversos grupos armados se encuentran en alianzas entre dos bandos claramente definidos: el lado del gobierno oficial, reconocido por la ONU, dirigido por Fayez El-Sarraj y el lado del mariscal Haftar que controla la mayor parte del este del país. Los dos antagonistas cuentan con apoyos sustanciales  tanto en la región como a nivel internacional. Tan es así que las cumbres celebradas en Moscou o en Berlín acabaron en fracaso. Nadie se atreve a decir altamente que todos estos encuentros son una verdadera representación de hipocresía de los organizadores y de los protagonistas. Se trata de un diálogo de sordos dónde al final la mentira tiene traje de la verdad. Cada uno hace pasar el tiempo para rearmarse y prolongar el conflicto.
Por una parte, el gobierno oficial cuenta con el apoyo de Italia que se lleva el petróleo de Tripolitania y de Turquía que acaba de decidir enviar tropas al país con esperanza de explotar el gas muy codiciado en las aguas mediterráneas; Por otra parte, está el general Haftar que tiene apoyo de Rusia que tiene desplegados a mercenarios de la sociedad Wagner y de Francia por intereses contradictorios, a veces muy poco claros. En paralelo, los países regionales se dividen también cada uno defendiendo sus intereses: Egipto, Chad y Algeria, Arabia Saudía etc.

Entre tanto, Cipras, Italia, Israel y Grecia acaban de firmar un acuerdo para construir el gaseoducto  llamado EastMed oficialmente para canalizar el gas de Israel. Sin embargo hay quienes ven en este proyecto veleidades de acercarse al gas de Libia a medio y largo plazo.
Tenemos entonces  a Francia, Rusia, Egipto, Sudán, Chad, Jordania, Arabia Saudía etc al lado del mariscal Haftar y Italia, Turquia, Túnez etc. al lado del gobierno legítimo. Es una situación de contradicción entre ciertos países que son por otro lado aliados dentro o fuera de la Unión Europea.
El único que parece ausente de la contienda es la Unión Africana que, sin embargo sufre las consecuencias en el Sahel y que lleva tiempo manifestando la voluntad de participar en la solución.
La cumbre de los jefes de Estado de la Unión Africana celebrada este lunes 10 de febrero en Addis-Abeba reiteró su voluntad de involucrarse en el conflicto partiendo de la evidencia de los fracasos de los otros intentos. Nadie puede entender que un conflicto africano vaya a resolverse en Europa. Los jefes de Estados manifestaron la necesidad del cese inmediato de las hostilidades y se mostraron dispuestos a enviar observadores neutrales para ayudar a respetar la solución dialogada.
Nadie sabe si esta vez la voz de África será escuchada. Hay que recordar que en la época de los bombardeos de la OTAN contra Gadafi, Francia amenazó con derribar cualquier avión enviado por la Unión Africana para mediar en el conflicto. Parece que cuando hablan los intereses, la lógica humanitaria tiene que callarse! En todo este embrollo sangriento, los libios son los que salen perdiendo.

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domingo, 22 de diciembre de 2019

Las trincheras se volatilizan

(Carta de Navidad de Mons. Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, RCA)
Hace unos días mi querido tío Rafael me envió una historia de Navidad que tal vez muchos de vosotros ya conozcáis. Cuenta que, en 1917, durante la 1o guerra mundial, ingleses y alemanes luchaban en el frente occidental, despedazándose entre ellos como en todas las guerras. Frío y metralla. Gases mortales, matar o morir. Pero la noche del 24 de diciembre, los alemanes empezaron a decorar su trinchera con símbolos navideños y cantaban “Noche de paz”. Al oírlos desde su trinchera, los ingleses entonaron otros y así fue pasando la noche, entre sueños y recuerdos, impregnándose todos con el espíritu de la Navidad. Tanta fue la emoción y tanto se cuajaron los sentimientos, que, al amanecer, entre trinchera y trinchera, en tierra de nadie, algunos empezaron a intercambiarse regalos, latas o galletas del rancho, wiski o cigarrillos. Tanta fue la buena disposición que los mandos acordaron darse una tregua para recoger y enterrar los últimos caídos que yacían aún en tierra de nadie... Milagros de la Navidad, anhelos de paz, retazos de sentimientos pacificados.


Bangassou 2019. Os cuento una historia parecida en un taller de aprendices de carpintería. Si miráis la foto, hay un grupo de jóvenes trabajando la madera. Es un proyecto de la diócesis de Bangassou para dar futuro a jóvenes carentes de él. Otros dos proyectos son para madres solteras que aprenden corte, costura y confección. Hace un mes lanzamos la voz, preparamos el taller, leímos en todas las iglesias las condiciones y este grupo de 20 jóvenes se apuntaron. Hoy son ya una piña. Hablando con ellos dieron mil gracias a la Fundación Bangassou que les ha comprado los instrumentos de carpintería necesarios para convertirse en aprendices. Al final ellos me darán los muebles fabricados para amueblar una nueva misión y se quedarán con todos los instrumentos de trabajo para formar cooperativas.
Me interesa la otra cara de la moneda de la historia. Desde Europa no lo sabéis, no podéis saberlo. Pero en la foto están, para que lo entendáis, “ingleses y alemanes” juntos, lijando la madera para una mesa de comedor. No han hecho una tregua: han
pasado página. Los que hace un año eran enemigos temibles, hoy están junto a sus víctimas, sin importar que unos tuvieran las manos manchadas de sangre por complicidad ni que los otros hayan cobijado un odio visceral hacia ellos durante muchos meses. Las sierras y las lijas de madera han ocupado el sitio de los machetes y los kalashnikovs. Trincheras y zonas neutras se han volatilizado y pasan cada día de 8 a 10 horas juntos en el taller. Todo allí respira paz y trabajo. No hace el frío que, en aquellas estepas congeladas de Flandes, pero hay el mismo calor de hogar en los corazones de unos y otros. Aquí, cerca de la Navidad hace un calor agobiante. Todos estos jóvenes saben que éste o el otro quemó la casa del otro, que su grupo mató y desangró los habitantes del pueblo vecino. Saben que algunos de ellos tuvieron que huir de aquel a quien hoy sujeta la madera para juntar las tablas con cola. Que se robaron entre ellos, que crearon el terror durante muchos meses en la zona, que cortaron caminos y machacaron a la pobre gente que hoy les ha ayudado a poner paja en el techo del taller. Como la navidad en Flandes en aquel 1917, es el proyecto de la carpintería quien les ha juntado, los ha amasado entre madera roja y miedo entumecido. No se cambian cigarrillos sino el martillo y los clavos, no beben wiski juntos, sino que beben las palabras del maestro carpintero, obrero de la carpintería de Bangassou, que les enseña a ensamblar un armario, a lijar las diferencias de la madera, o a hilar fino con la escuadra para que la cuadratura sea perfecta.
Algunos han perdido seres queridos en la contienda. Otros acompañaban como tropa a un grupo de matones que descuartizaron a tres soldados camboyanos de la Minusca (las fuerzas de la ONU) en 2017. La Minusca me pidió ir a buscarlos y los encontré despedazados, una escena horrible. Los responsables están en Bangui, en la cárcel. Pero la tropa pequeña, los que estaban allí para hacer número, los cómplices de los matones, fue fuertemente traumatizada... Llevaban dos años dando vueltas como trompos hasta que el proyecto aprendices de carpintería los enganchó: cambiaron los machetes por escuadras, limas y tornillos. Esto ha hecho que sus propias familias se hayan también reconciliado con ellos. Sabiéndolos encubridores de asesinatos, fueron repudiados. Este proyecto de carpintería ha abierto la vía de la reconciliación y los excluidos son reintegrados. Navidad y carpintería. Trincheras y madera roja. Todo sea para que todos podamos cantar un Noche de paz como Dios manda, haciendo posible lo que humanamente parecía imposible.
¡¡¡¡Feliz Navidad a todos!!!!

+ Juan José Aguirre Obispo de Bangassou 

jueves, 12 de diciembre de 2019

Los dos triángulos de la muerte

(Gaetan Kabasha)
No pasa una sola semana sin que los medios nos reporten las lúgubres noticias de las hazañas yijadistas en África. La última fue el 10 de diciembre de 2019 en Níger. Estos locos de Dios, intrépidos y atrevidos predicadores de la muerte atacaron el cuartel militar de Inates cerca de la frontera de Mali. Dejaron más de 70 muertos y muchos heridos.  El 18 de noviembre, el ejército de Mali perdió 48 soldados en un solo día. Los ataques ya son diarios en el norte de Burkina Faso donde ese país tiene frontera con Mali. A esto hay que añadir les 13 militares franceses fallecidos en el choque de dos helicópteros el día 25 de noviembre cuando estaban realizando maniobras de ataque contra esos radicales.


En paralelo, en la frontera entre Níger, Nigeria, Chad y Camerún, el tristemente conocido grupo Boko Haram sigue poniendo en jaque a los ejércitos de esos países matando a civiles o cortando orejas a las mujeres en una demostración de la peor barbarie del ser humano pervertido por el fundamentalismo religioso. A pesar de los esfuerzos de los países afectados, la lacra del horror no desaparece.
Son pues dos triángulos de la muerte claramente definidos con diversos grupos fundamentalistas que operan de manera autónoma pero que son unidos por la misma voluntad de imponer un estado islámico en África occidental y por los mismos métodos que consisten en sembrar el terror tanto en la población civil como en los ejércitos de los países en cuestión. Todo indica que quieren enquistarse en las zonas que ellos han delimitado, limpiarlas de aquellos que no piensan como ellos y poco a poco organizar estructuras políticas afines a su ideología asesina. No sería descabellado pensar que quieren erigir un califato regido por la sharia en esta parte de África.
La novedad de estos ataques es que ahora son capaces de enfrentarse  en plan ofensivo a los ejércitos nacionales, llegando incluso a atacar sin miedo los cuarteles militares. Disponen de armas de precisión y de morteros capaces de demoler edificios a larga distancia. Además su capacidad de maniobra y de organización deja entrever que tienen a profesionales en sus filas. Ya no son milicianos amateurs que luchan en desorden. De momento han conseguido poner en jaque al ejército de Burkina Faso, Mali y Níger obligándoles en algunos casos a abandonar los cuarteles avanzados. Eso plantea un serio problema de sus apoyos y la fuente de sus abastecimientos.


De manera sorprendente, el ejército francés desplegado en una operación llamada Barkhane, con un total de 4.500 militares no está consiguiendo frenar sus embestidas. Tan es así que Francia ha pedido a Chad que enviar a su poderoso ejército a la zona de Mali para echar una mano. Uno de los problemas a los que podría enfrentarse Francia es el creciente sentimiento anti-francés que se desarrolla en todos esos países francófonos por ese amor-odio muy característico de las relaciones entre los pueblos y su excolonizador. Siempre hay una sospecha de que el pirómano es a la vez el bombero.

(Para colaborar en el desarrollo de África www.audesarrollo.es)

jueves, 7 de noviembre de 2019

Las grandes potencias a por África

(Gaetan Kabasha)
La última cumbre de Sochi que reunió el presidente ruso, Vladimir Putin con los mandatarios de 43 países de África levantó las especulaciones. Hay quienes hablan de la voluntad rusa de reactivar la Guerra Fría de triste memorial en la que los países occidentales con los Estados Unidos a la cabeza luchaban contra la URSS y sus satélites por países interpuestos. Muchas guerras sangrientas acabaron con miles de víctimas en África, Oriente medio etc. Sin embargo, la situación actual se podría leer con ópticas diferentes sin descartar ningún escenario pero sin limitarse tampoco a uno solo.

Para empezar, la cumbre de Sochi no es la única a la que el mundo presenció últimamente. En 2014, por primera vez tuvo lugar la cumbre USA-África bajo los auspicios de Barack Obama; En agosto de este año, la de Japón-África; en septiembre 2019, la de China-África. En junio de 2020, está prevista la de Francia-África en Burdeos. Hay que decir que Francia lleva organizando esas mega-reuniones desde mucho tiempo antes, a veces en Francia, otras veces en África pero siempre bajo su atento control. ¿Qué está pasando entonces?
Después de la Guerra fría, el tercer mundo se quedó como espacio libre para los países capitalistas, algunos de manera discreta, otros de manera directa e invisible como es el caso de Francia en sus antiguas colonias. Bajo el paraguas de cooperación o de ayuda al desarrollo, afianzaron su presencia. De esta manera consiguieron mercados importantes para sus empresas y con diversas presiones, fijar ellos los precios de los recursos mineros con los gobiernos que, en muchos casos, eran fruto de tejemanejes complejos, puestos y manipulados por los poderes fácticos relacionados con la economía mundial. De repente el sistema occidental apareció como el único al que había que mirar a la hora de buscar préstamo o ayudas aún sabiendo que en casos de conflictos, los pirómanos podían ser los bomberos a la vez.
Pues, parece que las cosas están cambiando. La historia está tomando otro curso con la llegada a la escena económica mundial de China, el despertar de Rusia y la presencia de algunos países emergentes como India, Brasil etc. Todos ellos necesitan de recursos que se encuentran en África: minería, terrenos, espacio estratégico etc. Todos saben que África es el continente del futuro tanto por sus recursos naturales como por sus recursos humanos. El eje capitalista occidental ya no está solo en el mercado. Hay competidores férreos ya presentes o dispuestos a serlo.
No cabe duda de que ninguna potencia reúne a los mandatarios de África por amor a los africanos. En las relaciones internacionales, la amistad tiene otro nombre: negocio. Todos tienen a África como objeto de deseo y todo indica que harán todo para apropiarse de lo que quieren aún haciendo los sacrificios que harán falta. La cuestión es: ¿Está África preparada para sacar provecho de estas rivalidades a múltiples bandas?
El problema que se plantea no es la presencia de África en las diversas cumbres ni el apetito de los países poderosos. El meollo del problema es lo que África piensa de su propio futuro: ¿Qué modelo de desarrollo quiere en relación con sus propias realidades socio-culturales? ¿Qué estrategia tiene para entrar en el terreno de juego dónde vence el más astuto sin tener en cuenta de las debilidades del adversario? Lo que África no puede permitirse es improvisar o ir dispersa frente al apetito voraz de las potencias.

El hecho de que las potencias se interesen por el continente no es en sí una mala noticia  sí los africanos están a la altura de los juegos políticos, económicos y geoestratégicos mundiales. Podrían aprovechar la competición para revisar los precios de los recursos, financiar sus proyectos de envergadura, importar la tecnología, realizar grandes infraestructuras, acoger importantes inversores para el crecimiento y el empleo etc. Pero esto requiere estructuras fuertes capaces de resistir a las presiones y gobiernos animados por el bien común. Solamente así África podrá discernir lo que se puede hacer y lo que no para no hipotecar las futuras generaciones.
Algunas voces siguen exigiendo con razón una cierta unidad para ser fuerte frente a los poderosos que llegan con todo tipo de herramientas de presión y de artimañas para sacar provecho. Es evidente que la división no favorece a África ya que las potencias aprovecharán los absurdos conflictos entre unos y otros para ofrecer armas a cambio de los recursos, algo que al final no beneficia a los africanos. Desde mi punto de vista, ahora podría ser una oportunidad para plantear la financiación de los mega-proyectos regionales o continentales que marcarían definitivamente el futuro del continente?

En definitiva, se trata de ver el lado bueno de las cosas. La presencia de las diferentes potencias tiene la ventaja de diversificar las fuentes de financiación pero también podría convertirse en la diversificación de devastadores predadores.

Para colaborar en el desarrollo de África: www.audesarrollo.es

domingo, 29 de septiembre de 2019

El ISIS se instala en África

(Gaetan Kabasha)
Llevamos años poniendo el foco en Boko Haram que ha conseguido incrustarse en las fronteras entre Nigeria, Níger, Camerún y Chad. Este grupo islámico radical con intenciones claramente sanguinarias lleva años poniendo en jaque a los ejércitos de todos estos países, matando a miles de inocentes y desplazando a otros. Desgraciadamente parece que cuanto más pasa el tiempo, menos se habla mediáticamente. Más al oeste, el norte de Mali es otro escenario de enfrentamientos entre varios grupos radicales que, si no hubiera habido la intervención francesa directa desde 2013, habrían convertido el país en una pesadilla mundial. Pero, últimamente, se ha abierto otro frente inquietante en Burkina faso.
Burkina faso es un país enclavado entre Mali y Níger al norte y Costa de Marfil, Ghana, Todo, Benin al sur. Antigua colonia francesa, este país adoptó el sistema democrático en diciembre 2015 después de la expulsión del dictador Blaise Compaoré por el pueblo. Aquellas elecciones marcaron un horizonte de esperanza para un país que no toca al mar ni tiene grandes recursos naturales.
En este país, están surgiendo ataques sangrientas en su parte norte que hacen pensar a un intento del ISIS de limpiar la zona e instalarse. Desde 2016, los ataques se han recrudecido siendo cada vez más atroces e indiscriminados: irrumpen en las iglesias llenas y matan a quemarropa, atacan pueblos la noche y disparan a todo viviente, hacen trampas a las fuerzas de seguridad etc. Se calcula que desde 2016, más de 500 personas han sido asesinadas sin que haya una guerra de tipo clásico entre dos ejércitos.
El ejército nacional y las fuerzas de seguridad están desbordados por las emboscadas que llevan por delante a un número cada vez mayor de víctimas en sus filas. La impotencia de luchar contra un enemigo invisible está creado un malestar en la institución. El terror va ganando terrero ante el cansancio del pueblo que se ve indefenso. Eso hace temer dos consecuencias: por un lado, existe el peligro de que el ejército, al ver acosado por un enemigo con un rostro difuso, acabe haciendo represalias sobre los inocentes tachándoles de cómplices; por otro, las autodefensas que se han constituido en torno a la etnia mayoritaria mossi (los llamados koglweogo) podrían producir una polarización de la situación social frente a otras etnias como los fulani y soum que, a menudo, están vistas como cercanas al islam radical. De hecho, ya se nota un clima de sospecha entre los diferentes grupos que viven en la zona. 
No cabe duda de que al tener frontera común con Mali, un país ya desestabilizado con muchos territorios fuera de control del Estado, la circulación de los grupos armados es muy fácil. Cruzan la frontera probablemente con cómplices locales, atacan y se retiran. Eso complica la reacción del gobierno de Burkina faso que ve creciendo el desánimo en las filas del ejército. También es de temer que el acoso del ejército francés de la operación Barkane en el Sahel esté haciendo que los terroristas busquen más espacio en el sur aprovechando la porosidad de las fronteras y la debilidad de los países sureños. En este sentido, existe un miedo creciente en los países que están más al sur como Benin, Togo, Ghana etc.
Hay quienes piensan que el fenómeno tiene que ver con el derrocamiento de Compaoré y el encarcelamiento de su brazo derecho Gilbert Dienderé. Es importante recordar que el régimen Compaoré ha actuado siempre de mediador entre los países de la zona (y occidentales) y los grupos terroristas a la hora de liberar los rehenes. Además hace poco, el ex-presidente en exilio en Costa de Marfil envió una carta al gobierno ofreciéndose a echar una mano en lo que haga falta para atajar el problema. ¿Estaría detrás del fenómeno para hacerse útil e imponer sus condiciones? 
En todo esto, la iglesia está siendo una diana privilegiada. Ya van tres los sacerdotes asesinados y muchos los cristianos abatidos durante las celebraciones. Tan es así que Mons. Birfuoré, obispo de Dori y presidente de la Conferencia Episcopal  llegó a decir: "si el mundo continúa sin hacer nada, el resultado será el final de la presencia cristiana en Burkina faso".

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jueves, 5 de septiembre de 2019

El sueño de Mandela en entredicho

(Gaetan Kabasha)
Es imposible no relacionar lo que pasa en la República Surafricana con la figura de Mandela aunque hayan pasado ya 29 años de su liberación (1990), 25 años de su acceso a la presidencia, 20 años de su retiro voluntario después de un solo mandato y 6 de su fallecimiento (2013). La vida de este país está marcada por su impronta para bien y para mal.
Estos días el mundo contempla con horror las oleadas de violencias colectivas de los que se dicen nativos surafricanos contra los extranjeros. Esas violencias ya han cobrado decenas de víctimas y centenares de heridos y no es por primera vez. También se observa como las autoridades del país intentan atajar esas violencias con tibieza. Pero lo más llamativo es que son violencias entre negros. No se trata de la antigua lucha de liberación de los negros humillados por el apartheid frente a los blancos que se habían erigido en dueños del país. Aquello conflicto que llevó a Mandela a la cárcel por más de un cuarto de siglo quedó aparcado con el acceso al poder político por su partido ANC que lo sigue controlando. Entonces, ¿qué está pasando?

La liberación de Mandela que marcó el fin del apartheid supuso un viento nuevo en Suráfrica y un signo de esperanza para el continente africano. El país era muy próspero económicamente con unas posibilidades enormes de crecimiento. Entonces, al mismo tiempo que los negros de Suráfrica pensaban salir de la miseria ocupando los puestos de trabajo, muchos negros de otros países se desplazaban también hacía este país nuevamente bautizado por "Arcoiris" por la mezcla de razas harmonizadas por la figura emblemática de Mandela. Por fin, había nacido un eldorado en África. Solo que había un problema: Por un lado, los negros locales no estaban preparados para crear empresas o pretender alcanzar puestos de trabajo competitivos. Hay que recordar que el apartheid que duró casi un siglo se había encargado de mantener a los negros en los ghettos socavando toda posibilidad de elevarse intelectualmente. Por otro lado, muchos de los negros que llegaban de otros país tenían una preparación intelectual suficiente como para desplazar a los locales incluso en los puestos bajos que generalmente no necesitan grandes estudios. De allí la rivalidad entre los pobres.
Pero el problema de fondo viene de la falta de visión de los sucesores de Mandela y la lacra de la corrupción. Mandela se encargó de liberar el país desde el punto de vista político, colocando a su partido ANC a la cabeza de la nación como partido hegemónico. En sus cinco años de gobierno, se dedicó a coser las diferentes sensibilidades enfrentadas y poner las bases de una convivencia pacífica entre blancos y negros. No tuvo tiempo de operar una liberación socio-económica. Esta tarea le correspondía a sus sucesores. Hemos de constatar que no hicieron nada o casi nada. Todos acabaron forzados a dimitir en medio de sus mandatos por corrupción: Thabo Mbeki en 2008 y Jacob Zuma en 2018. El resultado es lo que es: 25 años de la hegemonía de ANC no han cambiado la vida social de las masas pobres. La economía sigue en manos de los blancos (industrias, tierras, servicios...) mientras que la mayoría de los negros surafricanos siguen en la miseria. La liberación política no supuso la liberación socio- económica.Muchos de los negros no saben porque lucharon ya que ven a los antiguos leaders transformados en los nuevos opresores. La esperanza de un futuro mejor con ANC se ha ido esfumando poco a poco.
Las oleadas de violencia que se multiplican según épocas, a veces alentadas por los jefes tradicionales, son un resultado de unas rivalidades entre los que luchan para sobrevivir en el mismo terreno. Ya no hay rivalidad entre blancos y negros porque sus dos mundos están claramente diferenciados. Los blancos junto con los nuevos ricos negros viven en los barrios residenciales bien protegidos, alejados de la miseria de los suburbios. La rivalidad existe donde los círculos se tocan. Los negros nativos acusan a los negros extranjeros de ocupar lo que les corresponde (pequeños puestos de trabajo, pequeñas tiendas etc.).
Este espectáculo horrendo que pone entredicho el sueño de Mandela solo acabaría con las reformas estructurales para facilitar el acceso a las riquezas a todos los surafricanos y evitar así las frustraciones que acaban buscando el chivo expiatorio. Pero esto no es posible si la corrupción sigue minando a los responsables políticos.

martes, 20 de agosto de 2019

La esclavitud y la historia humana


(Gaetan Kabasha)
El fenómeno de la esclavitud puede considerarse como un hecho clave para explicar la miseria de la especie humana. No hay constancia de la existencia de esta práctica en el reino animal. Solamente los hombres han llegado a considerar a sus semejantes como máquinas de trabajo gratuito pudiendo disponer de ellos como si de instrumentos se tratara. De hecho, los filósofos antiguos, lumbreras de la humanidad en su época, sostenían que un esclavo era como una herramienta que habla. Aristóteles llegó a afirmar que el esclavo, por participar de la razón sin tenerla, no se pertenece a sí mismo sino a otro. Para él, la esclavitud era algo absolutamente natural en toda sociedad.


De hecho, les imperios antiguos practicaban masivamente la esclavitud. Sin ir más lejos, la Biblia nos relata cómo los faraones de Egipto llegaron a esclavizar a todo el pueblo de Israel. El imperio romano disponía de innumerables esclavos comprados en los países considerados bárbaros o capturados durante las incesantes guerras de conquista. Toda la economía del imperio romano giraba en torno a la institución de la esclavitud.
Hay un hecho llamativo sobre este fenómeno en la época romana: les esclavos deshumanizados consiguieron ocupar el puesto de maestros de la cultura llamada “humanitas” a los ciudadanos pudientes de Roma. Muchos de los grandes oradores y políticos fueron enseñados por les griegos que vivían en condición de esclavo. El traspaso de la “paideia” griega a la “humanitas” romana fue operada por los esclavos en cierta medida. Este hecho viene a mostrarnos que la condición de esclavo no era en todos los casos como la imaginamos. El esclavo era propiedad del patrón sin derechos políticos pero podía gozar de los bienes de sus dueño llegando incluso, en ciertos casos, a ser liberados y adoptados como hijo.
En las sociedades africanas, muy particularmente en los imperios del África central y occidental, la esclavitud era una realidad muy practicada. Cuentan los historiadores que en el imperio de Congo en el siglo XVI, los esclavos eran más numerosos que los hombres libres. En el mismo siglo, el rey Askia de Gao entregó al sultán marroquí Ahmed Al Mansour 10.000 esclavos para evitar la aniquilación del su reino.
La perversión de la naturaleza humana llegó a su cima con la decisión de los países que se denominaban civilizadas de esclavizar a los negros para rentabilizar las plantaciones de la recién descubierta América. Lo cual demuestra que el avance tecnológico no va siempre con el progreso moral. Más bien, la tecnología puede ayudar a afinar los métodos de la maldad. Aquel momento puede ser considerado como el culmen de lo que el ser humano es capaz de hacer a sus semejantes. Sin embargo, hemos de precisar que aquella siniestra empresa no podía haber alcanzado sus objetivos en las proporciones conocidas sin la existencia anterior de la esclavitud en los reinos africanos. Si la idea surgió de los europeos y fue llevado a la práctica por ellos, la colaboración de los reyes y jefes tradicionales africanos fue determinante. Aquí está la razón por la que no hizo falta el uso de la fuerza, mientras que si fue necesario en muchos lugares para asentar la colonización más tarde.
Existe una anécdota curiosa: en Dahomey, el esclavista portugués Francisco Félix de Souza falleció. Por haber hecho alianza con el rey Ghezo al que ayudó a alcanzar el trono, se decidió hacerle los funerales del Estado como un dignitario del reino. Sacrificaron a un hombre y una mujer para acompañarle a la tumba y mataron otras tres personas en el puerto de Ouidah dónde De Souza gestionaba su negocio de esclavos para conmemorar su grandeza. ¡Cosas curiosas de la historia!
Los mares y océanos contemplaron impávidos los negreros gigantes cargados de la mercancía humana, verdaderos símbolos de la miseria moral. Se calcula que entre el siglo 15 y 19, hubo unos 55 mil viajes de negreros cargados. También se sabe que por cada persona que llegaba à América, morían cinco en la captura, el viaje al puerto, el tiempo de permanencia en el puerto y la travesía.
Las consecuencias del comercio triangular fueron dramáticas para África y duran hasta hoy. Las guerras inter-tribales alentadas por los esclavistas y sus aliados rompieron los equilibrios dentro del continente, sembraron odios seculares, ocasionaron miles de muertes y desplazamientos de pueblos hacía los lugares más inhóspitos. El hecho de llevar a las tierras desconocidas a los jóvenes valientes creó también un vació en el proceso de desarrollo de África.  Mientras que en Europa se estaba iniciando la revolución industrial, África se encontraba en un síndrome de humillación y un agotamiento desde el punto de vista humano. La herida de la esclavitud dejó una huella traumática colectiva que luego fue acentuada por la colonización y perdura hasta hoy en muchos países. Hay quienes incluso creen que el retraso económico y industrial de África tiene que ver con estos dos fenómenos que consiguieron destruir la identidad africana y sumergir sus pueblos en un vació existencial.

La esclavitud fue abolida por Gran Bretaña en 1807 y por los Estados Unidos en 1863. Sin embargo, el fenómeno no desapareció del todo. Existen todavía a día de hoy lugares dónde la esclavitud está practicada de manera oficial o clandestina. Hace poco el mundo se estremeció al enterarse de que en Libia, se sigue vendiendo a los inmigrantes negros como mercancía. En los países del Asía del sur, la trata de los seres humanos es una moneda corriente. En un país como Mauritania, la esclavitud forma parte del sistema social y cultural. Dependiendo de los investigadores, se estima que en la actualidad, el número de los esclavos existentes oscila entre 10 millones y 25 millones. Es una auténtica barbaridad en un mundo que se dice evolucionado y globalizado.
¿Y qué pasa con la contratación abusiva de personas que luego trabajan en régimen de semi-esclavitud en distintos lugares del mundo? ¿Qué pasa con la trata de mujeres como prostitutas en las grandes ciudades del mundo a veces bajo el paraguas de la libertad de disponer de su propio cuerpo cuando en muchos casos se trata de verdades redes organizadas?
5 agosto 2019


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lunes, 5 de agosto de 2019

La lacra de la esclavitud (parte 2)


(Gaetan Kabasha)

La perversión de la naturaleza humana llegó a su cima con la decisión de los países que se denominaban civilizadas de esclavizar a los negros para rentabilizar las plantaciones de la recién descubierta América. Lo cual demuestra que el avance tecnológico no va siempre con el progreso moral. Más bien, la tecnología puede ayudar a afinar los métodos de la maldad. Aquel momento puede ser considerado como el culmen de lo que el ser humano es capaz de hacer a sus semejantes. Sin embargo, hemos de precisar que aquella siniestra empresa no podía haber alcanzado sus objetivos en las proporciones conocidas sin la existencia anterior de la esclavitud en los reinos africanos. Si la idea surgió de los europeos y fue llevado a la práctica por ellos, la colaboración de los reyes y jefes tradicionales africanos fue determinante. Aquí está la razón por la que no hizo falta el uso de la fuerza, mientras que si fue necesario en muchos lugares para asentar la colonización más tarde.

Existe una anécdota curiosa: en Dahomey, el esclavista portugués Francisco Félix de Souza falleció. Por haber hecho alianza con el rey Ghezo al que ayudó a alcanzar el trono, se decidió hacerle los funerales del Estado como un dignitario del reino. Sacrificaron a un hombre y una mujer para acompañarle a la tumba y mataron otras tres personas en el puerto de Ouidah dónde De Souza gestionaba su negocio de esclavos para conmemorar su grandeza. ¡Cosas curiosas de la historia!
Los mares y océanos contemplaron impávidos los negreros gigantes cargados de la mercancía humana, verdaderos símbolos de la miseria moral. Se calcula que entre el siglo 15 y 19, hubo unos 55 mil viajes de negreros cargados. También se sabe que por cada persona que llegaba à América, morían cinco en la captura, el viaje al puerto, el tiempo de permanencia en el puerto y la travesía.
Las consecuencias del comercio triangular fueron dramáticas para África y duran hasta hoy. Las guerras inter-tribales alentadas por los esclavistas y sus aliados rompieron los equilibrios dentro del continente, sembraron odios seculares, ocasionaron miles de muertes y desplazamientos de pueblos hacía los lugares más inhóspitos. El hecho de llevar a las tierras desconocidas a los jóvenes valientes creó también un vació en el proceso de desarrollo de África.  Mientras que en Europa se estaba iniciando la revolución industrial, África se encontraba en un síndrome de humillación y un agotamiento desde el punto de vista humano. La herida de la esclavitud dejó una huella traumática colectiva que luego fue acentuada por la colonización y perdura hasta hoy en muchos países. Hay quienes incluso creen que el retraso económico y industrial de África tiene que ver con estos dos fenómenos que consiguieron destruir la identidad africana y sumergir sus pueblos en un vació existencial.
La esclavitud fue abolida por Gran Bretaña en 1807 y por los Estados Unidos en 1863. Sin embargo, el fenómeno no desapareció del todo. Existen todavía a día de hoy lugares dónde la esclavitud está practicada de manera oficial o clandestina. Hace poco el mundo se estremeció al enterarse de que en Libia, se sigue vendiendo a los inmigrantes negros como mercancía. En los países del Asía del sur, la trata de los seres humanos es una moneda corriente. En un país como Mauritania, la esclavitud forma parte del sistema social y cultural. Dependiendo de los investigadores, se estima que en la actualidad, el número de los esclavos existentes oscila entre 10 millones y 25 millones. Es una auténtica barbaridad en un mundo que se dice evolucionado y globalizado.
¿Y qué pasa con la contratación abusiva de personas que luego trabajan en régimen de semi-esclavitud en distintos lugares del mundo?

La lacra de la esclavitud (parte 1)


(Gaetan Kabasha)
El fenómeno de la esclavitud puede considerarse como un hecho clave para explicar la miseria de la especie humana. No hay constancia de la existencia de esta práctica en el reino animal. Solamente los hombres han llegado a considerar a sus semejantes como máquinas de trabajo gratuito pudiendo disponer de ellos como si de instrumentos se tratara. De hecho, los filósofos antiguos, lumbreras de la humanidad en su época, sostenían que un esclavo era como una herramienta que habla. Aristóteles llegó a afirmar que el esclavo, por participar de la razón sin tenerla, no se pertenece a sí mismo sino a otro. Para él, la esclavitud era algo absolutamente natural en toda sociedad.

De hecho, les imperios antiguos practicaban masivamente la esclavitud. Sin ir más lejos, la Biblia nos relata cómo los faraones de Egipto llegaron a esclavizar a todo el pueblo de Israel. El imperio romano disponía de innumerables esclavos comprados en los países considerados bárbaros o capturados durante las incesantes guerras de conquista. Toda la economía del imperio romano giraba en torno a la institución de la esclavitud.
Hay un hecho llamativo sobre este fenómeno en la época romana: les esclavos deshumanizados consiguieron ocupar el puesto de maestros de la cultura llamada “humanitas” a los ciudadanos pudientes de Roma. Muchos de los grandes oradores y políticos fueron enseñados por les griegos que vivían en condición de esclavo. El traspaso de la “paideia” griega a la “humanitas” romana fue operada por los esclavos en cierta medida. Este hecho viene a mostrarnos que la condición de esclavo no era en todos los casos como la imaginamos. El esclavo era propiedad del patrón sin derechos políticos pero podía gozar de los bienes de sus dueño llegando incluso, en ciertos casos, a ser liberados y adoptados como hijo.
En las sociedades africanas, muy particularmente en los imperios del África central y occidental, la esclavitud era una realidad muy practicada. Cuentan los historiadores que en el imperio de Congo en el siglo XVI, los esclavos eran más numerosos que los hombres libres. En el mismo siglo, el rey Askia de Gao entregó al sultán marroquí Ahmed Al Mansour 10.000 esclavos para evitar la aniquilación del su reino.

sábado, 27 de julio de 2019

La puerta de no retorno


(Gaetan Kabasha)
The door of no return. Así se ve el letrero colocado a la puerta que abre al mar en el castillo de los esclavos de Cape Coast, la antigua capital de Ghana a unas tres horas de coche de la actual capital Accra yendo hacía el oeste. Un lugar que debería golpear la conciencia de la humanidad y recordarle que el hombre ha podido (y puede) hacer lo inimaginable hacía su semejante.
El castillo es una fortificación sólidamente construida, diseñada por alguien que debía albergar la perversión en su mente y levantada por los daneses en el punto álgido de la esclavitud de los negros. Tiene dos partes claramente distintas: la parte de arriba destinada a la administración del funesto negocio con salas aireadas por las grandes ventanas abiertas al mar y la parte de abajo dónde se hacinaban a los esclavos llevados de todos los rincones de la zona para ser embarcados hacía las Américas.

El castillo y sus defensas

Cuando uno entra en esta parte de abajo, tiene la sensación de adentrarse a lo que se aproximaría al infierno si no lo es ya. Son agujeros de la maldad o agujeros negros en la historia de la humanidad. Lugares de deshumanización y de humillación. Lugares de ensañamiento sobre los seres indefensos arrancados de sus pueblos, separados de los suyos y llevados como bestias salvajes a lugares desconocidos. En estos lugares exiguos sin aire ni luz, los hombres estaban separados de las mujeres para volver a encontrarse en el barco, encadenados, desfigurados y sobre todo deshumanizados.
La esclavitud es un fenómeno humano universal observado en todas las etapas de la historia del hombre y practicado en todos los lugares. Pero, con el descubrimiento de América y los avances tecnológicos, el fenómeno tomó las dimensiones faraónicas con una decisión sin precedente de esclavizar a los negros considerados como máquinas de trabajo en las plantaciones de las nuevas tierras de América. Aquel ejercicio de lúgubre memoria se llamó “comercio triangular”. Los europeos traían objetos manufacturados (tela, espejos, fusiles...) a los reyes y potentados africanos a cambio de esclavos. Estos últimos emprendían guerras tribales sangrientas para capturar cada vez más esclavos, negros como ellos, para venderlos. En América, los negros esclavizados trabajaban gratuitamente, bajo palos, para enriquecer Europa. El triangulo se cerraba con una Europa enriquecida, una África ensangrentada y una América rentabilizada.  Un negocio redondo con seres humanos por medio. Se cree que desde el siglo 15 hasta la abolición oficial de la esclavitud (1807), se llevaron a América a más de 12 millones de negros. Al mismo tiempo, los árabes hacían el mismo negocio en las costas este del continente aunque en otras proporciones.
El diseñador de la fortificación en cuestión no había previsto lugares para la ducha o los servicios. Los esclavos vivían días y a veces, meses en esos agujeros negros en medio de sus desechos. Algunos de ellos con heridas de guerra se pudrían en medio de los dolores sin que nadie les hiciera caso. El guía de este itinerario de los horrores explica como el suelo está cubierto de la sangre, los vómitos, los excrementos etc. Esto da a entender que los seres allí hacinados, a pesar de tener forma humana, parecían bestias desdeñables ante sus dueños.
Para las chicas, el sufrimiento era doble. Algunas de ellas eran seleccionadas para satisfacer las necesidades sexuales de los esclavistas. Las que se resistían estaban encarceladas en un agujero aparte que apenas puede contener una persona adulta. Todo dependía del querer del responsable de la caravana.
el agujero para los hombres

La cárcel par las chicas resistentes

A la hora del cargamento en los enormes barcos, los esclavos estaban sacados de sus agujeros para ser seleccionados. Solamente se cargaban a los que tenían aspecto físico capaz de soportar el viaje desde las costas africanas hasta las costas americanas en unas condiciones deplorables. Estos estaban entonces alineados uno al lado del otro, encadenados y con poca posibilidad de moverse. Los demás, azotados por las enfermedades, el cansancio, la desesperación, las torturas morían antes de llegar al barco para el viaje definitivo. El que cruzaba la puerta marcada “the door of no return”, no volvían a ver a África jamás.

El castillo de Cape Coast sigue en pie como lugar de visitas, de estudio y también como museo. Sigue como lugar que nos recuerda cada día que el ser humano es capaz de las peores atrocidades hacía sus semejantes. Desgraciadamente, la esclavitud sigue existiendo bajo diversas formas en este mundo dónde la codicia es capaz de hacernos olvidar que todos somos miembros de una misma humanidad.

sábado, 13 de julio de 2019

Los funerales en Ghana



(Gaetan kabasha)

Las prácticas en torno al nacimiento, el matrimonio y la muerte forman parte de los elementos característicos de una cultura dada. Son momentos tan especiales que cada pueblo desarrolla sus actitudes que suelen ser muy específicos.
Estuve invitado a un funeral en un barrio de la ciudad de Accra (Ghana) y pude observar parte del procedimiento curiosísimo en torno a la muerte en la mayoría de las diferentes tribus de Ghana. Se trataba del funeral pero en realidad, no tenía nada que ver con ninguna ceremonia religiosa sino más bien era un encuentro especial de todos los miembros y amigos en la casa del difunto una semana después del fallecimiento. Cuando pregunté si el difunto estaba ya enterrado, me miraron con ojos extraños y después de comprobar que no son del lugar, me explicaron que el cuerpo sigue todavía en el tanatorio.

En Ghana, la práctica funeraria se puede dividir en tres etapas.
La primera se refiere al día del fallecimiento. Es un día de luto seguido de dos o tres días de mucha intensidad. Las vestimentas de luto et el llanto son la tónica del momento que se convierte en un evento social capaz de congregar a centenares de personas, desde los miembros de la familia hasta los curiosos pasando por los vecinos, conocidos etc.
La segunda etapa se refiere a lo que llaman el funeral: Una semana después, los miembros de la familia se reúnen en la casa del difunto todo el día. Todo el mundo procura comprar el uniforme fijado por los jefes de la ceremonia. A veces, el coste del uniforme puede suponer mucho dinero pero es moralmente obligatorio llevarlo. Todo el día, se alternan música, discursos, comida, bebidas etc. Es el día en que la familia decide como organizar el enterramiento. En Ghana, dependiendo del estatuto social o de los problemas familiares, el entierro puede esperar meses o años. Si se trata de un rey o un gran jefe, el entierro se hace después de dos años. En algunos lugares, todo depende de la construcción del mausoleo en el pueblo natal dónde reposará el cuerpo del difunto.
La tercera etapa es el entierro. Durante tres días que preceden el evento, la familia vuelve a reunirse en un ambiente cargado de intensidad. Es el luto final. Se fabrica un ataúd especial con coloridos y a veces con formas que indican la vida del difunto. El entierro se hace en un espectáculo que puede parecer una fiesta dónde a veces el ataúd es llevado a hombros en un paso de procesión o sencillamente de danza. Los gastos son enormes pero nadie se acuerda de poner algo de razón en este tema. Los muertos cuestan más que los vivos.
En todo este proceso, solamente la familia biológica tiene la última palabra. Los otros miembros son protocolarios. Sin embargo, todos tienen la obligación de estar y de llevar el uniforme. En algunos casos, la muerte de uno puede dejar a todos en la miseria.

En el funeral dónde estuve, todo me parecía normal cuando de repente nos invitaron (los de mi grupo) a retirarnos para comer. La mesa estaba repleta de comidas y bebidas de todo tipo. No se trataba de una comida simbólica sino de un verdadero banquete. En este instante, los comensales olvidan el luto mientras que fuera, en las tiendas levantadas por la ocasión, los otros siguen con su música, discursos etc.
Después de esta suculenta comida, nos despedimos de los organizadores pero uno de nosotros tuvo la intuición de dejar un sobre para participar al proceso.
En el camino de vuelta, me preguntaba: Durante todo este tiempo de luto que puede durar meses o años, si algún otro miembro de la familia fallece, ¿qué pasa?

jueves, 11 de julio de 2019

Una universidad para el nkrumahismo


(Gaetan)

Ghana es un país muy especial desde muchos puntos de vista. Y entre sus ciudades, Winneba es mucho más especial todavía. Su historia es una joya que a cualquier extranjero curioso le gustaría conocer.
Saliendo de la capital Accra, adentrando más en Ghana hacía el centro del país, a unas dos horas de coche, se llega a esta ciudad colocada justo al mar. Construida por los británicos en la época colonial, la ciudad servía para la distracción de los blancos aprovechando una excelente playa y la brisa suave que sale del mar especialmente por la tarde. Pero la ciudad es especial por otros motivos posteriores a esta siniestra época de la colonización.

Nada más entrar en la ciudad, uno encuentra el letrero enorme que dice “Universidad de Educación de Winneba”. Allí se encuentra toda la especialidad de la ciudad y de paso su originalidad.
Ghana fue el primer país subsahariano en recobrar la independencia gracias a un luchador incansable llamado Nkwame Nkrumah. Formado en las universidades de Estados Unidos y de Inglaterra, este profesor y político ghanés volvió a su país cargado de diplomas y dispuesto a liberar su país y toda África del colonialismo. Ganó mucha popularidad en los grupos marginados y las masas paisanas gracias a sus propuestas de un socialismo científico y a su capacidad a desafiar a los colonos. Movilizó las masas en un sinfín de revueltas, boicots, huelgas, manifestaciones etc. y consiguió arrancar la independencia total de manos de los ingleses en 1957 no sin pasar por la cárcel acusado de sublevación.
A partir de este momento, Nkrumah se consideró a sí mismo como el  mesías enviado por Dios para liberar toda África del colonialismo y hacer de Ghana la capital del continente libre. Estaba convencido de que África acabaría siendo un mismo país siguiendo el modelo de los Estados Unidos de América o la URSS gracias a Ghana y su carismático líder. Muy cercano al comunismo, se hacía asesorar por los rusos y los chinos.
Se lanzó en la construcción de impresionantes infraestructuras para el desarrollo de Ghana al mismo tiempo que desplegaba una diplomacia a gran escala para conseguir que África se convirtiera en una sola nación. Fue en esta fiebre del panafricanismo que desarrolló una ideología llamada “el nkrumahismo” y construyó una extraordinaria universidad en Winneba destinada a enseñar esta ideología al mundo entero.


La universidad tenía una vocación panafricanista. Se trataba de una institución dónde todos los países africanos podían enviar a sus mejores estudiantes para aprender los métodos de lucha para la independencia tanto física como mental, las tácticas de resistencia contra el enemigo común africano (el blanco), las estrategias para lograr una unión africana real etc. Era el centro de formación ideológica para llevar las ideas de Nkrumah al resto del continente. Winneba se convirtió así en una ciudad muy especial. Nkrumah procuró asfaltar sus calles y cuidar sus edificios para que el lugar fuera una referencia para un Ghana libre y una África despojado de sus complejos.
Sin embargo, Nkrumah no era solamente el visionario, el luchador, el africanista de referencia, el intrépido y trabajador. También tenía un lado oscuro: sus métodos dictatoriales, su unilateralismo, su intransigencia le crearon muchos enemigos tanto internos como externos.
En febrero de 1966, fue depuesto por el ejército cuando se encontraba en China. Su caída fue acompañada de la caída del sueño de muchos africanos de alcanzar la independencia total del continente frente al Occidente neo-colonialista y lograr una unión continental real. Hoy en día, la universidad de Winneba ya no enseña el nkrumahismo. Se convirtió en la Universidad de Educación. Sin embargo, a pesar de cambiar de nombre, sigue siendo el símbolo de una época de sueños que acabaron desvaneciéndose.