https://www.youtube.com/watch?
jueves, 28 de septiembre de 2017
A vueltas con la crisis de Centroáfrica
https://www.eukmamie.org/es/ tras-las-huellas-del-nazareno/ item/6869-tras-las-huellas- del-nazareno-p-gaetan-kabasha
https://www.youtube.com/watch? v=bNaIYydrp6E
https://www.youtube.com/watch?
viernes, 30 de junio de 2017
Las ratas de mi casa.
Desde que estoy aquí (Lagos), observo los
movimientos sospechosos y rápidos cerca de la cocina. Antes, pensé que se
trataba de un error óptico de mi parte o que me imaginaba algo inexistente. Pero
luego vi con mis propios ojos que los movimientos en cuestión son de las ratas.
Una vez que me di cuenta del asunto con claridad,
cogí mi cámara de fotos. Quería absolutamente inmortalizar esos bichos en una
foto. Sin embargo, después de unos días intentándolo, no conseguí nada. Las
ratas de mi casa son tan rápidas y tan asustas que no se dejan sorprender.
Pasan a veces a mi lado corriendo tanto que no hay manera de sacarles una foto.
Nunca van juntas. Siempre que pasa una, corre
sola al lado de la pared y tiene memorizado el lugar de tal manera que no se
deja al descubierto durante mucho tiempo. Cuando sale de debajo del sofá, entra debajo
del armario y cuando sale, se introduce debajo de la puerta para entrar en otra
habitación o ir fuera y desaparece por el alcantarilla que conduce agua. Ni
siquiera sé si se trata de muchas ratas o de una rata. Este asunto me vuelve
loco.
Cuando pregunté à un trabajador de la
parroquia dónde estoy hospedado si no había manera de comprar un gato que
acabase con ellas, me dijo una cosa muy sorprendente: “los gatos no quieren
comer las ratas de Lagos”. Nunca había oído una tal cosa en mi vida. Siempre he
entendido que el gato lleva en su ADN el odio al ratón y que lo mata siempre
que lo ve incluso sin tener hambre. En otros lugares, he podido comprobar cómo
cuando el gato captura un ratón sin hambre, pasa el día torturándolo y acaba
comiéndolo después de horas de lo que parece un juego para él. Si en Lagos los
gatos no comen ratas, debe ser un caso de escuela para los científicos. ¿El
problema está en los gatos de Lagos o en las ratas? Pues, el trabajador estaba
convencido que las ratas de Lagos deben comer cosas raras que producen una
repulsa por parte del gato. Y añadió que es por esta razón que los habitantes
de lagos temen también comerlas. Me dijo sonriendo: ¿Tú crees que estas ratas
circularían tan alegremente delante de nosotros si fueran comestibles?
Si estas ratas entran en casa, significa que
encuentran algo de comer. Pasan más a menudo por la cocina y seguramente con su
olfato, saben que alguna comida o alguna migaja de pan cae por el suelo. Yo me
decía a mis adentros que si se limitaran a pasear por la cocina, no tendría
ningún inconveniente en tenerlas como vecinas. En otras palabras, si no
entraran por mi habitación para comerme los pies como hacen a menudo en algunos
sitios y si no se meten a hacer ruidos raros en algún rincón para impedirme el
sueño, toleraría su presencia en la casa. Pero parece que el contrato no se
está cumpliendo según mi deseo. Esta noche, he visto una entrar por debajo de
mi puerta. Intenté seguirla para ver adónde se dirigía pero justo el tiempo de
abrir la puerta, había desaparecido. Toda la noche, estuve atento a ver si se metía
a comer alguna ropa o si subía en mis sábanas, pero no noté nada. Quizá ya no
está allí.
Las ratas son animalitos que viven muy cerca
del hombre sin ser nunca su amigo. Están siempre cerca y lejos a la vez, a una
distancia elástica. Saben que el hombre no suele tolerarlas. Cuando te acercas,
se alejan. Pero la casa humana tiene la comida que les gusta. Cuando no
encuentran comida, se limitan a roer la ropa o cualquier otra cosa que
encuentren dentro.
Estas ratas de mi casa me acuerdan un
anécdota mía de hace años cuando estuve trabajando en la República Centroafricana.
Un amigo me envió una caja de Navidad desde
España por correo postal. La caja llegó a correos de la capital, Bangui pero yo
vivía a 900 km. Así que tardó mucho en los almacenes de correos. Cuando
finalmente conseguí recuperarla, tenía un agujerito. Las ratas de correos se
habían introducido dentro para un suculento banquete: chorizos, jamones,
quesos, mazapanes, turones. Solamente me
dejaron una botella de vino, creo que más por impotencia que por piedad.
Las ratas que observo en mi casa deben ser de
la raza llamada rattus norvegicus.
Son ratas gris que suelen vivir en las alcantarillas. Son roedores natos que se
mueven siempre en los ambientes del hombre sin nunca familiarizarse con él.
Suelen vivir en las ciudades pero nunca alejarse de los lugares húmedos
especialmente los lugares dónde fluye agua.
De momento, no tengo todavía ningún susto con
estas vecinas. Espero llevarme bien con ellas hasta el final de mi estancia. Y
si tengo suerte, tomarlas una foto de recuerdo.
Gaetan
lunes, 26 de junio de 2017
Lagos, ciudad de los contrastes.
Autor: Gaetan
De momento no puedo hablar de Lagos en su
conjunto. Es una ciudad tan enorme que sería muy atrevido decir que, en una
semana, uno tiene idea de cómo es. Además, desde la periferia dónde vivo,
todavía no puedo decir nada del centro porque no lo he visto. Lagos es una
ciudad de más de 15 millones de habitantes. Algunos hablan de 18. La verdad es
que es una ciudad de grandes dimensiones en todos los sentidos pero también una
ciudad de grandes contrastes.
Cuando preparaba el viaje para Nigeria, todo
el mundo me pedía tener mucho cuidado pensando directamente en Boko Haram. Este
grupo extremista musulmán lleva años matando a todos los que no comulgan con
su idea del islam radical en el norte de
Nigeria pero también en Niger, Camerún y Chad. Matan a niños, mujeres, ancianos
y hacen tantas barbaridades que su reputación está más que conocida en el
mundo. Tanto es así que hoy en día cuando hablas de Nigeria, la gente piensa en
Boko Haram. Pues, tengo que decir que aquí, el Lagos, lo único de lo que no se
habla es Boko Haram. Si no tocas el tema expresamente, no sale en la
conversación. Este país es tan grande y tan complejo que lo que pasa en el
norte tiene poca repercusión en el sur. Tampoco se ven indicios de tensión entre
los cristianos y los musulmanes en esta mega ciudad dónde las iglesias de todo
tipo alternan con las mezquitas en cada rincón y la gente con cruz está en los
mismos atascos que los que llevan djelaba.
La otra impresión que uno tiene es justamente
el número de personas que andan por las calles de la ciudad. Hay verdaderos
atascos de personas que van y vienen en los mismos carriles que los coches, las
motos. Todo se mueve. Hay vida. No se puede hablar de exceso de velocidad
porque los coches van en cadena uno tras otros y las personas van pasando a veces cruzando las calles corriendo dónde
no hay paso de cebra. Todavía no he
vista un solo semáforo en la pequeña parte que he visitado. Los coches y las
personas se cruzan aplicando la lógica del más rápido. Conducir aquí es una
verdadera hazaña. La pregunta que uno se hace al ver este espectáculo es: ¿por
qué no hay accidentes cada día? No podría asegurar que no los haya pero diría
que si los hay, son pocos con respecto a lo que uno podría esperar.
En todos los barrios, se ven los tendidos
eléctricos. Todo hace creer que la corriente llega a todas partes en esta zona
de la periferia. Sin embargo, también se oyen ruidos de los grupos electrógenos
por todas partes. La explicación es sencilla: la luz pública está cortada casi
siempre y nunca nadie sabe cuando llega y cuando se va. Los que tienen aparatos
que necesitan electricidad en casa se ven obligados a comprar grupos
electrógenos y a instalar moduladores de corriente para evitar las sobrecargas
cuando viene la corriente pública. Al lado de mi habitación, hay un grupo que
me entretiene con su ruido ensordecedor desde la mañana hasta tarde la noche.
Si hubiera aparatos de medir la contaminación, Lagos podría ocupar un buen
puesto en el ranking mundial. Sin embargo, nadie parece preocuparse por este
problema. La gente tiene otras preocupaciones.
A ambos lados de cada calle, existen canales
para evacuar agua. Se nota que en algún momento de la historia, ha habido
grandes obras para mejorar la vida de los barrios. El problema es que ahora,
por algún problema, los canales están llenos de agua verdosa estancada. En
otros muchos lugares, están repletos de botellitas de plástico vacíos mezclados
con las bolsas de plástico negras. Evidentemente, el ambiente es propicio para
la proliferación de los mosquitos y un caldo de cultivo de diversas
enfermedades. Se ve que los beneficios del petróleo extraído en este país en
grandes cantidades (primer productor africano), no están llegando todavía a todos.
A pesar de todo esto, el pueblo nigeriano es
extremadamente respetuoso hacia los sacerdotes y amables con visitantes
extranjeros. Estoy sorprendido por los gestos de cariño recibido a lo largo del
día y todos los días. No sé si lo hacen por mí por ser sacerdote o es una
actitud general hacía cualquier extranjero que llega. Me costaría pensar que no
sea así.
¡Este país me está encantando!
sábado, 24 de junio de 2017
Días de cólera en Bangassou
(Este texto escrito originaliamente en francés por el periodista Laurent, de la revista católica La Croix, relata el día a día en Bangassou cómo lo ha visto durante los tres días que estuvo sobre el terreno).
2000
Musulmanes están recluidos en el recinto del seminario menor del obispado de
Bangassou.
Alrededor
rondan los antibalaka que quieren matarlos.
Puñetazos, porras, tablones…como una lluvia
caen los golpes sobre un adolescente enloquecido, a pocos metros de la catedral de Bangassou (en
el sudeste de la República Centroafricana), durante la misa. En el interior de
la elegante iglesia de ladrillos rojos, la asamblea acaba de recitar al unísono
el Padre Nuestro. Hay tormenta a un lado y recogimiento al otro. Poco a poco,
una cierta inquietud se apodera de la asamblea. Algunos fieles han entendido lo que está pasando fuera.
Entre ellos, sor Julieta, una franciscana de Montpellier. Sale corriendo al
exterior. Ante ella, jóvenes musulmanes
rivalizan por participar en el
linchamiento. Han reconocido que la víctima es uno de los milicianos que les
hacía la vida imposible, día y noche.
Los parroquianos, entre ellos el chófer del
obispado, se meten a parar la pelea con mucha valentía. Los golpes se
multiplican. Algunos intentan interponerse, como por ejemplo una joven
musulmana, que arranca el cuchillo de manos de su hermano. Sor Julieta levanta
las manos al cielo, se acerca al torbellino intentando encontrar una solución.
Grita con una voz débil que el horror tendría que acabarse. De repente, el
adolescente es arrastrado por dos hombres que consiguen introducirle en la
catedral llevándolo por los brazos, aunque antes, un niño tiene tiempo de machacarle, con una enorme
piedra, la cabeza. Una vez dentro de la iglesia, está a salvo. Sacan al chico
por una puerta de atrás. “Todo esto es de
locos” susurra Sor Julieta que se coloca en la fila para la comunión.
Al final de la celebración, la mayoría de los
fieles desaparecen rápido. Una minoría lanza insultos en dirección al
campamento de los musulmanes, a trescientos metros debajo de la catedral. “Después de todo lo que se os ha hecho, es
así cómo nos lo agradecéis” se queja una religiosa que no soporta más vivir
en este clima de tensión y violencia permanentes. Un señor grita: “No hay nada que hacer con vosotros”.
Tres soldados marroquíes de la MINUSCA se acercan para calmar los ánimos. Pero
el pueblo ya no quiere a esta gente. Les
acusa de incompetencia y de complicidad con los musulmanes.
Todo el mundo espera una reacción de los
antibalaka. Son ellos los dueños de la ciudad desde el 13 de mayo cuando
conquistaron Bangassou echando a los musulmanes. Estos últimos, refugiados en
la mezquita central, fueron evacuados por las fuerzas especiales portuguesas,
el 16 de mayo y les llevaron al seminario menor San Luis, en el obispado. Allí
viven rodeados por los milicianos antibalaka que prefieren llamarse autodefensas.
Dentro hay de todo: los scout, los antiguos seminaristas, los delincuentes, los
jóvenes desempleados, los campesinos… Existe la sospecha que estos jóvenes
están manipulados, financiados y armados por el entorno del expresidente
François Bozize. Son siete pandillas que se reparten la ciudad, las tres más
feroces están bajo el mando de un antiguo militar FACA, ejército de la época de
Bozizé. Los musulmanes están expuestos, día y noche a los ataques de estos
hombres sanguinarios. Si se atreven a salir del recinto del seminario, los
antibalaka los masacran sin piedad. Sin ir más lejos, esta semana, algunos
desplazados han intentado ir a Bangui en camiones que se introdujeron en la
caravana de los camiones de PAM escoltados por los cascos azules de Mauritania.
Uno de los vehículos se averió nada más salir de la ciudad. Los cascos azules
siguieron su camino. Inmediatamente después, los antibalaka llegaron y
reconociendo a uno de ellos, le mataron, le cortaron en trozos y pasearon con
sus miembros por toda la ciudad. Los
otros dos consiguieron esconderse
en la hierba y llegar al convento de las religiosas de Montpellier. Sor Julieta
les condujo luego, sanos, al obispado.
Todas las noches, los que rondan abren fuego
y enseguida se oyen disparos por todos los barrios. Los desplazados esperan,
con cierto fatalismo, bajo las tiendas
de ACNUR, el fin de la pesadilla, contando los disparos.
Enfermos y heridos habrían preferido no tener
que ser hospitalizados. Los antibalaka se oponen a ello. Es prácticamente
imposible cruzar la ciudad sin llamar su atención. Hasta los humanitarios
tienen miedo de conducirles desde que dos musulmanes sobrevivientes de la
mezquita fueron ejecutados en el hospital central. Hoy en día, los únicos que
se hacen curar en el dispensario son los antibalaka y los no musulmanes.
Se acabó el tiempo en el que cristianos,
musulmanes y animistas vivían en buena armonía aquí en Bangassou. Sin embargo,
desde que la crisis estalló en 2013, habían resistido bien a la pasión identitaria. Todo se acabó. La última
vidriera de la vida en armonía en Centroáfrica se ha roto en Bangassou. “Ya se veía venir hace meses” explica
mons. Aguirre, obispo de Bangassou que está protegiendo a los musulmanes. Tiene
65 años y ha sufrido tres infartos. “La
llegada de los peulhs de Ali Darass en febrero de 2016 a Nzacko, a 190 km de
aquí acabó desestabilizando toda la provincia de Mbomou. Se pusieron a saquear
a los habitantes locales. El contingente marroquí de la MINUSCA no pudo
defenderles, ni el gobierno centroafricano tampoco. Los jóvenes se sublevaron y
poco a poco las cosas se caldearon” persigue el obispo.
Otro grupo de rebeldes compuestos de
musulmanes chadianos se aprovechó de la situación para instalarse también en
esta región rica en minerales como oro y diamantes, el FPRC (Frente Popular
para el Renacimiento de Centroáfrica) del chado-centroafricano Nouredine Adam.
“Cada día esperamos que irrumpa sobre
Bangassou para socorrer a sus correligionarios del obispado. Al principio de la
semana, asolaron Nzacko and Bakouma; saquearon los barrios de los cristianos;
incendiaron decenas de casas; mataron a los jóvenes y pusieron patas arriba la
iglesia incluido el quirófano recién construido. Ya lo habían hecho previamente
en 2013” añade el obispo español. Como respuesta, los antibalaka
destruyeron la mezquita de Bangassou. Los rumores anuncian una inminente ofensiva de FPRC. Los SMS alarmistas circulan
masivamente cada día y causan, a veces, un verdadero pánico y reacciones
catastróficas en cadena.
El director diocesano de Caritas, el padre Guy-Florentin N’zingazo
acaba justamente de recibir uno que advierte que los antibalaka de Pino Pino
(apodo de Pépin Wakanam), antiguo empleado de Areva, un gbaya de Boali, uno de
los crueles de la ciudad, estaría a punto de atacar el seminario en represalia
por el incidente de la mañana. Sus hombres estarían a 200 metros. El padre
Alain Bissialo, párroco de Cristo Rey de Tokoyo, justo en frente de la mezquita
destruida, se acerca para calmar los ánimos. Todo el mundo reconoce sus
talentos mediadores. Él también ha acogido varias familias musulmanas en su
parroquia.
El campamento del seminario menor no está
bien asegurado. Están allí los cascos azules marroquíes pero no parecen
dispuestos a pelearse de una manera eficaz. Ya abandonaron a los musulmanes en
la mezquita central el 13 de mayo. Aquel día murieron 40 personas entre los
cuales el imán, mujeres y niños. Por otro lado, se dice que los marroquíes
abren fuego sin identificar sus objetivos. Aquí en Bangassou, son innumerables
los heridos por sus balas. Hay un miedo añadido: se cree que si los antibalaka
atacan, los extremistas musulmanes del campamento pueden volverse contra los
sacerdotes que viven en el obispado.
Al final, el padre Bissialo consigue
convencer a Pino Pino de no mover sus tropas. Es ya la tercera vez que esto
ocurre en esta semana.
Por la tarde, el obispo recibe un mensaje de
una religiosa, refugiada en RDC (República Democrática del Congo), al otro lado
del río Mbomou, frontera natural entre los dos países. Anuncia que vuelve. La
cita está fijada a las 16:00 al puerto. Antes de ir allí, el obispo pasa por el
seminario menor para dar ánimos a los desplazados. Allí se cruza con Kaltouma,
una mujer de 27 años, sentada sola sobre una estera. El domingo 28 de mayo, la
mujer pidió al padre Guy-Florentin que le ayudase a cruzar el río hacia el otro
lado con sus cuatro hijos (12, 10, 8 y 2 años) y su hermana pequeña de 14 años.
El cura tenía previsto ir con coche a decir misa por allá. Llegados al puerto,
se toparon con los antibalaka de Ngade (uno, originario de Zabe, en el Mbomou).
Los milicianos se apoderaron de Kaltouma, de sus hijos y de su hermana. Los
llevaron aparte y los mataron. Creyendo que ella también estaba muerta, la
tiraron al río de dónde la rescató una catequista, que la recogió, la curó y la acompañó hasta
el campamento.
“Hay
que decir que hay también personas justas en medio de todo esto. Incluso son
mayoritarios” dice el cura mediador. Lo peor de la humanidad cohabita con
su mejor lado. Los cristianos de Bangassou no escapan a esta regla general.
Caritas es la responsable del campamento y es ella que coordina el trabajo de
los agencias humanitarias de la ONU. Los desplazados huyen de algunos
cristianos y están acogidos por otros cristianos.
Una hora más tarde, mons. Aguirre coge su
coche y activa su música española. Se dirige al puerto. Los antibalaka de Ngade
le paran. Son los mismos del 28 de mayo. Su coche está inmediatamente rodeado
de esos criminales armados de AK 47, fusiles de caza, lanzas y machetes. Su jefe
le insulta, le acusa de ser un mal cristiano, un cómplice de los musulmanes. Le
amenaza con su arma, el dedo puesto al gatillo. “Después de todo lo que nos hicieron, hay que matarles a todos incluidos
los que les ayudan. Yo soy católico, un verdadero católico” grita. El
obispo con tranquilidad; le escucha y le responde con voz suave, mientras la
melodía española se oye desde fuera del coche. Le dice: “El día en que estés herido o
amenazado, te vendré también a buscar para protegerte”. Las palabras no
consiguen producir el efecto deseado. El miliciano le pide un billete de
10.000FCFA (6,5 euros). Como la religiosa no está todavía, el obispo no puede
esperar.
48 horas más tarde, Pino Pino ataca el
campamento del obispado. Los marroquíes abren fuego y consiguen rechazar a los
asaltantes. Pero hay una noticia esperanzadora: un niño ha nacido en la misma
noche, en el comedor del seminario menor.
Laurent Larcher
Traducción española: Gaetan
Traducción española: Gaetan
viernes, 23 de junio de 2017
Las formas y las formalidades.
Cada viaje lleva consigo unos momentos
llamativos. Debe ser por eso que algunos afirman que viajar es aprender.
Siempre que pasas de un aeropuerto a otro, vas notando gestos curiosos,
personas con diversos comportamientos, costumbres diferentes etc. En mi caso,
me gusta mirar los detalles que, para algunos, pueden no tener mucha
importancia.
El otro día, tenía un vuelo desde Casablanca
(Marruecos) a Lagos (Nigeria). Después de una larga espera dentro del
aeropuerto y una que otra anécdota, la pantalla de anuncios marcó el inicio del
embarque. Me apresuré hacía la puerta y sorprendentemente, no había todavía
nadie para atendernos. Muchos nigerianos ya estaban agrupados cerca de la
puerta con sus maletas. Nada de cola ni de orden. Yo observaba desde un poquito
lejos.
Por fin llegaron las chicas de para
atendernos. Pero ya el desorden estaba servido. Intentaron colocarnos en dos
filas, una de busness class y otra de clase económica. Pero todos los que
habían llegado antes estaban en la fila de preferentes y juraría que más de la
mitad no tenían que estar allí. Empezó el jareo. Tanto en la fila de
preferentes como en la mía, nadie parecía querer la cordura. El barullo era
total, los gritos también. La tensión fue subiendo poco a poco hasta alcanzar
los niveles inquietantes rozando el enfrentamiento. Los viajeros querían entrar
todos a la vez y pasando todos por la cola de preferentes. No había manera de
poner a esta gente en una cola ordenada para ir validando su tarjeta de
embarque una a una. ¿Pensarían quizá que el avión no era suficiente para todos?
¿Es que el avión iba a despegar sin coger a todos? Al final, cuando ya no había
posibilidad de entendimiento, apareció un funcionario de Air Maroc y con pausa,
pudo poner algo de tranquilidad dejando entrar a la gente por dónde se encontraba.
El vuelo empezó sin dificultades y sin
sobresaltos. Sin embargo, noté de repente algo curioso: todas las azafatas eran
hombres. De hecho, no sé si llamarlos azafata en femenino. Cuando el piloto
anunció el inminente aterrizaje y puso la luz del cinturón de seguridad, y ya
el avión bajando con turbulencias además, una chica se levantó de su asiento
para recorrer todo el pasillo hacia la cabina. Uno de los chicos que hacían de
azafata corrió detrás de ella, la cogió por los hombros y ésta, le dio no sé
qué argumento para seguir adelante. Casi iba a caer en este pasillo pero no
cayó. Entregó una cosa que llevaba en sus manos a alguien de delante y volvió a
su asiento.
El aterrizaje se hizo sin incidentes. Fuimos
a esperar los equipajes. Allí veía a gente con carritos. Cuando quise saber
dónde podía yo encontrar uno, me indicaron un estanco dónde pagar. Pero no
tenía neiras, la moneda de Nigeria y necesitaba absolutamente un carrito. Fue
cuando uno de los viajeros me vio en apuros y sin pensarlo dos veces se ofreció
a pagar por mí sin nada a cambio. Y añadió una cosa bonita: “estamos en África,
somos todos hermanos”. Fue una palabra de bienvenida a mi continente y una
lección de gran importancia. Cuánto me gustaría oír esto por todas partes, por
todo el planeta.
Con mi equipaje, pasé por los policías sin
incidentes y luego por otros que miran el contenido del equipaje. Allí, uno de
ellos me preguntó de dónde venía. Cuando le dije que España, sin abrir mis
maletas, me preguntó: “¿nos traes agua de Europa?”. Yo no entendía que
significaba esto. Insistía tanto que acabé entendiendo que esperaba algún
dinero de mi parte. Se llama “formalidades” en algunos lugares. El problema es
que incluso teniendo una bomba en la mochila, haciendo este tipo de “formalidades”,
puedes pasar.
Salí fuera del aeropuerto dónde alguien me
tendría que estar esperando con mi nombre sobre papel. Pero por mucho que
mirara, no veía a nadie esperándome. La noche estaba todavía oscura. Nadie
aparecía. De repente, se apagó la luz en todo el aeropuerto. Bienvenido a
Nigeria. Allí seguí esperando en la oscuridad en una ciudad que desconocía por
completo oyendo por todas partes una lengua que parecía inglés pero de la que
no captaba nada o casi nada. Después de unos minutos, llegó nuevamente la luz.
Fue cuando un señor se acercó a mí y cogió mi
carrito y me obligó a seguirle.
-
¿Adónde me lleva usted?
-
Allí dónde la policía.
Me entró un miedo. El señor me explicó en un
inglés que apenas entendía que el mejor lugar para las esperas era la policía. Me
costó mucho fiarme de él pero ya estábamos en marcha. Contrariamente a lo que
pensaba, la policía nos acogió bien y allí me encontró el que me tenía que
llevar a destino. Evidentemente, tuvo que pagar algo a aquel señor que me había
llevado a la policía. Es su manera de ganar la vida.
Gaetan
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